Las moscas

Por Gloria Magro

Confieso que el verano me ha convertido en una asesina en serie y que las he matado a pares. Como un sastrecillo valiente cualquiera, a veces hasta varias de un golpe. El salón ha sido escenario de cruentos episodios de matanzas; la cocina, de escaramuzas sin fin. Afortunadamente la casa del pueblo estaba dotada de un gran arsenal de armas para combatirlas: un ramillete multicolor de paletas que a la postre resultó ser más eficaz que los sprays y los enchufes de veneno que solo las atontan y ponen si cabe más pesadas. El verano anormal este que vamos dejando atrás ha sido de sol y moscas. Y de muchos, muchos sobresaltos. Sigue leyendo