Ese extraño espejismo, “que la pandemia está llenando los pueblos”

Por Sonia Jodra

Comienzan a difuminarse los mantras pandémicos. “De esta saldremos mejores”, “a partir de ahora sabremos valorar lo que de verdad importa”, “comienza el nuevo éxodo de la ciudad a los pueblos”. Mentira. La pandemia ha sacado lo peor de cada una de nosotras. Lo que más echamos de menos son las compras, salir de marcha y los viajes de ocio. Y los pueblos siguen tan vacíos o más que antes.

Que haya pueblos de 50 habitantes a los que ha llegado a vivir una familia de 5 personas, incrementando el padrón un 10 por ciento, no significa que se invierta la tendencia urbanita que nos acompaña desde hace más de medio siglo. Y es absurdo identificar el incremento en la demanda de vivienda en los pueblos del extrarradio de Madrid con la solución a la despoblación al medio rural. Hay pueblos y pueblos. El Casar es un pueblo y Campillo de Ranas es un pueblo. Pero no tienen nada más en común. La despoblación afecta sólo al segundo.

El espejismo fue bonito mientras duró. Pensar que iniciábamos cambio de ciclo y nos disponíamos a volver a nuestros orígenes resultaba gratificante para quienes presumimos con “ser de pueblo”. Pero hasta en eso nos engañamos, porque la mayoría de los que nos creemos “de pueblo”, realmente somos “gente de barrio”. Crecimos en esos barrios que llenaba la gente llegada de los pueblos y es ese espíritu “de barrio” el que realmente ha marcado nuestras trayectorias vitales.

Somos domingueros y veraneantes “de pueblo”. Igual que los que se afanan en hacer la penúltima ley contra la despoblación desde las diferentes administraciones. Resulta irónico luchar contra la despoblación de los pequeños pueblos desde las grandes ciudades. Es como defender la sanidad pública con un seguro privado o hablar de la lucha contra el cambio climático con una bolsa de plástico en la mano y bebiendo con una pajita. Para defender algo hay que creérselo, hay que tener pasión por ello, hay que vivirlo.

Así que propongo que en el “Anteproyecto de Ley de Medidas Económicas, Sociales y Tributarias frente a la Despoblación y para el Desarrollo del Medio Rural en Castilla-La Mancha” se dé más voz a los territorios y, sobre todo, a sus gentes. Ellas y ellos saben lo que sus pueblos necesitan para no desaparecer del mapa y conocen la dureza que impone vivir en el medio rural una vida que actualmente está diseñada para ser vivida en las grandes ciudades.

Me gustaría reflexionar también en torno a los perfiles de nuevos pobladores del medio rural que se están registrando en estos tiempos. Puesto que considero desacertado pretender que los pueblos sean cómodas oficinas para freelancers de profesiones diversas. Es justo pedir wifi de alta velocidad para poder teletrabajar, pero estamos llevando lo más absurdo de la vida urbanita a los pueblos. Comprar por Amazon a diario, esperar a un repartidor que acaba de recorrer 60 kilómetros para entregarnos una funda de móvil que vale 3 euros y vino de China en barco, comprar embutido y vino online… Eso no es “vivir en un pueblo”. Eso no frena la despoblación, no reabre escuelas, ni impide que se reduzca el número de trenes que paran en nuestro municipio.

“Viendo las nubes y escuchando a Los Panchos, digo que quiero licenciarme en paisajes, ser inspector de nubes”, me dijo una vez el maestro de periodistas Manu Leguineche en una entrevista. Cuando una persona que ha recorrido el mundo viviendo en primera línea los principales acontecimientos informativos del siglo XX habla así de su vida en el pueblo, es que hay otra mirada para poder vivir acompañado por el canto del cuco o el aroma de la lluvia.

