El Mario Conde de los corderos

Un cordero otea el horizonte desde su redil. // Foto: Benjamin Nelan (Pixabay)

Un cordero otea el horizonte desde su redil. // Foto: Benjamin Nelan (Pixabay)

Por Patricia Biosca

En los primeros años de Periodismo me explicaron qué era la agenda-setting, una teoría que me maravilló por su capacidad para haberse instalado de forma sibilina en nuestras mentes, como una tenia en un intestino, que está ahí sin darnos cuenta. Este concepto basa su argumentación en la influencia que los medios de comunicación tienen en la sociedad; esto es, lo que no sale en la prensa, no existe, y son los mismos periodistas (mejor dicho, los dirigentes de las principales cabeceras) quienes dicen qué hechos tienen interés y cuáles acaban durmiendo el sueño de los justos. “A sangre fría”, de Truman Capote, que daría lugar a toda la corriente del Nuevo Periodismo, surgió precisamente de la antítesis de la hipótesis que plantea la agenda-setting: como un breve en un periódico se convirtió en una historia que conmocionó al mundo entero solo por darle la importancia que realmente se merecía: toda una novela (e incluso luego una película).  

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