A propósito de Ferias…

Concentración de peñistas durante el chupinazo. // Foto: Concejalía de Festejos.

Concentración de peñistas durante el chupinazo. // Foto: Concejalía de Festejos.

Por Rubén Madrid

Lo decíamos hace poco y lo hemos vuelto a constatar: ninguna otra parcela de gestión municipal y ningún otro periodo del calendario local generan tantos ríos de tinta en prensa y tantos garabatos en los muros de Facebook como las Ferias. Habrán tenido ustedes sus propias vivencias y a estas alturas las habrán contrastado con los muchos balances que han proliferado. No vengo yo hoy a convencerles de la opinióncontraria de la que ya se habrán formado. Partimos de la base, además, de que cada cual cuenta la feria según le ha ido y que así puede ocurrir que uno lee que el recinto ferial estaba absolutamente vacío justo cuando llegaba de pegarse de tortas para poder subir al niño a los coches de choque.

Hoy aquí nos detendremos únicamente en cuatro asuntos que, por alguna u otra razón, han merecido menos atención en los últimos días y que consideramos que podrían tenerse en cuenta para mejorar unas Ferias que, por otra parte, creo que en general han dejado un buen sabor de boca.

1. Un balance, pero no de cuentas. Si algún balance interesa sobre todos es el que realiza el concejal de Festejos, Jaime Carnicero, que este lunes volvía a comparecer con escenografía alcaldable, flanqueado por cinco colegas y con comentarios sobrados de suficiencia que demostraban su total convencimiento de que hemos vuelto a vivir las Ferias del siglo. No entraré a juzgar sus juicios sobre cada una de las áreas y novedades del programa. Simplemente quiero insistir en la ausencia de números. Lo decía la portavoz socialista Magdalena Valerio y estoy absolutamente de acuerdo: no hay transparencia en el gasto.

No se puede dar un brochazo gordo diciendo que la semana grande nos ha costado, así al por mayor, más de medio millón de euros y dejar fuera las partes de gasto correspondientes a los patronatos de Deportes y Cultura y a la Concejalía de Juventud. Y no se puede pasar por alto el desglose de los gastos, como hacemos con el ticket de la compra justo antes de salir del supermercado. No es lo mismo un mal desfile, como el de este año, si es tan caro como siempre (rondando los 150.000 euros) o si nos ha costado más o menos que en otras ediciones en que sin duda el resultado ha sido más vistoso. Del mismo modo que juzgamos nuestra satisfacción con el menú de un restaurante o con un viaje de crucero conforme al precio, también aquí se hacen necesarias las cifras. A esto se le suele llamar calidad/precio y resulta un indicador muy útil a la hora de hacer balance de un gasto.

Hay que dar los números, para valorar mejor, por supuesto, pero también por principios: la transparencia resulta fundamental en el ejercicio de las labores públicas, más todavía en asuntos que suscitan un interés tan generalizado como las Ferias.

Resulta también reprochable la ausencia absoluta de autocrítica en la rueda de prensa por parte de Carnicero (la hubo, por ejemplo, por parte de Robisco al hablar de la feria taurina). Confío en que el concejal la haga de puertas adentro con su equipo. No será la primera vez que tuerce el gesto ante algún capón público pero luego corrige para la siguiente edición. Parece más bien que le avergüenza compartir los diagnósticos con los ciudadanos, vecinos y contribuyentes.

Pese a sus esfuerzos, hay hechos evidentes: que el desfile de carrozas de este año, dedicado a las fiestas del mundo, resultó por lo menos peor que los que ha habido desde el acertado cambio de modelo; o que el Festitiriguada es un tremendo error, más fruto de su tozudez que de criterios artísticos, porque no sólo no atrae más público que el anterior Titiriguada, sino que echa para atrás a los amantes del teatro (hablen con los amantes del teatro: el juicio es unánime). La autocrítica pasaría también por reconocer que los conciertos de la Fuente de la Niña han tenido menos público -tampoco ha dado cifras, cuando otros años las había el lunes de resaca-: no pasa nada por decirlo, porque además hay justificaciones, como que el listón estaba ya muy alto y que esta vez en Azuqueca no actúa Karina. Y autocrítica es también reconocer, aunque sea a toro pasado, que se engañó a los espectadores que fueron a ver el reencuentro de los componentes de Duncan Dhu, cuando se sabía desde hace más de un mes que la pareja de Mikel Erentxun no estaría sobre el escenario en Guadalajara.

