El pan nuestro de cada día

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Pan casero con mezcla de harinas, cocido en cacerola en el horno de la cocina.

 

Por Gloria Magro.

El papel higiénico no fue lo único en volar de las estanterías de los supermercados cuando la gente intuyó la que se nos venía encima. También desapareció la harina común. El chiste es fácil, tiene su lógica que se acaparase el Scottex, dado su uso diario, pero ¿la harina? ¿Porqué hemos acaparado harina como si no hubiera mañana? ¿Pensábamos darnos todos al rebozado compulsivo en caso de desabastecimiento? Al parecer, además de salir a los balcones y grabar todo tipo de gracietas caseras, lo que más estamos haciendo estos días de confinamiento es amasar pan. Cuando esta situación acabe más de uno habremos sacado al panadero que llevamos dentro, pero también muchas pequeñas panaderías y hornos de pan habrán sucumbido a la pandemia. Sigue leyendo

Pan, con las manos en la masa

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Baguettes premiun de una panificadora mayorista que trabaja con materia prima de calidad.

 

Por Gloria Magro.

Harina, agua, levadura y sal. Con tan sencillos ingredientes, dos manos para amasar y un horno donde cocinarlo, cualquiera puede elaborar un pan digno. O al menos cocerlo y venderlo en casi cualquier sitio y a cualquier hora. Basta con poder ubicar un horno donde meter una masa precocida. El pan convertido por arte de la evolución tecnológica en artículo de consumo rápido e inmediato, aunque apenas unas horas después de sacarlo de la gasolinera de turno o de cualquier tienda de esas que parecen no cerrar nunca, esté como una piedra, incomible. Y sin embargo, al mismo tiempo han surgido como setas nuevas panaderías artesanas, ecológicas, despachos de pan coquetos y estilo boutique de mil y una franquicias de nombres apetecibles y evocaciones francesas que ofrecen mil posibilidades distintas de harinas y acabados a precio de solomillo. Pese a tanta oferta y precios muy bajos o francamente desorbitados, algunos tenemos la sensación de que hoy comemos peor pan que nunca. Sigue leyendo