De soles y espárragos

Por David Sierra

Con motivo del inicio de la campaña de recogida del espárrago verde en la provincia de Guadalajara, argumentaba hace unas semanas el actual presidente de la asociación sobre el cultivo de esta hortaliza, Jaime Urbina, que había dejado de ser “tan rentable” a causa del encarecimiento de la mano de obra y los impuestos que tienen que pagar, así como la estabilización de los precios. Este hecho estaba originando que algunas explotaciones hubieran decidido reducir este cultivo en favor de otras alternativas agrícolas como el cereal. La consecuencia, según este productor que ha vinculado actualmente su principal fuente de ingresos al cultivo del espárrago verde con más de 150 hectáreas, ha sido la reducción en la contratación de los temporeros necesarios para su recogida, clasificación, etiquetado y empaquetado de cara a su distribución final. En el proceso no hace referencia a la mecanización que la industria agroalimentaria basada en este producto ha llevado a cabo en los últimos años, incentivada por ostentosas ayudas públicas.

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Vacunando la distancia

Por David Sierra

Con más de un siglo a sus espaldas, cuando a Dámaso le propusieron vacunarse no lo dudó un instante. Pastor durante toda una vida y con el recuerdo de sus ovejas, fieles compañeras, siempre presentes en su memoria – que aún conserva con especial lucidez -, a pesar de los temores por la aparición de este temible virus nunca perdió la esperanza de alcanzar los ciento doce otoños propuestos medio en broma y muy en serio. En su municipio, – uno de esos donde los pocos que quedan están más cerca de su generación que del resto, donde el panadero acude con cada vez menos ganas en su furgoneta, donde las tiendas y los comercios brillan por su ausencia; donde el autobús ya no entra ni para cerca, donde el cartero acumula y deja para un día en concreto toda la correspondencia, y donde el consultorio médico sólo abre sus puertas de quincena en quincena, aunque los enfermos ronden la puerta -, las vacunas contra el Covid ni se las ve ni se las espera.

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Muerto el perro, se acabó la rabia

Por David Sierra

Mientras desde la oficina o despacho del Comisionado para el Reto Demográfico de Castilla La Mancha trabajan para consensuar el texto normativo que pretende perfilar las políticas y medidas económicas, sociales y tributarias frente a la despoblación de la región y que el ejecutivo autonómico tiene en mente aprobar a lo largo de esta primavera, la realidad continua dando mazazos al medio rural, en esta ocasión desde el propio Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana que lidera el socialista José Luis Ábalos.

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Cuestiones a la deriva

Por David Sierra

El Gobierno de Castilla-La Mancha abría el pasado lunes un cuestionario, a través del portal de participación, para preguntar a la ciudadanía de la región sobre las cuestiones a desarrollar para elaborar su Estrategia Regional frente a la Despoblación. Con esta herramienta pretende encontrar las respuestas acerca de los servicios y los factores decisivos que llevarían a los ciudadanos a trasladarse a vivir a ciertas zonas del territorio autonómico, más concretamente en el medio rural.

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Ni las máquinas se quedan

Por David Sierra

Ni las máquinas. Ni tan siquiera las máquinas sobreviven al proceso de la despoblación. Al cierre de oficinas que, – sobre todo tras la caída de las cajas de ahorro, se ha venido produciendo en los últimos años con el propósito de ganar rentabilidad a costa de marginar aquellos lugares exentos de proporcionar rentabilidad -, se ha unido la clausura de los cajeros automáticos, el último recurso para que la población rural pudiese realizar aquellas operaciones bancarias más habituales como la obtención de dinero en efectivo.

La Diputación de Guadalajara propone financiar la instalación de cajeros. / Foto: Cadena Ser.
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Adiós con alegría al 2020

Por David Sierra

Se va este maldecido año 2020 con más ganas que nunca. Le decimos adiós y si nos dejasen, lo haríamos con la mayor de las fiestas posibles. De momento, aunque la cosa vírica ha empeorado a consecuencia de la angustia navideña, las restricciones no se han endurecido y la vigilada Nochevieja no tiene visos de que vaya a desmadrarse. Y, sin embargo, a pesar de todos los deseos por desprendernos de esta anualidad y de la tragedia en la que ha sumido la enfermedad que ha trascendido en todas nuestras conductas, haberlo vivido para los que aún podemos contarlo, nos ha podido servir para extraer algunas interesantes conclusiones sobre la manera en la que estamos digiriendo el futuro.

