Trabajo basura

Por David Sierra

Rebuscaba en el contenedor. Su cuerpecillo, delgado y maleable como el de una lombriz, se colaba hasta la mitad del recipiente como si una gran boca le estuviera engullendo. Con un balanceo abdominal constante mantenía el equilibrio permitiéndole utilizar las dos manos. En una de ellas portaba una barra de acero con una ganzúa en la punta de uno de los extremos para ir separando las bolsas y recuperar aquello que pudiera serle de utilidad. Con la otra se asistía. Junto a él llevaba un viejo carrito de la compra donde introducía todo lo que encontraba. Ya estaba casi a rebosar y entre el cierre se podían ver utensilios como sartenes o cacerolas, aunque no hacía ascos a prácticamente nada.

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