Haters y Lovers de Ferias

El grupo Fangoria, en concierto. // Foto: Guadanews

El grupo Fangoria, en concierto. // Foto: Guadanews

Por Patricia Biosca

Las Ferias y Fiestas de Guadalajara son el momento perfecto para que los haters (cuyo significado en español vendría a ser “odiador”; una persona que, por sistema, muestra una actitud de “mosca cojonera” constante y nada le parece bien, ni aunque se salve una especie en peligro de extinción) y los lovers (contrario de los haters y que les parece bien todo lo que se proponga, manifestándolo con vehemencia aunque con muy pocos argumentos) salgan a la luz. Con aquello de “sobre gustos no hay nada escrito” por bandera, el cartel musical propuesto por el Ayuntamiento es la excusa ideal para sacar frases típicas como “más de lo mismo”, “yo me voy de Guadalajara” o “ya era hora que trajeran a ‘ponga aquí el grupo/cantante que elija’ a la ciudad” seguido por el “está bien, pero que vuelva ‘nombre de cantante que ya estuvo el año pasado’”. Una perita en dulce para comentar de la que se relame el lobo de caperucita roja.

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De peñas y peñistas

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Peñistas a la hora de comer. / Foto: Peña Agapitos.

Por Míriam Pindado

¿Qué periodista de esta ciudad no ha escrito o dicho alguna vez eso de “las peñas pusieron el color/la nota de color/ los colores a las fiestas”? Blanco, morado, rojo, azul, verde, amarillo, granate…lo cierto es que este recurso tan manido es un fiel reflejo de lo que se ve durante estos días por las calles. Un titular fácil pero cierto. Una entradilla sencilla que va más allá. Porque las peñas no solo son color, son mucho más.

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Un mes de Ferias

Concentración de peñistas durante el chupinazo. // Foto: Concejalía de Festejos.

Concentración de peñistas durante el chupinazo. // Foto: Concejalía de Festejos.

Por Álvaro Nuño.

Entre pitos y flautas, las Ferias y Fiestas de Guadalajara de este año van a durar un mes. Si cogen ustedes el programa que ya ha llegado a todos los buzones de la ciudad o lo consultan en la página web (por cierto, alguna herramienta interactiva de las que internet permite no vendría mal aquí además de limitarse a poner el programa según sale de imprenta), verán tras el Saluda del Alcalde, que le primer acto incluido tuvo lugar hace ya una semana -el pasado viernes 26- y que no lo cierra el castillo de fuegos artificiales, sino la Feria del Stock que finaliza el 2 de octubre. O sea que, en Guadalajara estamos de Ferias desde agosto hasta octubre. 200 actos cuenta el alcalde, Antonio Román, como siempre, pensando en todos los públicos y gustos, que para eso se hicieron los colores, aunque ahora el que toca es el morado del pañuelo y el fajín.

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Antes del próximo septiembre

no a la separacion

Cabecera de una nueva fanpage en Facebook.

Por Miriam Pindado

El ‘Pobre de mí’, la resaca y los balances ponían siempre el punto final a las Ferias y Fiestas de Guadalajara. Ya vamos por la segunda semana post-ferias y aunque creíamos que no volveríamos a escuchar nada más sobre las mismas, no ha sido así. Esta vez ni el día del niño ni las últimas lavadoras con ropa de peña han conseguido que los guadalajareños se olviden de su Semana Grande. ¿Por qué será?

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Un cuarto al pregonero

Juan Solo, durante su pregón de las Ferias del pasado viernes // Foto: Jesús Ropero

Juan Solo, durante su pregón de las Ferias del pasado viernes // Foto: Jesús Ropero

Por Juan Solo *

Discutía el otro día con mi amigo Jesús, si el dicho era un cuarto al pregonero, o tres cuartos al pregonero, o dos… Laura, zanjó el asunto con la consulta pertinente a la Wikipedia y similares. El pago que se les daba a quienes ejercían esa labor, era “un cuarto”, que equivalía a cuatro maravedís de vellón. Moneda que estuvo en vigor hasta el siglo XIX.

Un oficio, humilde pero imprescindible, dijo el viernes Antonio Román, un bellísimo oficio que desapareció en los tiempos modernos. Los bandos impresos, los periódicos y por último las megafonías acabaron con los hombres y mujeres de la trompetilla. Sin embargo, el oficio permanece y se ha convertido en un cargo de gran honor (sin sueldo, generalmente, aunque en algunos casos se pagan cantidades importantes a los famosos de turno).