No me cabe la menor duda de que este año va a suponer un antes y un después en la manera de abordar asuntos en muy diversos ámbitos de cara al devenir que nos aguarda. La pandemia ha incrementado las consideraciones a tener en cuenta ante la búsqueda de soluciones de algunos problemas que han alcanzado una dimensión global difícil de gestionar. Y cuando el vaso se ve medio vacío, es importante que comience a llenarse.

La experiencia del confinamiento ha puesto sobre la mesa, tal como si de un estudio científico se tratase, la influencia directa que el ser humano ejerce sobre el medio ambiente y el cambio climático. Cuando las vacunas están a la carrera de generar una protección de rebaño, la disminución de la actividad al mínimo supuso un respiro para el planeta que pudo comprobarse con el descenso de los gases de efectos contaminantes, el incremento de la flora y la fauna en muchas zonas del planeta donde estaban prácticamente extinguidas o reducidas a la mínima expresión y la regeneración de espacios naturales terrestres y marinos.

Es indudable que, a partir de esta vivencia, la implicación contra todo aquello que puede causar un deterioro evidente de la naturaleza se va a incrementar de tal forma que no es extraño vaticinar para los próximos años una aceleración de las políticas para la lucha contra el cambio climático, junto con la condena de todas aquellas conductas que tienden a influenciarlo. La pena, que esas reacciones vayan a llegar cuando la navaja ha estado sobre la garganta.

Del mismo modo, este fatídico año ha permitido ver un haz de luz sobre la configuración y ordenación urbana y la importancia de espacio público y cómo utilizarlo y ocuparlo. Aunque los modelos de ciudad sostenibles son diversos y aún en fases muy experimentales, existen unas líneas comunes que más pronto que tarde van a ir ganando terreno en favor de una mayor interconectividad social. El coronavirus ha puesto de relieve la importancia de la interrelación social para combatir cualquier peligro y la tristeza que implica la soledad, sobre todo cuando la muerte acecha. Aspectos que no van a pasar desapercibidos en los nuevos modelos de desarrollo urbanístico donde la tecnología va a ser un factor fundamental en la generación de nuevos empleos y bienestar. Aquellas ciudades que queden rezagadas en la iniciativa son las que peor lo van a pasar.

A nivel general, la pandemia también ha sido el mejor aliado para poner en valor el entorno rural en todas sus expresiones. Quien lo iba a intuir que haría falta un virus para favorecer el retorno a los lugares despoblados con todo lo que eso supone. Ahora que se han aprobado las conclusiones de la Comisión sobre la Despoblación, sería una desventura desaprovechar la inercia generada por la búsqueda de nuevos espacios de convivencia con otras prioridades y valores más comprometidos con el medio rural. Las nuevas generaciones, los ‘sin pueblo’, han encontrado justificaciones para descubrir estos lugares más allá del ámbito turístico y corresponde a las administraciones encauzar esas tendencias con las inversiones necesarias para no perderlas.

En definitiva, 2020 nos deja con más pena que gloria sumidos en la esperanza de recibir el chute de Araceli, con la perspectiva de tocar fondo a expensas de la tercera ola y resurgir como el ave Fénix entre la millonada europea destinada a la ansiada recuperación. Feliz Año 2021 a todos los lectores del Hexágono de Guadalajara, contento de que la profecía de Mad Max haya quedado, de momento, relegada.

Luces encendidas

Por David Sierra

Demasiadas luces encendidas. Ventanas iluminadas en una época del año en la que ya debieran estar en la más absoluta oscuridad. Buzones incomprensiblemente vacíos y portales exentos de la suciedad propia del otoño. Hojas amontonadas después de haber sido barridas y apenas restos de barro en las calles, aunque los tractores sigan manteniendo su actividad agraria preparando la tierra entre aguacero y aguacero, aprovechando los tímidos rayos de sol. En el bar, que mantiene como puede las restricciones impuestas para combatir la pandemia, el movimiento apenas ha decaído con el fin del verano y la actividad se conserva de manera excepcional. Nadie sabe cuanto puede durar esta situación y ya ni lo cuestionan.

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Madrid huye

Por David Sierra

Madrid huye. Sus vecinos escapan de esa ciudad mugrienta y tóxica en la que se convierte cuando desaparecen los miedos de pandemia. El estado de alarma, que los ha mantenido a raya hasta el pasado domingo ya no es impedimento y en cuanto la oportunidad ha surgido la capital ha quedado vacía en domingo. Como ocurría antes. Y como sucedía también antes de surgir el Coronavirus, el lunes caótico de tráfico y ruido motorizado ha vuelto a sus orígenes. Los peatones han visto de nuevo reducido su espacio a la mínima expresión, mientras en beneficio de la recuperación económica, la actividad sobre las cuatro ruedas manda en el espacio público, sin conceder opciones a las nuevas fórmulas de gestión, ni a los beneficios no sólo medioambientales, sino también económicos y sociales que ello conlleva. Y ante tanto humo aparecen algunos atisbos de cambio impuestos desde los juzgados para retratar a su Consistorio por sus esfuerzos para cargarse la única iniciativa válida, hasta la fecha, de convertir esa ciudad en mínimamente habitable.