Admitir los puntos negros, que han sido muchos menos que los puntos a favor, sólo haría más creíble su balance.

2. Ya tenemos ‘festi’. La congregación de grupos en el Festival Gigante como antesala de los conciertos de Ferias fue una de las notas más comentadas de la recta inicial de estos festejos. Aunque, pese a lo que pudiera parecer, no ha sido un evento organizado por el Ayuntamiento  y aunque no congregó la cantidad de público esperada en una cita de estas pretensiones y con precios tan bajos, seguramente se han sentado las bases de un acontecimiento cuya continuidad pasa por el balance de resultados de la empresa organizadora, que al menos ha ahorrado en anuncios en prensa local y en el montaje del escenario, que es el mismo que los conciertos de la programación municipal.

Festival Gigante, durante la actuación de Lori Meyers. // Foto: Producciones Malvhadas.

Festival Gigante, durante la actuación de Lori Meyers. // Foto: Producciones Malvhadas.

Se puede comprender que el público más joven se haya apresurado a dar por ingresada a nuestra ciudad en la posmodernidad porque al fin tenemos un festival de música ‘independiente’, pero lo cierto es que en la ciudad ya había una tradición de festivales como el Panal Rock que no tuvieron nada que envidiar a la nueva criatura. En este regreso festivalero ha faltado, a mi juicio, cabeza de cartel para cada una de sus dos jornadas. Dudo mucho que Niños Mutantes, Sidonie, Izal y Lori Meyers pudieran serlo en ningún festival importante del resto del país. Azuqueca, sin ir más lejos, celebrará una ‘noche indie’ que reunirá en un mismo cartel a tres nombres de similar o mayor pegada que los de las jornadas arriacenses: La Pegatina, Love of Lesbian y Vetusta Morla.

Rebajando, por tanto, los entusiasmos desorbitados, resulta en cambio elogiable que una empresa local y el Ayuntamiento hayan hecho tan buenas migas para sacar adelante un evento complejo que enriquece nuestra oferta cultural. Lo verdaderamente divino, desde luego, es que en Guada ya tenemos ‘festi indie’ y Corte Inglés. Sólo nos falta un Ikea.

3. Un héroe de servicio. Este martes leía que el Sindicato Profesional de Policía Local de Castilla-La Mancha ha solicitado una distinción “del grado que sea” para el agente que durante uno de los encierros de Ferias cortó la hemorragia de un mozo corneado. Su providencial actuación pudo salvarle la vida. Me parece que no habrá mayor reconocimiento que éste para José María Antón, que así se llama el policía. Pretenden sus compañeros que subrayemos una heroicidad donde hay un magnífico cumplimiento del deber… O no me han sabido explicar algo o a mí se me escapa, que todo puede ser. A mi juicio, la sociedad debe reconocer la labor que todos los días realizan agentes, bomberos o médicos con una retribución digna y con un trabajo en las mejores condiciones posibles. No son superhéroes ni nadie espera que lo sean.

4. No disparen sobre el pianista. Otros que cumplen con su deber son los periodistas, y muchos colegas se dan una paliza enorme para que ustedes puedan revivir las Ferias estos días, después de sobrevivirlas. Cuando toman entre sus manos un periódico, ‘clican’ una información digital y ven o escuchan un informativo alguien ha tenido que estar haciendo su trabajo, a menudo mientras los demás dormíamos la mona o llevábamos al niño a unos guiñoles sin gracejo.

