Cómo hacemos ciudad

Vista del centro comercial Ferial Plaza, desde la pasarela sobre la A-2. // Foto: R.M.

Vista del centro comercial Ferial Plaza, desde la pasarela sobre la A-2. // Foto: R.M.

Por Rubén Madrid

Guadalajara es una ciudad posmoderna. Y deberíamos gritarlo alto, para que nos oigan en Madrid.

En parte, que seamos una ciudad posmoderna es posible porque tenemos El Corte Inglés. Pero también porque hemos remodelado la Plaza de Dávalos. Y porque vamos a tener la Ciudad del Fútbol que ha presentado esta semana el alcalde. Y por mucho más que no me resisto a contarles. Sigue leyendo

Sobre Dávalos, desde Dávalos

Trabajos en Dávalos, ayer por la tarde. // Foto: R.M.

Trabajos en Dávalos, ayer por la tarde. // Foto: R.M.

Por Rubén Madrid

Mientras escribo estas líneas, las motosierras hacen trizas los árboles de la plaza de Dávalos, los camiones marchan repletos de trozos de madera y astillas y el paisaje de una de las plazas que debería ser más querida -y no lo es- cambia de manera radical.

Han comenzado, por fin, las obras de la plaza de Dávalos. Las esperadísimas obras de Dávalos. El ‘arboricidio’ al que cualquier paseante pudo asistir ayer resultaba toda una ironía como carta de presentación del proyecto: ilustraba bien el modo de operar de un concejal, Jaime Carnicero, al que casi nada se le pone por delante.

Plano del proyecto de remodelación de la Plaza de Dávalos. // Publicado en Nueva Alcarria.

Plano del proyecto de remodelación de la Plaza de Dávalos. // Publicado en Nueva Alcarria.

Que la obra de Dávalos y sus callejuelas más próximas resultaba necesaria desde hacía años era una evidencia que el paso del tiempo, que ha sido mucho, sólo ha acrecentado. Que el lamentable estado de esta plaza hace que cualquier intervención que se lleve a cabo vaya a suponer una mejora sobre el decrépito punto de partida no es más que una simple derivación a raíz de las tremendas necesidades tantas veces denunciadas. De modo que el debate, que lo hay, no radica en si se debe impulsar la remodelación o no, sino en si lo que se va a hacer, después de tantísimo esperar, es el proyecto má apropiado.

El diseño finalmente escogido ha dividido a la ciudadanía, y en particular a los vecinos y comerciantes del centro. Algunos de ellos (que no todos) han logrado recoger más de mil firmas contra el proyecto y se concentraron junto al palacete que da nombre a la plaza en un acto respaldado por los partidos de la oposición. La división la ha reconocido públicamente el concejal y uno de sus más claros reconocimientos ha sido la recién lanzada campaña del equipo de gobierno, que incluye publicidad en algunos medios (tampoco en todos) y el envío de cartas a los buzones de quienes por allí vivimos.

Lo que dice la carta y lo que no dice. En esta carta a los vecinos, Carnicero defiende la remodelación de Dávalos como la culminación del plan de recuperación del casco y explica que la obra, que afecta a casi 3.500 metros cuadrados de superficie, pretende dejar el tráfico abierto por dos vías: el ingreso en Dávalos desde Miguel Fluiters por Doctor Román Atienza y la salida (no se descarta doble sentido) por la Cuesta de Dávalos. Se cierra al paso de vehículos en la travesía de Álvar Fáñez, la más próxima a la puerta de la Biblioteca Pública, y se acaba con la mayoría de los aparcamientos, de modo que casi toda la superficie queda peatonalizada. Como es lógico (y en este caso necesario) se cambian también las redes de saneamiento y abastecimiento, el alumbrado y las aceras y asfalto. Lo que toda la vida ha sido una operación de asfaltado se convierte, como ya ocurriera con el rimbombante Eje Cultural, en la inversión estrella del año.

Todo esto nos cuesta 608.000 euros más IVA (aunque se han leído en prensa cifras que cuadruplican esta cantidad) y la empresa adjudicataria Cerespomsa SLU debe ejecutar en siete meses, es decir, para que a comienzos del próximo año electoral esté lista para su inauguración. Se remodelan también las seis callejuelas próximas a Dávalos y la placita de San Juan de Dios.

Lamentable aspecto de Dávalos, el lunes antes de que empezasen las obras. // Foto: R.M.

Lamentable aspecto de Dávalos, el lunes antes de que empezasen las obras. // Foto: R.M.

Lo que no dice la carta es que sólo quedarán tres de los diez árboles, como tampoco aborda la cuestión más contestada por algunos vecinos y muchos comerciantes: que de las 50 plazas de aparcamiento sólo quedarán trece. Una supresión que agrava el problema -se lo digo yo, y saben que no les miento- de tremenda escasez de plazas en toda esta zona.

Asegura Carnicero que “el peatón ganará espacio y seguridad” con la reconversión de lo que verdaderamente es un aparcamiento con árboles en una futura plaza de granito dispuesta en tres niveles o plataformas, con un diseño que en conjunto pretende “facilitar la convivencia entre el peatón y los vehículos”.

Ser lo que aún no es. Por su ubicación estratégica en el centro de la ciudad y por albergar el Palacio de Dávalos, sede de la Biblioteca Pública -que sigue siendo el mayor foco cultural de esta ciudad-, esta plaza exige más espacio peatonal. La peatonalización, que suele generar tanta resistencia incial como buena acogida a la postre, resulta la tónica generalizada en la mayoría de los cascos antiguos del país. Aquí la apuesta es firme y cuenta con el apoyo de quienes creemos que en la disputa del territorio entre peatones y coches los primeros deben tener siempre preferencia. Y en Dávalos, como hasta hace poco en la antigua carretera de Barcelona, la lucha venía castigando hasta ahora precisamente a quienes se movían a pie.