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Ya huele a fiesta

El concejal de Cultura Armengol Engonga y el alcalde Antonio Román presentaban esta semana el programa de las Ferias y Fiestas 2015. Foto: Jesús Ropero.

El concejal de Cultura Armengol Engonga y el alcalde Antonio Román presentaban esta semana el programa de las Ferias y Fiestas 2015. Foto: Jesús Ropero.

Por María José Establés.

No lo puedo evitar, pero cuando ya se está acabando el mes de agosto, siempre se me escapa una sonrisa cuando veo que Guadalajara se prepara para acoger su Semana Grande. La vuelta a la rutina se hace menos pesada sabiendo que las Ferias comienzan en unos días. Es lo que he pensado casi siempre, aunque debo reconocer que cuando trabajaba en varios medios de comunicación locales, a nivel laboral se llegó a convertir en una de las semanas más temidas del año. Jornadas de trabajo maratonianas, multitud de entrevistas, asistencia a cuatro o cinco eventos al día, y cómo no, algunos que te interesaban más y otro menos. En fin, son gajes del trabajo del periodista. Por eso, me alegra un montón que el Ayuntamiento haya decidido que una de las personas que lleva años al pie del cañón informando de todo lo que pasa en nuestras Fiestas sea el pregonero este año. Ese es Juan Solo, la Voz de Guadalajara. Maestro, te lo mereces.

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A propósito de Ferias…

Concentración de peñistas durante el chupinazo. // Foto: Concejalía de Festejos.

Concentración de peñistas durante el chupinazo. // Foto: Concejalía de Festejos.

Por Rubén Madrid

Lo decíamos hace poco y lo hemos vuelto a constatar: ninguna otra parcela de gestión municipal y ningún otro periodo del calendario local generan tantos ríos de tinta en prensa y tantos garabatos en los muros de Facebook como las Ferias. Habrán tenido ustedes sus propias vivencias y a estas alturas las habrán contrastado con los muchos balances que han proliferado. No vengo yo hoy a convencerles de la opinióncontraria de la que ya se habrán formado. Partimos de la base, además, de que cada cual cuenta la feria según le ha ido y que así puede ocurrir que uno lee que el recinto ferial estaba absolutamente vacío justo cuando llegaba de pegarse de tortas para poder subir al niño a los coches de choque.

Hoy aquí nos detendremos únicamente en cuatro asuntos que, por alguna u otra razón, han merecido menos atención en los últimos días y que consideramos que podrían tenerse en cuenta para mejorar unas Ferias que, por otra parte, creo que en general han dejado un buen sabor de boca.

1. Un balance, pero no de cuentas. Si algún balance interesa sobre todos es el que realiza el concejal de Festejos, Jaime Carnicero, que este lunes volvía a comparecer con escenografía alcaldable, flanqueado por cinco colegas y con comentarios sobrados de suficiencia que demostraban su total convencimiento de que hemos vuelto a vivir las Ferias del siglo. No entraré a juzgar sus juicios sobre cada una de las áreas y novedades del programa. Simplemente quiero insistir en la ausencia de números. Lo decía la portavoz socialista Magdalena Valerio y estoy absolutamente de acuerdo: no hay transparencia en el gasto.

No se puede dar un brochazo gordo diciendo que la semana grande nos ha costado, así al por mayor, más de medio millón de euros y dejar fuera las partes de gasto correspondientes a los patronatos de Deportes y Cultura y a la Concejalía de Juventud. Y no se puede pasar por alto el desglose de los gastos, como hacemos con el ticket de la compra justo antes de salir del supermercado. No es lo mismo un mal desfile, como el de este año, si es tan caro como siempre (rondando los 150.000 euros) o si nos ha costado más o menos que en otras ediciones en que sin duda el resultado ha sido más vistoso. Del mismo modo que juzgamos nuestra satisfacción con el menú de un restaurante o con un viaje de crucero conforme al precio, también aquí se hacen necesarias las cifras. A esto se le suele llamar calidad/precio y resulta un indicador muy útil a la hora de hacer balance de un gasto.

Hay que dar los números, para valorar mejor, por supuesto, pero también por principios: la transparencia resulta fundamental en el ejercicio de las labores públicas, más todavía en asuntos que suscitan un interés tan generalizado como las Ferias.