El periodista es el pianista que le pone música al salón de las Ferias. Y sin música, convengamos, no es igual. Pero hay quien no resiste la tentación, cuando salta la trifulca y comienzan a silbar las balas, de apuntar hacia el pianista y apretar el gatillo. Yo mismo he encontrado a más de uno abatido sobre el teclado.

'Toros fritos', un dibujo de Picasso en el museo del artista de Buitrago de Lozoya. // Foto: R.M.

‘Toritos fritos’, dibujo de Picasso en el museo del artista malagueño en Buitrago de Lozoya. // Foto: R.M.

Les puedo asegurar que día sí y día también quienes escribimos en prensa nos topamos con acusaciones absurdas que prejuzgan las intenciones de nuestro trabajo más allá de lo imaginable. Nos las hacen, generalmente, partes interesadas. Incluso aguantamos reproches de pretendidos partidismos por parte de periodistas pagados por partidos. Nos critican por ser todos iguales, por no atender a intereses generales y por una cosa y por la contraria. Dicho todo esto sin ánimo de ser victimistas ni de escurrir responsabilidades.

Tampoco las fiestas relajan este ambiente. Y uno ya sabe antes de poner la primera letra de una crónica de un concierto que, si la actuación ha sido mala, tendrá que vérselas con el club de fans indignadísimo, que destapará una inquina personal del periodista hacia el artista de la que el propio plumilla no era hasta entonces consciente. Y un club de fans es como una madre en el partido infantil de los domingos.

Hay otro clásico de las Ferias: los toros. Siempre hay algún iluminado que dice que los toros deben salir de las secciones de cultura de los medios o que los periodistas no deberían hacerse eco de las corridas porque son simple y llanamente sesiones de tortura. No plantean un debate, sino que dejan caer el martillazo de su indiscutible superioridad moral.

La inclusión o no de los toros como un fenómeno digno de cobertura es un debate largo en periodismo que, en mi opinión, unos cuantos redactores provinciales y todoterreno no podemos dar por agotado, porque tampoco –hablo al menos por mí mismo– estamos capacitados para ello. Tenemos opiniones, o gustos, y alguna pregunta: ¿por qué la Real Academia de la Lengua entiende que la tauromaquia es un arte en la primera de sus acepciones? ¿Son las corridas de toros sólo arte cuando las pintan Goya y Picasso?

Es obvio que las posturas son variadas, también entre los propios periodistas. Ocurre en un mismo blog como este, donde hemos podido leer opiniones tan diversas como la de mis colegas Yago López en ‘El arte de matar’ o Concha Balenzategui en ‘Unas decisiones en puntas’. Servidor, por ejemplo, sólo ha ido una vez a los toros y el mejor recuerdo que guarda es el de la limonada. Tengo grabado a fuego, en cambio, el estallido del jolgorio y las charangas en el momento preciso en que la espada le partió el alma al animal. Por eso no he vuelto a pisar una plaza. Me parece un espectáculo de mal gusto. Pero de ahí a callar bocas con mi santa impertinencia va un abismo.

Generar debate es todo un triunfo, una de las más bonitas misiones que tiene el periodismo. Pero lejos de resaltar esta tarea, muchos prefieren descargar sus balas sobre el fotoperiodista que en un momento dado cuelga una imagen de una corrida en vez de apuntar hacia el señor que mata al toro o al empresario que se lucra con el evento. Como si acabar con el pianista pusiese fin a todas las disputas.

Pueden matar al mensajero, como comúnmente se dice, pero el debate seguirá, a menudo en tono chusquero que estos mismos días hemos visto también en algunos foros de internet de la ciudad que están fuera del control de la prensa. Sin piano ni gaitas, allí uno puede acabar dándolo todo a favor o en contra de cuestiones tan elevadas como si los antitaurinos pueden comer bocadillos de panceta.

