Perdiendo fuelle

Ayuntamiento de Galápagos, que ha censado a 130 vecinos nuevos en el último año. // Foto: Ayuntamiento de Galápagos

Ayuntamiento de Galápagos, que ha censado a 130 vecinos nuevos en el último año. // Foto: Ayuntamiento de Galápagos

Por Concha Balenzategui

Dice el Instituto Nacional de Estadística que la provincia de Guadalajara ha perdido población otra vez. Se acaban de hacer oficiales los datos correspondientes al Padrón del 1 de enero de 2014, después de la correspondiente revisión, y el resultado es que restamos 2.297 habitantes. En un contexto nacional en el que cientos de extranjeros han retornado a sus países de origen por falta de oportunidades y cientos de españoles buscan fortuna en otros lugares, no es extraño que Guadalajara siga la tónica general de descenso desde 2012. Y es una mala noticia, como expuse cuando estos datos eran solo provisionales.

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Palabras en entredicho

Los datos del paro de enero nos han noqueado cuando empezaba a sonar el término "recuperación". // Foto: www.lacronica.net

Los datos del paro de enero nos han noqueado cuando empezaba a sonar el término “recuperación”. // Foto: http://www.lacronica.net

Por Concha Balenzategui

Esta semana hemos recibido una nueva entrega de la estadística del paro, que nos ha hecho temblar y sumergirnos más en la sensación de crisis. 931 desempleados de un plumazo nos ha dejado este mes de enero en Guadalajara. Según los datos oficiales, es el segundo “mejor” enero desde que empezó la recesión, sólo superado por el de 2010. Pero la comparación no nos sirve de consuelo.

Las lecturas más lógicas lo achacan, como en toda España, al final de la campaña navideña. Los sindicatos además han hecho hincapié en la reforma laboral, que se ha demostrado incapaz de crear empleo, al menos en la actual coyuntura. Como siempre, escuece especialmente el número de parados que no percibe ninguna prestación, o el número de hogares donde no entra ningún ingreso regular que no sea la ayuda de la familia o la caridad.

No quería yo hablar de cifras, sino de palabras, porque este dato nos ha llegado en un momento en que no deja de repetirse el mantra de la “recuperación”. Y no voy a negar que existen síntomas de mejoría, porque están sobre el papel. Para empezar, que en nuestra provincia hay menos personas apuntadas al paro que hace un año. También sabemos que por primera vez ha crecido el PIB, y hemos oído del aumento en las ventas de coches, incluso de viviendas. Por no hablar de los resultados de la banca publicados en los últimos días y de todas las valoraciones positivas al finalizar el rescate bancario con “éxito”, según dicen. Qué poco adecuada me parece esta palabra.

Cada uno en su casa sabe que estamos muy lejos de que esos índices positivos lleguen a tocar a las personas, y menos aún al mercado laboral. Si lo que evoca el término “recuperación” es un restablecimiento de la situación previa a la crisis, aumenta la desconfianza. Muchos sabemos que nada ya volverá a ser como antes: ni la estabilidad de los contratos, ni los sueldos, ni siquiera la manera de considerar el puesto de trabajo.

La estadística de desempleo, precedida por una EPA que también nos dejó mal sabor de boca, viene acompañada de otros datos sobre el mercado de trabajo que nos hacen reflexionar sobre sus entrañas. Por ejemplo, el aumento de la movilidad laboral. Me refiero a los trabajadores que han encontrado trabajo en otra provincia, una circunstancia que en 2013 ha crecido un 12 por ciento sobre el año anterior en el conjunto del país.

Aumentan los contratos en provincias distintas a la de residencia. // Foto: viajemosentren.com

Aumentan los contratos en provincias distintas a la de residencia. // Foto: viajemosentren.com

Y Castilla-La Mancha es la comunidad con una mayor salida de trabajadores, duplicando de largo la media nacional. Es una situación lógica, casi diríamos que natural, debido a la cercanía y la atracción que ejercen polos como Madrid para Guadalajara y Toledo, o Valencia y Alicante para Cuenca y Albacete.

Lo malo es que la crisis ha agudizado esta circunstancia. Si hay trabajadores de otras comunidades que han firmado contratos en la nuestra, el saldo es enormemente negativo. 134.472 contratos de “entrada” frente a 161.960 de “salida”. Pero al menos nos podemos contentar con tener Madrid tan cerca y que nos brinde una segunda oportunidad de empleo y un destino para nuestros currículum.

El otro dato que podemos añadir al panorama es el de la afiliación a la Seguridad Social. En el mes de enero hemos perdido a nivel nacional la mitad de los autónomos creados a lo largo de 2013. Ahí es nada. Todo hace pensar que además de la desesperanza por no encontrar empleo, está la desazón por no poder crearlo uno mismo.

Leía un artículo está semana que pedía diferenciar entre los “emprendedores” propiamente dichos y los “supervivientes”. Los primeros son los que tienen el espíritu, las cualidades y la voluntad. Los segundos, ya los conocen muchos de ustedes, son los que no se les había pasado por la cabeza lo de ser su propio jefe hasta que se encontraron sin él.

Lo cierto es que muchos de los segundos, y desgraciadamente también de los primeros, ya han tirado la toalla. Han fracasado en el intento de emprender y en el de sobrevivir. Y digo “fracaso”, otra palabra que pongo en entredicho, a sabiendas de que el fracaso puede ser empresarial o económico, pero no tiene por qué serlo en un plano más global. El intento de un proyecto nuevo conlleva siempre un aspecto positivo, inherente a la propia acción, e independiente de su resultado inmediato y material. Creo que hay mucho que alabar al que arriesga, y mucha experiencia enriquecedora en el empuje de emprender, aunque no lo sea en términos contables.

Pero el vocablo “emprendimiento” se nos ha colado hasta en la sopa como sinónimo de salida del paro. En mis 21 meses de desempleo reciente realicé tres cursos sobre emprendimiento y autoempleo, y solo uno de ellos por propia voluntad. Los otros dos eran parte del temario obligatorio ligado a distintas disciplinas, una exigencia para superar cursos subvencionados o gratuitos.

“Emprender” es la palabra de moda, aunque no haya una coyuntura económica favorable para fundar o crecer. Aunque no venga acompañada de exenciones ni ayudas. Aunque los políticos que se llenan la boca pronunciándola no hayan trabajado nunca por su cuenta… y muchas veces ni siquiera por la de otro, al margen del cargo. Aunque el único impulso emprendedor que han tenido en su vida consista en hacerse el carné del partido.

Muchos saben ya que la palabra “emprendimiento” conlleva dosis de “necesidad” o de “supervivencia”, pero es que además con frecuencia esconde una mayor precariedad laboral o supone la única salida que dan algunas empresas para contratar los servicios de un trabajador. No sé si la fiebre por convertir a todo el mundo en autónomo va a continuar mucho tiempo más. Pero me temo que no tardando podemos presenciar el estallido de esta “burbuja emprendedora” en la que llevamos inmersos unos años.

Incluso entre los propios “supervivientes” caben clasificaciones. Habría que distinguir a los que emprenden, a los que emigran (40.000 españoles en el primer trimestre de 2013), a los que tiran como pueden con “minijobs”, incluso a los que cobran en negro.

En fin, habría muchos más términos que poner en cuestión. Hasta el significado de “mileurista”, palabra acuñada antes de la crisis, ha cambiado de sentido a medida que esta apretaba. Ahora casi es sinónimo de “privilegiado”. ¿O no?