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Ciudad Encantada de Tamajón en Guadalajara. /Foto: guias-viajar.com

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A curar lo llaman

Por David Sierra

Uno de los comentarios más habituales tras estas semanas de enclaustramiento familiar en plena primavera es el impresionante aspecto de nuestros campos. La naturaleza, cuando por las circunstancias que fueren, se desprende de las agresiones humanas, es capaz de regenerarse y propiciar exuberantes paisajes que hipnotizan cualquier mirada. Quienes por cuestiones laborales o de otro motivo han tenido la oportunidad de ser testigos de ese proceso coinciden en este punto. Aunque también tiene mucho que ver en ello las limitaciones para desempeñar esas tareas rutinarias que suelen llevarse a cabo en estas fechas como son la limpieza de cunetas y caminos rurales o los tratamientos herbicidas en solares y otros espacios donde no suelen dejar crecer las ‘malas hierbas’. A curar lo llaman.

Foto: David Sierra.

Hace unos días, el alcalde de Arbancón, Gonzalo Bravo, solicitaba a la Diputación que “hinque los codos” para dar solución a la creciente maleza que cubre las cunetas de las carreteras que conectan su pueblo y hacía extensible esa petición a las de toda la provincia. Si bien el regidor achacaba este problema a algo que ocurre cada primavera, independientemente de quien gobierne la Institución Provincial, este curso la pandemia y una climatología bastante abundante en precipitaciones han dejado que los entornos estén más densos de lo habitual en vegetación y más descuidados que de costumbre.

Podríamos justificar con la pandemia el que muchas de las tareas de limpieza y mantenimiento de los montes y de los campos no se hayan producido este año como debieran. Y que, por tanto, la llegada de la época estival requiriera una atención más exhaustiva para impedir que se prenda la mecha. El riesgo es evidente y los datos cantan cuando de una superficie forestal de 764.300 hectáreas, según indicó el delegado de la Junta de Castilla La Mancha en Guadalajara, Eusebio Robles, tan solo se ha actuado en materia de prevención en unas 800.

Llegados a este punto, no es extraña la preocupación manifestada por algunos sindicatos como la Federación de Servicios Públicos de UGT Castilla-La Mancha, que denuncia una reducción de medios humanos al reducir el tiempo de cobertura total pasando de 122 a 100 días. El responsable regional de Bomberos Forestales de esta organización apunta que de los 2063 compañeros que trabajarán en la campaña, solo 850 realizarán trabajos en el periodo de máximo riesgo (122 días) y 1.213 lo harán durante 100 días. “La reducción no se realiza por motivos técnicos, sino económicos, lo cual es bastante preocupante”, dice. La parte que le corresponde a Guadalajara es de 463 efectivos, de los que 60 son personal funcionario de la Junta de Comunidades y 403 de la empresa pública Geacam.

Si el Covid 19 ha puesto de manifiesto las deficiencias del sistema sanitario en su conjunto, los incendios forestales que cada verano asolan el territorio español en general y el castellanomanchego en particular, dejan en evidencia la aún deficiente política de prevención y extinción, una vez superada la trágica etapa cospedaliana. La conservación del medio ambiente y su protección es una de las alternativas con mayor proyección para frenar la despoblación e incentivar la vida en el entorno rural; pero para ello es imprescindible que las administraciones públicas lleven a cabo un proceso de reconsideración de este sector como remedio contra esa gran pandemia, también con nombre y sin vacuna, que continua afectando a nuestros pueblos.

El panadero

Por David Sierra

En tiempos de confinamiento tan solo unos pocos han podido proseguir con su actividad cotidiana. Que el día a día, a pesar de las restricciones, no cambiase demasiado como para notarlo. Me dice una vecina que el panadero ha incrementado su oferta de productos. Que ahora puedes encontrar, aparte de pan tierno, magdalenas, huevos y algunas tortas de anís entre otros productos. En cuanto a lo demás, apenas ha cambiado. Lleva mascarilla, pero su ruta sigue siendo la misma. La puerta de su furgoneta se convertía en improvisado espacio de reunión. Y también de chismes. Las últimas paradas tenían la ventaja de que la información llegaba fresca y completa. En definitiva, distorsionada del todo.

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Panadero repartiendo el pan por los pueblos. / Fuente: Rtve.

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