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Un paseo por la historia

10431454_847756368576879_2496866806969374893_nPor Abraham Sanz

Llega el 16 de septiembre. Martes después de ferias y Guadalajara ya respira normalidad. Incluso el buen tiempo reinante durante la semana anterior ya se vuelve un pelín más gris dando paso al otoño y a que la rutina aparezca en la ciudad. Pese a que lo que tocaría hoy sería dedicar estas líneas a realizar un pequeño balance de lo que han sido estas últimas fiesta, debido a que buena parte de estos días los he pasado lejos de aquí, prefiero dejar ese campo abierto y quedarme con las reflexiones de unos y otros que, no obstante, no difieren mucho a la de otros años. Los unos a exaltar las bondades de su programa de actos y de la notable participación; los otros a buscar la crítica sobre el mismo agradeciendo al buen tiempo el más o menos éxito del programa de actos. Lo cierto, es que siempre que el tiempo acompaña, la gente se echa a la calle y la muchedumbre alrededor está asegurada; pero no es menos cierto que la calidad de algunos actos ha bajado con respecto a otros años como los conciertos o las actuaciones de Santo Domingo.

Lo que sí realmente me llamó la atención del programa de festejos para estos días, era la cita “Diez mil y uno pasos al corazón de Guadalajara”, un paseo saludable tanto física como culturalmente. No sólo porque propone una pequeña actividad física para aquellos que se quisieron apuntar, sino porque se aprovechaba un día festivo como el viernes para poder enseñar a la ciudadanía el patrimonio histórico de la ciudad. Si bien éste en su día fue mucho más rico debido a que gozamos de un pasado notable; buena parte del mismo se ha ido perdiendo con el tiempo. De ahí que conocer lo que aún resta del mismo y el pasado de nuestra ciudad, siempre es un buen ejercicio para la semana de Ferias.

Y además, gozó de un éxito notable de participación. Alrededor de mil personas no quisieron perderse este acto que les llevó por Bejanque, plaza de Santa María, el torreón de Alvar Fáñez, el panteón de la Duquesa del Sevillano, el palacio de los Mendoza, el puente de las infantas, etc. Es decir, todo un recorrido por la historia de la capital, en apenas dos horas y poco más de seis kilómetros que nos permite hacernos una día de la evolución histórica de Guadalajara, la importancia de estos lugares en el transcurrir de los años y conocer, especialmente los oriundos de capital y provincia, un poco más de nosotros ya que, muchas veces, somos los mayores profanos en esta materia.

Aunque buena parte del patrimonio histórico se ha perdido bien por catástrofes, guerras o decisiones de otros gobernantes anteriores; todavía queda un abundante legado que se puede disfrutar y conocer mejor. Todo este tipo de iniciativas que sirva para ahondar más en este conocimiento y, más aún en la Semana de Ferias, es un pequeño acicate más para lograr una mayor y mejor conexión de la ciudadanía con el terruño. Y citas como ésta lo consiguen, como también podría haber sido una gran oportunidad aquel fin de semana que se recreó la toma de Guadalajara por Alvar Fáñez que, como experimento no estuvo mal, pero fue una ocasión perdida para ir más allá de un simple teatrillo con la escenificación de aquella afamada escena.

Además, el hecho de combinarlo con el deporte todavía le otorga un brío especial. Ya no es sólo una actividad cultural sin más, sino que se le añaden alicientes como el completar un amplio recorrido por la ciudad, con un dorsal diseñado para la ocasión que se debe sellar a su paso por los monumentos, que crea un aliciente mayor por completarlo para así guardarlo totalmente completado tras la cita.

Confiemos que tras el éxito de esta primera edición, no se estanque y tenga una continuidad que permita a los guadalajareños y a quienes vienen de fuera, adentrarse un poco más en las raíces de nuestra ciudad, conocer mejor sus añejos edificios así como su historia para que gracias al conocimiento de la misma, el vínculo entre ciudad y ciudadanos sea mayor y mejor.