Resulta también reprochable la ausencia absoluta de autocrítica en la rueda de prensa por parte de Carnicero (la hubo, por ejemplo, por parte de Robisco al hablar de la feria taurina). Confío en que el concejal la haga de puertas adentro con su equipo. No será la primera vez que tuerce el gesto ante algún capón público pero luego corrige para la siguiente edición. Parece más bien que le avergüenza compartir los diagnósticos con los ciudadanos, vecinos y contribuyentes.

Pese a sus esfuerzos, hay hechos evidentes: que el desfile de carrozas de este año, dedicado a las fiestas del mundo, resultó por lo menos peor que los que ha habido desde el acertado cambio de modelo; o que el Festitiriguada es un tremendo error, más fruto de su tozudez que de criterios artísticos, porque no sólo no atrae más público que el anterior Titiriguada, sino que echa para atrás a los amantes del teatro (hablen con los amantes del teatro: el juicio es unánime). La autocrítica pasaría también por reconocer que los conciertos de la Fuente de la Niña han tenido menos público -tampoco ha dado cifras, cuando otros años las había el lunes de resaca-: no pasa nada por decirlo, porque además hay justificaciones, como que el listón estaba ya muy alto y que esta vez en Azuqueca no actúa Karina. Y autocrítica es también reconocer, aunque sea a toro pasado, que se engañó a los espectadores que fueron a ver el reencuentro de los componentes de Duncan Dhu, cuando se sabía desde hace más de un mes que la pareja de Mikel Erentxun no estaría sobre el escenario en Guadalajara.

Admitir los puntos negros, que han sido muchos menos que los puntos a favor, sólo haría más creíble su balance.

2. Ya tenemos ‘festi’. La congregación de grupos en el Festival Gigante como antesala de los conciertos de Ferias fue una de las notas más comentadas de la recta inicial de estos festejos. Aunque, pese a lo que pudiera parecer, no ha sido un evento organizado por el Ayuntamiento  y aunque no congregó la cantidad de público esperada en una cita de estas pretensiones y con precios tan bajos, seguramente se han sentado las bases de un acontecimiento cuya continuidad pasa por el balance de resultados de la empresa organizadora, que al menos ha ahorrado en anuncios en prensa local y en el montaje del escenario, que es el mismo que los conciertos de la programación municipal.

Festival Gigante, durante la actuación de Lori Meyers. // Foto: Producciones Malvhadas.

Festival Gigante, durante la actuación de Lori Meyers. // Foto: Producciones Malvhadas.

Se puede comprender que el público más joven se haya apresurado a dar por ingresada a nuestra ciudad en la posmodernidad porque al fin tenemos un festival de música ‘independiente’, pero lo cierto es que en la ciudad ya había una tradición de festivales como el Panal Rock que no tuvieron nada que envidiar a la nueva criatura. En este regreso festivalero ha faltado, a mi juicio, cabeza de cartel para cada una de sus dos jornadas. Dudo mucho que Niños Mutantes, Sidonie, Izal y Lori Meyers pudieran serlo en ningún festival importante del resto del país. Azuqueca, sin ir más lejos, celebrará una ‘noche indie’ que reunirá en un mismo cartel a tres nombres de similar o mayor pegada que los de las jornadas arriacenses: La Pegatina, Love of Lesbian y Vetusta Morla.

Rebajando, por tanto, los entusiasmos desorbitados, resulta en cambio elogiable que una empresa local y el Ayuntamiento hayan hecho tan buenas migas para sacar adelante un evento complejo que enriquece nuestra oferta cultural. Lo verdaderamente divino, desde luego, es que en Guada ya tenemos ‘festi indie’ y Corte Inglés. Sólo nos falta un Ikea.

3. Un héroe de servicio. Este martes leía que el Sindicato Profesional de Policía Local de Castilla-La Mancha ha solicitado una distinción “del grado que sea” para el agente que durante uno de los encierros de Ferias cortó la hemorragia de un mozo corneado. Su providencial actuación pudo salvarle la vida. Me parece que no habrá mayor reconocimiento que éste para José María Antón, que así se llama el policía. Pretenden sus compañeros que subrayemos una heroicidad donde hay un magnífico cumplimiento del deber… O no me han sabido explicar algo o a mí se me escapa, que todo puede ser. A mi juicio, la sociedad debe reconocer la labor que todos los días realizan agentes, bomberos o médicos con una retribución digna y con un trabajo en las mejores condiciones posibles. No son superhéroes ni nadie espera que lo sean.