Como diría Rosendo, hay muchas “maneras de vivir”. Y todas ellas persiguen lo mismo, hacernos tan felices como seamos capaces de soñar. Desde el espíritu de la chica de barrio que presume con ser de pueblo, os invito a volver al pueblo sin Netflix, a disfrutar del mejor grupo de whatsapp, el que toma el fresco en la plaza en las noches agostinas. Delibes dijo que “si el cielo de Castilla es tan alto, es porque lo levantaron los campesinos de tanto mirarlo”. En el pueblo se mira el cielo más que en las ciudades. A ver si hay suerte y los que desde las grandes ciudades se afanan en salvar a los pequeños pueblos tienen la altura de miras que esto necesita.

Ni las máquinas se quedan

Por David Sierra

Ni las máquinas. Ni tan siquiera las máquinas sobreviven al proceso de la despoblación. Al cierre de oficinas que, – sobre todo tras la caída de las cajas de ahorro, se ha venido produciendo en los últimos años con el propósito de ganar rentabilidad a costa de marginar aquellos lugares exentos de proporcionar rentabilidad -, se ha unido la clausura de los cajeros automáticos, el último recurso para que la población rural pudiese realizar aquellas operaciones bancarias más habituales como la obtención de dinero en efectivo.

La Diputación de Guadalajara propone financiar la instalación de cajeros. / Foto: Cadena Ser.
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Alternativas contra la despoblación rural

Cartel publicitario del servicio de autobuses gratuitos puesto en marcha por los Ayuntamientos de Trillo, Cifuentes y Masegoso. // Foto: El Heraldo del Henares

Por Juan Palomeque Torres.

En las últimas semanas se han venido sucediendo algunas iniciativas por parte de pueblos de la provincia de Guadalajara que han puesto de actualidad al medio rural de nuestra provincia. Estos movimientos vuelven a poner de actualidad en nuestra provincia el tan aplazado debate sobre la despoblación del medio rural. Este es un debate que trasciende al conjunto del país y seguramente al caso español, pero en el caso de nuestra provincia, lo sangrante de la cuestión es que tenemos un patrimonio histórico que por falta de voluntad política carece de una promoción turística adecuada.

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Una miaja de apechusque

la vereda

La Vereda, pueblo abandonado en Guadalajara  //Foto: Sonsoles Fdez. Day

Por Sonsoles Fernández Day

Una señora de Honrubia, Cuenca, se quejaba hace unos años en un reportaje de televisión porque cerraban el servicio nocturno de urgencias en su pueblo. Ocurría lo mismo en varias poblaciones por toda Castilla-La Mancha. La intervención de la señora no se hizo viral porque aún no existía esta expresión, pero se hizo muy popular en YouTube. ‘No te pongas a las nueve, que no te llega el santolio. Como te dé una miaja de apechusque, la roscas’, decía la buena mujer. Con esta frase tan de la zona lo que quería decir era tan sencillo como que no te puedes poner enfermo después de las nueve porque te mueres sin remedio. Al menos sirvió para llamar la atención.

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El territorio por encima del partido

Candidatos de la Plataforma “Teruel Existe. // Foto: teruelexiste.info

Por Álvaro Nuño.

En plena negociación para conseguir la mayoría de 175 escaños que
convertirían a Pedro Sánchez en presidente del Gobierno, a Pablo Iglesias en
vicepresidente, y a sus dos formaciones socios del primer gobierno de coalición
de la democracia, cada diputado cuesta sangre sudor y lágrimas. Juntos, PSOE
(120) y Unidas Podemos (35) se quedan a veinte escaños de los votos necesarios
por lo que se ven imprescindibles los apoyos de Más País, además del de una
multitud de partidos nacionalistas y regionalistas del más variado pelaje (vascos, catalanes, gallegos, canarios, cántabros,…) y, a diferencia de las pasadas generales, la sorpresa de la noche del #10N, el diputado de la Agrupación de Electores Teruel Existe, un partido ya no nacionalista ni regionalista, sino provincialista, representante de la llamada “España vaciada” y que ha adquirido un protagonismo mayúsculo en el panorama político nacional.

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