La ciudad incompleta

El recinto ferial con apenas atracciones este año. // Foto: José Enrique Carretero

El recinto ferial con apenas atracciones este año. // Foto: José Enrique Carretero

Por Abraham Sanz

Llegan las Ferias y con ellos esos momentos donde la felicidad y el jolgorio desborda la ciudad. También es un espacio para el enaltecimiento del orgullo de pertenecer a una ciudad, especialmente con el recuerdo en la retina de nuestros años mozos en los que esta semana de septiembre era uno de los mejores reclamos para una ciudad como la nuestra y, cómo, hicimos de Cicerone en más de una ocasión para invitados provenientes de otras ciudades que, tras la experiencia festiva, quedaron más que encantados tanto con la ciudad como con sus anfitriones. Y a pesar de que son las Ferias la época del año en que mejor se vende nuestra capital y en la que más visitas recibe, nunca termina de estar a punto por diversas razones y motivos.

Quizá por morriña o porque este año las fiestas nos las voy a vivir intensamente; preferí no acercarme al pregón de peñas. Otras obligaciones laborales me facilitaron este obligado alejamiento que, no obstante, posteriormente solucioné viendo en algún que otro programa en diferido. Y sinceramente, la imagen tanto de la remozada fachada del Ayuntamiento como de la plaza Mayor, quedan totalmente deslucidas cuando los planos enfocan a este enclave en su amplitud. Los amplios solares que abarcan buena parte de uno de los laterales de la misma, parecen propios de una localidad que no cuida su casco histórico y hacen, que la millonaria inversión que se está haciendo en mejorar el aspecto del corazón de la ciudad, caigan en saco roto. Sé que hubo negociaciones para terminar con estos sensibles huecos que incompletan la plaza; e incluso que el Ayuntamiento estuvo pensando en afrontar una notable inversión para cubrir estos espacios y dotarse de un nuevo edificio municipal. Sin embargo, no fue posible. Ahora no sé si es el momento de reactivarlas o ya las necesidades municipales están más que cubiertas con otras nuevas infraestructuras que se han dotado de servicios propios del Ayuntamiento, pero lo cierto, es que el desaliño de la plaza Mayor sigue siendo mayúsculo.

Y para poder lucir nuestras mejores galas en nuestra Semana Grande, lo habitual es que las obras o terminen para este momento o que bien, se pospongan en este periodo. No sé cuáles son los motivos habrán sobrevenido en el caso de la remodelación de Miguel Fluiters, pero lo que es cierto es que llegaron los grandes días y todo sigue empantanado, obligando a que el habitual desfile de carrozas, siga tomando una ruta alternativa año tras año, sin regresar al lugar del que no debió salir que es la calle Mayor. Entiendo que nuestros dirigentes quieran fijar el foco en el mal llamado eje cultural y su renovación, pero creo que si hay una seña de identidad de una ciudad, esa es su calle Mayor y en ella deben confluir los principales eventos de la ciudad, como es éste en Ferias: mucho más atractivo que el desfile de peñas.

En esta semana, nunca fuimos de presumir de grandes conciertos porque nunca los tuvimos. Nos cansamos de ver repetidamente a los mismos grupos por las mismas fechas que, cuándo no venían ni Celtas Cortos ni Mojinos Escozios, era toda una novedad. Con el cambio de Gobierno, allá en 2007, la política en esta área dio un giro. Se apostó por actuaciones a bajo coste para el público y de artistas de renombre. David Bisbal, Amaral, Melendi, Vetusta Morla, Bunbury, Tequila pasaron por las pistas de la Fuente de la Niña. Parecía que las tornas cambiaban, pero este año, nuestro gozo en un pozo. Y si no fuera por el festival gigante que, al menos gozaba con ciertas perlas del panorama indie en su cartel, lo cierto es que en lo restante la apuesta es bastante floja. ¡Duncan Dhu el sábado de Ferias!…

Y que mejor reclamo para las Ferias que un buen ferial. Muchos años nos pasamos en el antiguo recinto, tragando polvo pero a sabiendas que nunca se reformaría para este fin dado que el plan municipal era, como lo hay hoy, el de ejecutar un gran parque en este espacio. Tras muchos dimes y diretes, se fijó el Ferial al otro lado de la A-2. Con mejores servicios y más limpio –sin duda-, pero menos atractivo y atrayente. Tanto que pasear por el este fin de semana era de lo más deprimente ya que donde antes, más o menos se ocupaba el espacio existente; este año se observaban grandes claros sin las habituales atracciones para los más pequeños.

