De cómo los jóvenes emprendedores cambian la realidad de Guadalajara

Laura Lomas en su Atelier. // Fotografía: Jorge Barba Cuesta.

Laura Lomas en su Atelier. // Fotografía: Jorge Barba Cuesta.

Por Almudena García*

Acaban las Navidades, recogen sus cosas y se van. Hasta verano, un año más. Ya es el quinto de esta rutina, llega el veintitrés de diciembre y todos vuelven a casa pero, después, se marchan. Hablo de mis amigos, los que están fuera, los que un día decidieron que no podían más, que no toleraban un contrato precario, un abuso y una desilusión más. De un lado están ellos, los que llaman “valientes” porque cogieron los retales de su vida y, con mucha pena, levantaron vuelo y salieron de Guadalajara. Y sí, hay que ser muy valiente y muy fuerte para ver como envejecen tus padres por Skype, como todas las noticias buenas se celebran a distancia, como no estás cuando te necesitan o tú los necesitas. Sé que hay que ser valiente porque un día, por un espacio muy corto de tiempo, yo estuve en esa situación. Sigue leyendo

Un nuevo futuro para la seguridad vial

Por Juan José Cabrera *

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Juan José Cabrera, ingeniero y miembro fundador de INSPIDE. / Foto: J.C

Cuando nos hablan de Seguridad Vial, en seguida se nos vienen a la cabeza los controles de velocidad y de alcoholemia, el uso del cinturón o las distracciones al volante. Llevamos años escuchando el mismo discurso, un discurso basado en el miedo y en las terribles consecuencias que supone tener un accidente de tráfico.

Los miembros de INSPIDE, una pequeña-pequeñísima empresa alcarreña, pensamos que en una sociedad donde la tecnología está al alcance de todos, ese discurso se había quedado obsoleto.

Es cierto que la industria del automóvil se ha puesto las pilas en lo que a “seguridad tecnológica” se refiere. Todos trabajan en la creación del famoso coche conectado, capaz de “hablar” con otros coches, motos y demás actores, y de detectar todo lo que está pasando a su alrededor para actuar en consecuencia. Pero mientras los fabricantes continúan elaborando sofisticados sistemas para hacernos sentir más seguros -y subir el precio de los vehículos o cobrarnos por suscribirnos a ciertos servicios- los ciudadanos de a pie seguimos utilizando métodos analógicos que no nos aseguran una protección 100% eficaz. ¿Se siente seguro un conductor cuando tiene un incidente y debe salir a colocar los triángulos en plena autovía? ¿Se siente seguro un ciclista por llevar un chaleco reflectante? Está claro que no.

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Renovarse o morir… ¿renovarse y morir?

Cristina Cueto, periodista y ahora también tatuadora.

Cristina Cueto, periodista y ahora también tatuadora. / Fotos del archivo personal de Cristina Cueto.

Por Cristina Cueto *

Soy tatuadora. O lo pretendo. Me licencié en Periodismo y Comunicación Audiovisual, pero tatúo. Más de uno se preguntará cómo he llegado hasta aquí.

Fui periodista durante doce años: los años de “vacas gordas”, con medios de comunicación que no dejaban de aparecer. Ya entonces veíamos que la situación era insostenible, que no había pastel para tanto comensal, que se dependía en exceso de empresas y Administración. Pero lo decíamos en voz baja… hasta que la cosa reventó.

Yo, como tantos compañeros, quedé en el paro. Y después de dos, tres, cuatro años dándonos de cabezazos contra un muro, tratando de conseguir un trabajo acorde a nuestra formación y experiencia, muchos abandonamos toda esperanza.

Acuñé entonces dos convicciones: que éste es el tiempo de los emprendedores (el trabajo por cuenta ajena es sencillamente una quimera) y que nuestro único privilegio hoy es trabajar en lo que nos gusta, independientemente de salario, salidas laborales, estabilidad y todas esas cosas que también sopesamos cuando hace años escogimos profesión.

Hoy, entre mis antiguos compañeros periodistas hay quien regenta un bar, hay tripulantes de cabina -azafatas-, quien se dedica a la venta de artículos deportivos, de cosmética, quien da clases de idiomas o desempeña labores agrícolas, incluso quien ha montado una agencia de viajes…; porque es lo que toca, reinventarse.

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Así, ¿por qué no convertir una habilidad, una afición, en un modo de vida? Pues como me gusta dibujar, decidí que la forma más directa de rentabilizar mis dibujos era tatuarlos. Cambié cuaderno y bolígrafo por bloc y lapicero, comencé mi formación como tatuadora… y aquí estoy, aprendiendo.

Sin embargo, y entre diseños, tintas, bobinas y rotativas, llega el momento de abordar nuevas decisiones: ¿sigo formándome mientras apuro toda prestación? ¿me arriesgo y monto un estudio? Necesito trabajar, cotizar, sentirme otra vez trabajadora.

10156093_10203776978210582_1051416820_nY entonces te das cuenta de algo: ¿quién me sostiene si me arriesgo? ¿quién apoya al pequeño emprendedor? Pues nadie. Bueno, sí, tu entorno con sus amables referencias se convierte en tu altavoz en calles y redes sociales. Proliferan -lo vemos a diario- las recomendaciones de discretas aventuras empresariales de amigos y conocidos (generalmente aventuras ‘de tapadillo’), y donde el valor añadido suele ser lo artesanal, lo diferenciado. Es decir, el boca a boca y la calidad de tu producto frente a un riesgo enorme. David contra Goliath.

Porque, lamentablemente, de la Administración poco apoyo puede esperarse. La ventaja de ser emprendedor es que tú mismo te das la oportunidad laboral que todos te niegan; eres tu propio jefe, puedes cotizar. Y punto. Frente a eso, las “bondades” del régimen autónomo giran en torno a riesgos, trabas administrativas y retrasos para poner en marcha tu negocio; renunciar en muchos casos al ingreso que supone un subsidio o prestación y empezar a incurrir en gastos fijos e implacables (alquileres, IVA, Impuesto de Actividades Económicas…), la dificultad para conseguir crédito, las vacaciones impensables, las bajas laborales que pueden arruinarte, la dificultad para cobrar el “paro de los autónomos” si tu aventura empresarial tiene un punto y final…

Así las cosas, si uno tiene la oportunidad de percibir un subsidio o prestación, ¿para qué emprender? ¿dejas de cobrar un dinero que necesitas e incurres en riesgo y gastos? Visto así, puede parecer el sueño de un loco, algo que podría incluso considerarse una irresponsabilidad porque comprometes el bienestar económico de tu familia.

¿No sería posible que alguien, allá arriba, y por una vez, dé una vueltecita a las oportunidades y facilidades para poder emprender? ¿Costaría tanto flexibilizar pagos, subvencionar gastos, simultanear incluso durante un tiempo la actividad emprendedora con la percepción de ayudas? ¿Tan difícil es apoyar al sufrido colectivo autónomo?

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Ojalá algunos de éstos que deciden por nosotros -aunque nunca pisen las calles- se acuerden del enorme potencial que tiene, sobre todo hoy, la iniciativa de los autónomos y se decidan a apoyarlos, y de verdad. Porque quizá es la única luz para quienes vemos muy negro el mercado laboral desde hace demasiados años.

Lamentablemente nunca será así en un país en el que parece fomentarse más la cultura del subsidio que las iniciativas. Y así nos va.

* Cristina Cueto Serrano es periodista. Ejerció su profesión entre 1999 y 2011 en Televisión Guadalajara, La Tribuna de Guadalajara, Radio Televisión Castilla-La Mancha y el Gabinete de Prensa de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.