Educar de ´corazón`

Por Gustavo García

La rápida y certera intervención de algunos compañeros pudo ser clave para salvarle la vida a Christian Eriksen el pasado sábado en el Dinamarca-Finlandia.
Foto: AFP

Pasaron 12 largos minutos, de un 12 de junio de 2021. Un juego de números que no lo fue tanto para aficionados y también para los no seguidores del fútbol. Se desarrollaba la segunda jornada de la Eurocopa, que estos días tiene lugar a lo largo de varias ciudades del viejo continente, cuando el desfallecimiento repentino del jugador danés, Christian Eriksen, paralizó a todos.

Si ya había habido en los últimos años varios sucesos luctuosos, relacionados con dolencias cardiacas, este hecho nos recuerda que no debemos bajar la guardia, tanto en el deporte profesional, como en cualquier ámbito de nuestras vidas cotidianas. Solamente en el fútbol, cabe mencionar los casos del sevillano Antonio Puerta (fallecido a los tres días de desmayarse en el campo en un Sevilla-Getafe), del españolista Dani Jarque (que murió en el hotel de concentración de su equipo de una insuficiencia cardiaca), del camerunés Marc-Vivien Foé o del húngaro Miklós Feher (ambos, en el mismo terreno de juego).

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