El placer culpable de las orquestas

La Orquesta Panorama durante su espectáculo. // Foto: La Crónica

La Orquesta Panorama durante su espectáculo. // Foto: La Crónica

Por Patricia Biosca

El prodigio de las verbenas y sus orquestas es una cuestión que genera odio y amor a partes iguales. O adoras las lentejuelas, los pasodobles y la versión de “Final Countdown” que cierra el baile, o echas pestes del repertorio, de la sobreactuación de los cantantes y de la aglomeración de gente que lo mismo te canta por la Jurado a grito pelado que se emociona con Paquito el Chocolatero. Aquí, en Guadalajara, no se vive con tanto fervor el fenómeno desde la desaparición de Bailem, el mítico grupo que tenía hasta merchandising y fotos de estudio en blanco y negro con el que las jovencitas de la provincia forraban sus carpetas. Sin embargo, hay un lugar donde esa misma devoción continúa aún despierta. Un sitio donde los músicos (y sobre todo los cantantes) son admirados con los mismos gritos que recibían las boy bands en los noventa. Donde el espectáculo de chispas, luces y coreografías es comparable a las míticas galas de “Noche de fiesta” o de “Murcia, qué hermosa eres”. Ese paraíso verbenero es Galicia, y el pasado fin de semana un cachito de su idiosincrasia veraniega se paseó por La Alcarria gracias a la famosa Orquesta Panorama y su Deluxe Tour 2018 (chincha rabiña, José Luis Moreno). Sigue leyendo

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Originales gancheros

Estampa de la Fiesta Ganchera del Alto Tajo pintada por Delia Martín.

Estampa de la Fiesta Ganchera del Alto Tajo pintada por Delia Martín.

Por Concha Balenzategui

Dentro de unos días, el 28 y 29 de agosto, se celebra una nueva edición, la décimo novena, de la Fiesta Ganchera que cada año se celebra en el Alto Tajo. Se realiza esta vez en Peñalén, siguiendo el turno rotatorio establecido entre los municipios que impulsan esta fiesta, que además del anfitrión, son Taravilla, Poveda, Peralejos de las Truchas y Zaorejas.

Leía hace unas semanas uno de esos listados tan extendidos como a menudo vacíos de contenido y rigor, que el evento está considerado como una de las cinco fiestas más originales de España. Pues aceptamos el cumplido, con tal de que se promocione una de nuestras celebraciones más interesantes y también esta preciosa comarca. No obstante, creo que la Fiesta Ganchera podría ser considerada muchas cosas antes que original.

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El intento de Bardales

En la imagen, un momento de la reinauguración de la calle Bardales este sábado. // Foto: www.guadaque.com

En la imagen, un momento de la reinauguración de la calle Bardales este sábado. // Foto: http://www.guadaque.com

Por Abraham Sanz

Han sido muchas noches, muchas. Y, no hacía mucho, paseando una noche de sábado por la céntrica calle Bardales la estampa era inimaginable: falta de bullicio, de ambiente en las puertas de los bares e incluso, un silencio horrible para una zona donde el ruido del ir y venir de gente era su razón de ser. Tal ha sido el declive de esta zona que lo que anteriormente era un cambio de nombres en los bares o de filosofía pero, habitualmente, no de clientela; en los últimos años estos cambios obedecían a vanos intentos de revivir aquellos años en los que el fin de semana tanto esta vía como la plaza del Concejo y Horno de San Gil eran un auténtico hervidero de gente ávida de diversión nocturna.

Yo no me considero muy viejo y aún sigo prodigándome –ya sólo de cuando en cuando- por la noche alcarreña; pero si he tomado la suficiente distancia para comprobar que en el salto de generación, se quebró la ligazón existente o el imán de Bardales para la juventud. Poco a poco sus bares carecían de esa hora punta en la que aguardábamos largas filas por vivir el ambiente del garito de moda –aunque este estuviera a años luz de lo que podíamos encontrar a apenas 50 kilómetros de distancia-; y pasaban a estar la mayoría en punto muerto. Sólo algunos, como aquella aldea gala de Asterix y Obelix, insistían en plantar cara al tedio en que se estaba sumiendo esta mítica zona de la ciudad.

Y aún siguen haciéndolo y con ideas de lo más creativo que, al menos, en su arranque se puede decir que le dio un pequeño repunte a la zona. I love Bardales no surge como la panacea del sector hostelero, pero si se trata de un intento de renovar la imagen de esta zona. No es un intento individual, sino que parte del conjunto de establecimientos que se aglutinan en este espacio del casco histórico que quiere recuperar esa esencia de Guadalajara que nunca debimos dejar caer en el ostracismo. Su planteamiento nace de lo artístico, de lo sentimental y, sobre todo, de lo nuestro. De recuperar ese pedacito de la ciudad que hemos de exportar. No digo que creemos una calle Laurel como en Logroño o imitemos el casco histórico de Salamanca y su tapeo; sino que simplemente recuperemos el alma de la calle Bardales y su ambiente festivo.

Señas de identidad que, aunque sólo se encuentren en una placa, ya dicen mucho de esta nueva iniciativa a su favor. ¿Quién no recuerda, al hablar de Bardales, a su famoso loro y su divertido canto? Son esos pequeños detalles, que ahora recogidos en una placa, hace que nos volvamos a identificar con nuestra calle en la que tanto nos divertimos, alguna vez bebimos de más o robamos algún que otro beso. Son recuerdos de nuestra vida que van ligados a nosotros y que sólo nosotros, los vecinos de la capital, somos los que debemos recuperar ese sentimiento. Lo cierto, es que en plena crisis, esta zona ha vuelto a vivir reaperturas de bares ya no tanto orientados a la fiesta; pero si hacia el tapeo y sus terrazas.