Al menos el espíritu festivo de las peñas; el buen ambiente tanto en el ferial como en San Roque con sus verbenas y las ganas de disfrutar de estos días; suplen esas carencias con las que Guadalajara llega a su semana grande. Si queremos proyectar como se merece esta ciudad al exterior y lograr que el turismo prosiga aflorando pero a un nivel superior, debemos dar al gran público una imagen que atraiga y una estética apropiada. Quizá estemos en ello, pero aún estamos lejos.

El desfile 0,0

Una de las carrozas del desfile de Ferias del año pasado, sobre la historia de la música. // Foto: R.M.

Una carroza del desfile de Ferias del año pasado, sobre historia de la música. // Foto: R.M.

Por Rubén Madrid

Por quinto año consecutivo, el desfile de carrozas de Ferias vuelve a ser tematizado. La idea, ya saben, consiste en consagrar la puesta en escena de la comitiva que inicia nuestras fiestas a una escenografía concreta: empezó con el sorprendente y muy vistoso 550 aniversario de la declaración de ciudad y siguió con los recurrentes pero resultones desfiles de las historias del cine, del cómic y de la música, para ceder paso este año a las fiestas del mundo. Este sábado, catorce comparsas, once carrozas, siete grupos musicales y, en conjunto, unas 250 personas representarán una serie de escenas relativas a muy populares celebraciones del mundo como el carnaval brasileiro o el cervecero Oktoberfest alemán, según anunció ayer el concejal Jaime Carnicero.

Se pueden debatir las preferencias sobre los temas escogidos (va tocando un desfile literario: los cuentos se prestan por su versatilidad y su arraigo en la ciudad), pero ante todo cabe resaltar el enorme acierto que ha supuesto la decisión de separar el desfile de carrozas y el chupinazo de los peñistas, con un formato que se ha venido defendiendo por sí mismo edición tras edición hasta su actual consolidación.

Aquella otra procesión de los borrachos, con empresas locales de comparsa repartiendo caramelos a niños atónitos por la bacanal andante, ha sido reconducida hacia este otro desfile 0,0 apto para todos los públicos, uno de los mayores aciertos de la gestión de festejos de los últimos tiempos.

Espectáculo en la calle de Guadalajara Mágica. // Foto: R.M.

Espectáculo en la calle de Guadalajara Mágica. // Foto: R.M.

Si en los últimos años el público se arremolina a lo largo del recorrido de la cabalgata de Ferias -dice el concejal que incluso más de 40.000 espectadores- es porque la convocatoria resulta interesante. Somos muchos los que hace cinco años no teníamos absolutamente nada que ver en ese desfile y que ahora, en cambio, esperamos con simpatía un evento cuyo día y hora señalamos en la agenda. Lo vemos y lo criticamos -que para eso lo pagamos, y a buen precio: 157.000 euros el desfile del año pasado-, pero lo cierto es que vamos.

No es fácil lograr este consenso sobre la conveniencia del desfile, más todavía en materia de festejos, que en los tiempos que corren son una materia sometida a examen en grado más elevado que otras cuestioenes como la hacienda o el urbanismo. La mejor prueba de la buena acogida del desfile pasa por la única crítica que cada año se escucha: la comparación con el desfile de carrozas de Azuqueca. Cualquier comparación es odiosa, porque las peñas azudenses pueden presumir de hacer y muy bien sus propias carrozas dedicando muchísimas horas a esta labor. En Guadalajara podrían tenían que superar su formato anterior, vergonzoso, y cabía la vía urgente o haber seguido el modelo azudense, que tampoco se habría logrado imponer de la noche a la mañana. En la capital, este déficit se viene paliando al menos con la integración cada vez mayor de algunos colectivos de la ciudad en el desfile inaugural.

