Odiosas comparaciones

Por David Sierra

Se les pusieron los ojos como platos cuando en la curva apareció un enorme dinosaurio de dimensiones desconocidas. Era el mundo de Parque Jurásico ante ellos. Los muchachos estaban impacientes, pero la espera había merecido la pena. Impresionaba. Los cohetes lanzados al aire iban marcando el ritmo a la vez que anunciaban la llegada del desfile, aunque las posiciones del público ya estaban tomadas con antelación decenas de minutos. Era la primera de veinticinco carrozas perfectamente decoradas. Cada una con un motivo que le daba sentido a todo el conjunto. El espectáculo había comenzado en Azuqueca de Henares unos minutos antes de que en Guadalajara terminara el bochorno de Ferias.

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Carroza de Parque Jurásico en Azuqueca de Henares. / Foto: Nueva Alcarria.

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El desfile

Por David Sierra

Son fiestas en Guadalajara y la Calle Amparo se ha convertido en vía peatonal. Hace ya un buen rato que el estruendo de la traca lanzada tras el chupinazo ofrecido por la Peña Choítos ha puesto sobre aviso a la ciudadanía y las aceras de un lado y otro comienzan a abarrotarse. Coger un buen sitio garantiza estar cerca de lo que pueda pasar por allí. Todo es incógnita, aunque desde hace ya varios años apenas hay sorpresas. La desorganización organiza al gentío. Todo es simple. Discurrir calle arriba y luego cada uno a su cueva. Es el desfile de peñas.

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El desfile

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Desfile de las Fuerzas Armadas en Madrid. // Foto: Óscar del Pozo (ABC)

Por Álvaro Nuño.

El próximo sábado, 27 de mayo, Guadalajara acogerá en sus calles el Desfile de las Fuerzas Armadas, todo un acontecimiento castrense que atraerá a las más altas instancias del Estado a nuestra ciudad, encabezadas por el rey, Felipe VI. La noticia la adelantaba ayer el muy monárquico diario ABC, al que en estas cuestiones se le puede dar, por tanto, toda credibilidad (Esteban Villarejo, que es el periodista que firma la noticia,  dice que se lo ha confirmado “fuentes del Ministerio”). Será la primera visita oficial del hijo del rey emérito desde su coronación el 19 de junio de 2014 y, sin duda, un acontecimiento social de primer orden que, por su propia naturaleza, trastocará la vida ordinaria de la ciudad y hará de Guadalajara el centro de atención de todo el país, al menos por un día.

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Carnaval con cara de Cuaresma

Por Concha Balenzategui

Cartel del Carnaval de Guadalajara 2013. // Fernando Benito

Cartel del Carnaval de Guadalajara 2013. // Fernando Benito

Es sábado de Carnaval, pero parece que la ciudad no se ha despertado animada por el frenesí y la chanza que debieran acompañar a Don Carnal. Las personas que a estas horas están dando las últimas puntadas a su disfraz, que las hay, son una clarísima minoría. Esta es una ciudad, hemos de reconocerlo, poco dada a la máscara y a la lentejuela.

No pretendo hacerme eco del lamento, al que en Guadalajara estamos muy acostumbrados, de pensar que lo que se cuece en casa tiene menos sustancia que en el puchero del vecino. No vamos a estas alturas a aspirar al gracejo gaditano o a la vistosidad tinerfeña. Pero tampoco me vale como justificación la prohibición franquista a la que solo escaparon los bailes cerrados del Casino y algunos escarceos más populares en El Alamín o el Cerro del Pimiento.

Hay que reconocer que Guadalajara tiene sus propias señas carnavalescas. La fiesta rural, esa de cuerna y arpillera, resulta una manifestación de enorme valor etnográfico. En la capital, el grupo Mascarones ha cubierto largamente un cuarto de siglo de gloriosa presencia, vistosidad y laboriosidad en sus comparsas.

Pero ambos casos son honrosas excepciones a la falta de sangre carnavalera que impera. En ellos, además, la celebración tiene más de espectáculo que de rito. Más de exposición para curiosos que de frenesí participado o contagiado.

En nuestra capital, la juerga propia de las carnestolendas ha corrido casi siempre por rutas muy distintas a las del programa oficial. No me duelen prendas en decir que aflora más imaginación y divertimento en algunos desfiles de carrozas y bailes de disfraces de muchos municipios de la provincia que en el desfile del Sábado de Carnaval de la capital.

Desfile de adultos.// Ayuntamiento de Guadalajara

Desfile de adultos.// Ayuntamiento de Guadalajara

Por muchos intentos que hayan hecho las sucesivas corporaciones desde que en 1981 Javier Irízar estableciera unas actividades “oficiales”, no se ha logrado una fiesta participativa. El desfile del sábado, el de adultos, casi siempre resulta pobre y frío. Si algunas comparsas alcanzan la brillantez, si algún disfraz es meritorio, el conjunto queda insípido o escaso. Porque falla la propia concepción del acto, donde unos pocos desfilan y otros muchos miran sin disfrazarse; donde unos bailan y otros soportan frío con cara de Cuaresma. Al final del acto, casi siempre encorsetado por dorsales y premios, cada uno a su casa.

Y sin embargo, sorprende que horas más tarde, una fauna multicolor empiece a pulular por los bares y pubs. Es el carnaval nocturno, ese que no desfila y no compite, pero que se divierte y participa. Con disfraces pensados unas semanas antes, cuatro trapos improvisados o la visita de última hora al bazar chino. Gente con ganas de divertirse, de jugar al “¿quién soy?” detrás de un antifaz y un cubata. Gente joven, que no sabe de prohibiciones franquistas; que se ha curtido en las celebraciones colegiales o en el propio desfile infantil de cada año, en el que quienes derrochan habilidad son… los mismos padres y madres mañosos que no se aplican el arte a sí mismos.

Para ellos, los de espíritu libre, es esta noche de fiesta. Y también para Mascarones, que aliados con el Ayuntamiento -unos años más y otros menos- tratan de impregnarnos de fiebre carnavalesca. Y para las asociaciones y grupos que pelean cada año para que la botarga, la mascarita, el zarragón o la vaquilla, vuelvan a salir por las calles de su pueblo.