Willy Wonka y el Alovera Beach

Imagen de la recreación del Alovera Beach. // Foto: Grupo Rayet

Imagen de la recreación del Alovera Beach. // Foto: Grupo Rayet

Por Patricia Biosca

¿Recuerdan aquella imagen de la película Willy Wonka y la Fábrica de Chocolate (basada en el libro de Roald Dahl, Charlie y la Fábrica de Chocolate) de los niños y sus padres/abuelo frente a la verja de las instalaciones esperando a que les abrieran la puerta? La cámara hacía un barrido por la estampa, en la que tres chavales que encarnan los pecados capitales compartían escena con Charlie, un chico de familia muy humilde al que le acompañaba su abuelo ataviado con una sencilla boina y los ojos llenos de ilusión. Esta escena me vino a la cabeza inmediatamente después de conocer el proyecto Alovera Beach, ese macrocomplejo acuático que fue presentado por sus promotores, la constructora Rayet (con Félix Abánades a la cabeza), la alcaldesa del municipio donde se ubicará, Purificación Tortuero, y el director para Europa de Crystal Lagoons -empresa a la que se encarga la “charquita”-, Francisco Matte, como la esperanza de “Alovera, Guadalajara y Madrid”. Los niños llevaban el nombre de los empresarios y políticos que anunciaron a bombo y platillo el proyecto, mirando con desdén a un Charlie, que en mi cabeza era la Guadalajara que llora sin lágrimas y que acumula años de olvido, solo reconfortada por su familia más cercana (los abuelos y los padres en la película, los pocos -por la despoblación demográfica- que se quejan por estos lares del desfalco acuático que se está llevando a cabo en los últimos tiempos en el paralelismo de mi nido de pájaros encima de mis hombros).

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