‘La boina’

Por David Sierra

Cuando coges el coche y te dispones a viajar hacia la capital de España es habitual observar sobre los edificios una particular ‘boina’ de partículas grisáceas que representan la polución que atesora la gran ciudad. Ese manto de humo tóxico es mucho más evidente cuando, tal y como sucede en esta época, se da la circunstancia de la inexistencia de lluvias durante varias semanas. La situación se complica si, además, las temperaturas nocturnas descienden drásticamente durante toda la noche y la madrugada porque, a pesar de los avaneces en el ahorro energético, las calefacciones siguen sosteniéndose a base de combustibles fósiles. Con alivio, quienes vivimos en los núcleos más alejados de la gran urbe respiramos cuando nos acercamos a nuestro pequeño reducto urbano.

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