A la fuerza, ahorcan

Por David Sierra

Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que los pastores salían a su labor con el morral lleno y la cantimplora vacía.  Conocían de primera mano los mejores lugares donde manaba el agua más pura, fresca y saludable. Y aprovechaban esa sapiencia, adquirida en muchos casos a través de la experiencia, la investigación sobre el terreno y la radio, en su propio beneficio. A veces, las menos, compartían el secreto con la más tierna chavalería, que en contadas ocasiones se saltaba las reglas para adentrarse en los espacios prohibidos en torno a las riberas de ríos y arroyos.

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Pañales sucios en el Tajo

Lectura de manifiesto durante la marcha contra el trasvase Tajo-Segura este domingo. //Foto: Guadapress

Lectura de manifiesto durante la marcha contra el trasvase Tajo-Segura este domingo. //Foto: Guadapress

Por Patricia Biosca

“No parece el mismo río” pensaba el pasado jueves mientras miraba la desembocadura del Tajo desde la plaza del Comercio en Lisboa. De hecho, mi ignorancia me había hecho pensar que lo mismo se trataba del mar, ya que ver poderosas olas estallando contra las rocas de la vieja capital portuguesa no cuadraban con mi imagen del cenagal del embalse de Entrepeñas que atesoro en la cabeza. Este fin de semana se llevaba a cabo una nueva manifestación de los municipios ribereños para poner de manifiesto una situación que se da desde hace años, con políticos de un color y de otro a todos los niveles, pero que más allá de palabras, poco han hecho. “Decenas de coches” cifraban en los medios la manifestación del pasado domingo, de la que también se hacían eco televisiones a nivel nacional (no está mal como visibilización, pero una, que conoce algo de los vericuetos periodísticos y que no se fía ni de su sombra, sospecha que fue más por falta de temas en la escaleta que por una conciencia verdadera del problema). Decenas de coches que suponen un centenar de personas, pero que en municipios cuyos censados no llegan a las tres cifras, dan significado a una realidad que perece al mismo ritmo que se llevan agua de la cabecera. Sigue leyendo