Defienden Carnicero y el alcalde, Antonio Román, su apuesta por el centro y la fiesta de día y creo que tienen motivos para hacerlo. Más allá del muy abordado debate de los espacios, están los contenidos. Es cierto que no han inventado la verbena de jubilados en la piscina, ni la comparsa de gigantes y cabezudos, como tampoco el concurso de dibujo que este año se recupera con acierto después de que cayese con la desaparición de la entidad financiera que lo patrocinaba. Pero, en cualquier caso, es cierto que el equipo actual ha mantenido la mayor parte de estas citas y que en su conjunto, la programación logra un ambiente en pleno centro que ya quisiéramos los vecinos para el resto del año. A las mil maravillas funcionan los mimos y los magos, las bandas de dulzainas y las charangas, los conciertos en Santo Domingo (herederos de los anteriores, más exquisitos, de la Plaza Mayor), los días de la bicicleta e incluso los concursos de pintura y albañilería. También algunas nuevas iniciativas como el teatro al aire libre en la Plaza Mayor están teniendo una respuesta fabulosa. De modo que si nos atenemos especialmente a la cantidad (de público) más que a calidad (de los espectáculos, donde hay sensibles altibajos), el balance viene siendo incontestable, hasta el punto de que podría decirse que en todo caso hay un exceso, y nunca un defecto, de oferta en la calle.

Espectáculo de guiñol en el llamado Festitiriguada, estrenado el año pasado. // Foto: R.M.

Espectáculo de guiñol del Festitiriguada, estrenado el año pasado. // Foto: R.M.

Dicho todo esto, no se puede olvidar el tremendo borrón de las Ferias y Fiestas de los últimos años, que ya hemos destacado en más de un artículo: la supresión del festival de teatro Titiriguada, con su desbordante ambiente artístico en las inmediaciones del Infantado y, aquí sí, su acento en la calidad. Un evento con entidad para llenar un fin de semana del calendario por sí mismo y que, por razones ya expuestas en otras ocasiones, pero que en ningún caso justifican el sacrificio, ha desaparecido completamente del panorama cultural sin que el concejal de Festejos (concejalía que en sus diez años de vida lo programaba) ni su colega de Cultura (que imperdonablemente no ha reclamado el evento para otro momento del año) hayan mostrado hasta la fecha el menor asomo de rubor por la actual transformación en un festival de hinchables y guiñoles encargado a una empresa de animación infantil.

Pero al margen de este hecho puntual, aunque notable, lo cierto es que cada año la programación festival aprueba la reválida y el equipo da síntomas de perfeccionar el programa en vez de estancarse, aunque manteniendo un modelo definido. Hacen su trabajo. Entre la potenciación de esas Ferias religiosas que más deberían implicar a las autoridades religiosas que civiles y esa otra eminentemente nocturna de cuyo vigor en parte deben responder las peñas, que para eso reciben además un buen trozo de subvención, el Ayuntamiento tiene mucho más que decir en esta otra fiesta que miramos quienes por filosofía, edad o capricho, buscamos unas Ferias 0,0, sin misas y sin copas.

El desfile inaugural encarna en sí mismo y mejor que ningún otro evento la apuesta por esta otra programación diurna, light y familiar que en otro tiempo parecía estar en un segundo plano. Pese a todo, y eso ya lo sabemos todos, el éxito o el fracaso de esta nueva edición de Ferias, del desfile al pobre de mí, no volverán a depender tanto del concejal ni de la patrona como del capricho de los cielos.