Dávalos debe ser lo que todavía no ha sido: un lugar de encuentro, un espacio abierto para integrar una actividad social y cultural que debe seguir arrastrando a los ciudadanos de Santo Domingo para abajo, una plaza donde los niños puedan moverse con libertad y que amplíe incluso los escenarios naturales de esa casa de la cultura que es el Palacio de Dávalos. Un lugar para practicar la ciudadanía, donde los usuarios de la biblioteca puedan quedar antes o después de su visita a estas instalaciones  (ahora departen en un aparcamiento de motos o en plena carretera), donde los grupos de chavales ocupen algo más que un bordillo de la acera para sentarse a intercambiar apuntes, a ligar o a tocar la guitarra. Un espacio al que le sentaría bien tener una terraza de verano donde tomar algo al aire libre, aprovechando que un nuevo negocio ha abierto en la zona y ahora tiene las mesas y las sillas en pleno desnivel de la calle Francisco de Quevedo.

Vista de la zona alta de la plaza desde el Palacio de Dávalos. // Foto: R.M.

Vista de la zona alta de la plaza desde el Palacio de Dávalos. // Foto: R.M.

Estoy convencido de que el proyecto que ya se está ejecutándo avanzará en esta dirección. Pero también tengo dudas sobre si el diseño escogido sabrá aprovechar todas las oportunidades que brinda una remodelación de estas características.

¿Se podía haber diseñado una plaza igualmente segura pero mejor aprovechada para el ciudadano y más coqueta, sin tener que sacrificar todos los árboles menos tres, sin agravar la escasez de plazas de aparcamiento en la zona y apostando por ajardinar en vez de por alicatar?

Seguramente se podía hacer, pero no se ha querido hacer. ¿Exigiría más inversión? Desde luego. ¿Habría demandado más tiempo de ejecución? Por supuesto… y habría demorado la fotografía de la inauguración hasta después de las elecciones de mayo próximo. Pero eso, estaremos de acuerdo, no es lo prioritario.

El equipo de gobierno no ha explicado suficientemente las razones por las que rechazó llevar a cabo el viejo proyecto que incluía un aparcamiento público subterráneo, y que respetaba la vocación peatonal del diseño escogido. Tampoco se entiende la insistencia en ese modelo de plaza de granito que sólo queda bien junto a la Catedral de Santiago, que no es el caso. Los ejemplos ya visibles en Santo Domingo, Santa María, el Jardinillo o la propia Plaza Mayor nos ofrecen un baño de cemento para nuestros paseos, con plazas que no invitan a permanecer en ellas y, en algunos casos, incluso con descuidos imperdonables, al menos en la Plaza Mayor, donde no incluyeron papeleras en la remodelación. En estas plazas no hay árboles, ni los bancos tienen respaldo. Y lo más parecido a un columpio son los respiraderos del parking subterráneo.

Las plazas, como las personas, nos dicen cómo son al vestirse. Y estas plazas arriacenses alicatadas, escalonadas y con ausencia absoluta de árboles resultan tristes y carentes de personalidad. La gente, al verlas, pasa de largo.

Un proyecto impuesto. Sobre gustos no hay nada escrito, claro está, pero la cuestión lleva al último de los asuntos preocupantes: la imposición del proyecto. Y digo a propósito: impuesto. Porque nadie debe confundir  las dos reuniones convocadas por el Ayuntamiento, en las que se informó por separado a comerciantes y vecinos (en el segundo caso cuando ya había licitación) con un proceso de participación ciudadana que este equipo de gobierno no ha puesto en marcha ni en este ni en ningún otro asunto de competencia municipal. Es cierto que se han introducido algunos cambios a raíz de las protestas, pero tampoco esto constituye un ejercicio de colaboración abierta con los vecinos.

Existe la insana costumbre en esta ciudad, pero no sólo aquí, de inferir la opinión vecinal por ciencia infusa o difusa, en vez de convocar previamente una asamblea, recoger las preocupaciones y las propuestas oportunas, debatir en común un anteproyecto y acabar haciendo un diseño que se ajuste a las necesidades y a los recursos. Se entiende que el ciudadano es un idiota incapaz y sin gusto y que nuestros tutores municipales saben mejor que nosotros mismos lo que nos merecemos. Pero luego, claro, vienen las talas de árboles y las plazas grises, feas -sin más elípsis- para muchos de sus sufridos vecinos.

Importa también el cómo se hacen las cosas. Y tampoco se entiende que el Ayuntamiento haya reconvertido el aparcamiento gratuito del torreón de Alvar Fáñez en zona de aparcamiento verde (dos euros) apenas unos meses antes de que comenzasen las obras en Dávalos, en las que (¿no se sabía?) se eliminan de golpe cincuenta plazas de zona azul. Tampoco me explico que los vigorosos olmos cuyas raíces lograban levantar el asfalto de los aparcamientos estén ahora todos tan enfermos que deben ser arrancados de cuajo y sin remedio. Lo ha denunciado Ecologistas en Acción, que admite el mal estado de dos, pero no la tala de siete. Hay ya demasiados antecedentes que nos llevan a pensar que los árboles molestan en las obras de esta capital.

Un ciudadano observaba ayer por la tarde desde la ventana de la biblioteca a un mirlo que revoloteaba perdido entre las ramas de uno de los pocos árboles que ha quedado en pie en Dávalos. “Está despistado, a saber ahora dónde tenía el nido”, murmuró a mi lado. Me sorprendió su atención en este detalle. Ojalá el urbanismo se detuviera alguna vez en estos detalles sin importancia. Sí señor, en un jodido mirlo.