4. No disparen sobre el pianista. Otros que cumplen con su deber son los periodistas, y muchos colegas se dan una paliza enorme para que ustedes puedan revivir las Ferias estos días, después de sobrevivirlas. Cuando toman entre sus manos un periódico, ‘clican’ una información digital y ven o escuchan un informativo alguien ha tenido que estar haciendo su trabajo, a menudo mientras los demás dormíamos la mona o llevábamos al niño a unos guiñoles sin gracejo.

El periodista es el pianista que le pone música al salón de las Ferias. Y sin música, convengamos, no es igual. Pero hay quien no resiste la tentación, cuando salta la trifulca y comienzan a silbar las balas, de apuntar hacia el pianista y apretar el gatillo. Yo mismo he encontrado a más de uno abatido sobre el teclado.

'Toros fritos', un dibujo de Picasso en el museo del artista de Buitrago de Lozoya. // Foto: R.M.

‘Toritos fritos’, dibujo de Picasso en el museo del artista malagueño en Buitrago de Lozoya. // Foto: R.M.

Les puedo asegurar que día sí y día también quienes escribimos en prensa nos topamos con acusaciones absurdas que prejuzgan las intenciones de nuestro trabajo más allá de lo imaginable. Nos las hacen, generalmente, partes interesadas. Incluso aguantamos reproches de pretendidos partidismos por parte de periodistas pagados por partidos. Nos critican por ser todos iguales, por no atender a intereses generales y por una cosa y por la contraria. Dicho todo esto sin ánimo de ser victimistas ni de escurrir responsabilidades.

Tampoco las fiestas relajan este ambiente. Y uno ya sabe antes de poner la primera letra de una crónica de un concierto que, si la actuación ha sido mala, tendrá que vérselas con el club de fans indignadísimo, que destapará una inquina personal del periodista hacia el artista de la que el propio plumilla no era hasta entonces consciente. Y un club de fans es como una madre en el partido infantil de los domingos.

Hay otro clásico de las Ferias: los toros. Siempre hay algún iluminado que dice que los toros deben salir de las secciones de cultura de los medios o que los periodistas no deberían hacerse eco de las corridas porque son simple y llanamente sesiones de tortura. No plantean un debate, sino que dejan caer el martillazo de su indiscutible superioridad moral.

La inclusión o no de los toros como un fenómeno digno de cobertura es un debate largo en periodismo que, en mi opinión, unos cuantos redactores provinciales y todoterreno no podemos dar por agotado, porque tampoco –hablo al menos por mí mismo– estamos capacitados para ello. Tenemos opiniones, o gustos, y alguna pregunta: ¿por qué la Real Academia de la Lengua entiende que la tauromaquia es un arte en la primera de sus acepciones? ¿Son las corridas de toros sólo arte cuando las pintan Goya y Picasso?

Es obvio que las posturas son variadas, también entre los propios periodistas. Ocurre en un mismo blog como este, donde hemos podido leer opiniones tan diversas como la de mis colegas Yago López en ‘El arte de matar’ o Concha Balenzategui en ‘Unas decisiones en puntas’. Servidor, por ejemplo, sólo ha ido una vez a los toros y el mejor recuerdo que guarda es el de la limonada. Tengo grabado a fuego, en cambio, el estallido del jolgorio y las charangas en el momento preciso en que la espada le partió el alma al animal. Por eso no he vuelto a pisar una plaza. Me parece un espectáculo de mal gusto. Pero de ahí a callar bocas con mi santa impertinencia va un abismo.

Generar debate es todo un triunfo, una de las más bonitas misiones que tiene el periodismo. Pero lejos de resaltar esta tarea, muchos prefieren descargar sus balas sobre el fotoperiodista que en un momento dado cuelga una imagen de una corrida en vez de apuntar hacia el señor que mata al toro o al empresario que se lucra con el evento. Como si acabar con el pianista pusiese fin a todas las disputas.

Pueden matar al mensajero, como comúnmente se dice, pero el debate seguirá, a menudo en tono chusquero que estos mismos días hemos visto también en algunos foros de internet de la ciudad que están fuera del control de la prensa. Sin piano ni gaitas, allí uno puede acabar dándolo todo a favor o en contra de cuestiones tan elevadas como si los antitaurinos pueden comer bocadillos de panceta.