Unas ferias con fechas inmóviles

La carroza de la Hispano, en el desfile sobre la historia de Guadalajara de 2011. //Foto: lacronica.net

La carroza de la Hispano, en el desfile sobre la historia de Guadalajara de 2011. //Foto: lacronica.net

Por Abraham Sanz

Y este año, ¿cuándo caen las Ferias? Esta pregunta es una de las más escuchadas durante el verano, momento en el que comienza la preparación de la Semana Grande tanto por las peñas como de los propios peñistas que comienzan hacer sus cábalas sobre días libres y demás, para poder disfrutar y participar en todos los actos preparados para tal fin. La incógnita se resolvía rápido, una semana después de que tuviera lugar la celebración de la patrona, el 8 de septiembre. Situación que normalmente, obligaba al equipo de Gobierno de turno, a ir creando un programa de actos alternativo para los días previos en los que actividades infantiles, deportivas y culturales; se mezclaban con los actos religiosos hasta que, por fin tenía lugar el pregón y el desfile inaugural.

Si algo hay que agradecerle a la actual Concejalía de Festejos, es la mesura que han puesto a la hora de racionalizar las fechas y los actos, en aras a lograr una mejor distribución de los mismos para así poder sacarles mayor provecho. Hablo por ejemplo, de la acertada decisión de separar el desfile de carrozas del desfile de peñas. Y sobre todo, de dotarle contenido al primero, imprimiéndole un nuevo elemento característico que debe ir acompañado de unas creaciones acorde a lo que el gentío espera, puesto que el último dedicado a la música fue bastante decepcionante. De todos modos, errar es humano y rectificar es de sabios; y quizá el listón se puso demasiado alto en sus primeras ediciones que ahora, igualarlo es complicado.

Ahora toca hablar de que hacemos cuando la Virgen cae en lunes. Yo cuento bastantes fiestas como peñistas en el que el día 15 sirvió para abrir estos festejos y la espera hasta que llega el momento no sólo se hace larga para los propios peñistas, sino también para la propia ciudad que no recobra su habitual ritmo de vida hasta que no se escuchan los fuegos artificiales. Ante tal evidencia, se quiere buscar desde el Ayuntamiento fijar las fechas en que tengan lugar las Ferias de Guadalajara. No parece mala alternativa, puesto que tras el verano y el epílogo de las fiestas, parece que volver a la normalidad cuesta más de lo que debería. El modelo que propone el actual equipo de Gobierno es incluir la festividad de la patrona, dentro del marco festivo de la Semana Grande. Sin duda, no es algo extraño ya que es lo habitual en la mayoría de las poblaciones de la provincia, donde actos religiosos y profanos se mezclan en el programa festivo; y puede ser una medida que ayude a que a mediados de septiembre, ya la ciudad recupere su habitual latir.

Siempre estarán aquellos nostálgicos que busquen adherirse a la fórmula antigua, por aquello de prolongar más el tiempo festivo; que sin embargo, no es así, ya que entre el 8 y el día del pregón, se encontraban algunos días vacíos de actividad tanto por presupuesto como por no saturar el mismo con exceso de actos o eventos. E incluso, en ocasiones, parecía que se engordaba de más el propio programa para dar cabida a tanto día impregnado con alguna señal de festividad. Y es más, para aquellos más nostálgicos aún, ¿preferimos unas ferias en octubre como marcaban sus orígenes? La verdad, es que no. Ni el tiempo acompañaría ni la ciudad aprobaría tal atraso.

La única pega del adelanto, el hecho de que puedan coincidir con otras pequeñas poblaciones, cuyos festejos también se aglutinan en las primeras semanas de septiembre como El Casar, Almonacid de Zorita, Pareja,… U otras que habitualmente coinciden con las fiestas de Guadalajara como son las de Chiloeches o Cifuentes. Lo cierto es que, la capital no debe adecuar su calendario al resto de pueblos; y casi es preferible que marqué la línea divisoria; para que así, el resto de municipios haga sus cálculos para que pueda ver en qué medida le puede afectar la medida de la capital y elaborar su calendario para que esta afección, sea lo mínima posible.

En definitiva, que si bien no comparto el modelo festivo de las Ferias partidas en dos –más que nada porque el recinto ferial, por ubicación, me parece un error-; si me parece positivo fijarlas una fecha exacta para así conseguir una mejor programación, más planificada y, a su vez, poner también una fecha para que la ciudad despierte del letargo del verano y de la resaca de las Ferias.