Es este elemento al que se quiere agarrar el ‘I Love Bardales’, lograr que ese ‘terraceo’ que tanto nos gusta cuando llega el verano, tenga su punto de referencia, otra vez en esta zona del centro de la ciudad. Y poco a poco, conseguir que la juventud regrese de nuevo a esta zona donde grandes clásicos como el Cherno y el Sube siguen abiertos; El Figón sigue ofreciendo su tradicional cocina mientras que, La Criolla y la Volvoreta siguen esperando a sus fieles seguidores como si el tiempo no pasara por sus paredes. El Perdigacho y su oferta de vinos; el ‘Primavera’ y su look más desenfadado y, para los más atrevidos, el Aurum Gastrobar. En apenas cuatro líneas, una rica oferta sin desmerecer a lo que ofrece el resto en Guadalajara, pero que importante es que el corazón de una ciudad lata. Y ese latido siempre lo da el pulso de sus habitantes y hacia donde dirigen sus pasos  en su centro histórico, puesto que su alma se extiende por el resto de la ciudad.

Recuperar Bardales sí, tiene algo de nostálgico para todos los que nos encontramos en la década de la treintena o de la cuarentena; pero también es una buena oportunidad para que el centro deje de ser tan aburrido, al menos los fines de semana. I Love Bardales.

San Juan en Jadraque, un motivo para disfrutar

Fiesta de San Juan en Jadraque.

Fiesta de San Juan en Jadraque.

Por Marta Andrés González *

Jadraque celebra este fin de semana la XXVI Cena Medieval y la Hoguera de San Juan en el Castillo del Cid. La cena, a la que puede asistir todo el que lo desee, previa inscripción y hasta completar aforo, comienza a las diez de la noche. Pero, San Juan en Jadraque es mucho más que eso, que no es poco, y además cuenta con la Declaración de Interés Turístico Provincial. La fiesta comienza a las once de la mañana, en la plaza Mayor, con un completo programa de actividades y ambiente de época que se incluye en la II Jornada Cidiana de San Juan. Una cita que implica un motivo más para disfrutar de la vida, de las costumbres y de los amigos. Porque San Juan en Jadraque se convierte en una experiencia única, apta para los cinco sentidos.

Muchas son las ofertas medievales y de época que inundan la geografía española. Pero ninguna como la sanjuanera jadraqueña. Numerosos son los castillos repartidos por la terrible estepa castellana, pero sólo el de Jadraque corona “el cerro más perfecto del mundo”. Desde su cumbre, contemplar el horizonte de la Vega del Henares que ya nombrara el Cantar, asombra, y se alzan aparentemente cercanos el cerro de Hita y los picos de la cordillera central que limita las viejas Castillas.

En el silencio de la Noche de San Juan, ya bien entrada la madrugada, la melodía del grillo acompaña a las sombras de la luna llena sobre la piedra muda, fría, suave e inerte y, en los albores del alba, los cánticos de pajarillos libres recuerdan que es hora de volver a casa. Así lo llevan haciendo desde tiempo inmemorial, cuando los jóvenes jadraqueños subían al castillo para ver amanecer la Noche de San Juan, la más corta del año; noche de fuego y brujas, siempre buenas, con buenos augurios y nobles deseos.

Por el paseo empedrado que nos dirige al Castillo del Campeador, en la que fuera noble  musulmana y mendocina, se inspiran casi sin quererlo los aromas del campo alcarreño, llegados de matojos de jaras y tomillos que empujan a las manos tranquilas a acariciar los frutos de la tierra que empapan los dedos que los aprietan, al pasar, sin intención, sólo con el impulso de tomar prestado un pedacito de paraíso.

El sabor del chocolate a altas horas, dulce remate de los Amigos del Castillo a una cena excelente para todos los públicos y para todos los paladares. Un menú sencillo, de campo, de pastoreo, humilde pero capaz de satisfacer a los más exigentes y de saciar a los que no se sacian nunca, al amparo de los muros del Castillo. Mollete de pan blanco; relleno de chorizo y lomo de matanza y tortilla de patata, tan jugosa y española como las banderas que ondean lacias si Zeus y Júpiter se sosiegan por deferencia celestial hacia las cuatro centenas de comensales que se reúnen para paladear la azúcar y la canela que envuelven la jugosa leche frita a los postres. Y vino que alegra y agua que aclara los sentidos, riegan una cena aderezada con música, danzas, magia y antorchas y ataviada con trajes de época, que aunque ni mucho menos es obligado, sí conviene y anima.

San Juan en Jadraque tiene premio. Servidores municipales y voluntarios diligentes se afanan para que todo salga bien, con la utópica intención de agradar a propios y extraños. Su premio intangible será la satisfacción del trabajo bien hecho y la sonrisa de las almas que deambulan por entre los muros milenarios bajo las estrellas. Y el Premio para los destacados, forjado con polvo, sudor y hierro en las ascuas de la herrería a la usanza del Medievo en la Plaza Mayor, una espada Tizona que mejor colgar que empuñar en la época que nos toca.

La noche de San Juan se adelanta, como casi todo en estos tiempos, pero justifica su fiesta el sábado 21 de junio porque, en esos días, las tropas comandadas por el lugarteniente del Campeador, Álvar Fáñez de Minaya atravesaron la Tierra de Jadraque para reconquistar la Guadalajara árabe. Y porque un sábado en los pueblos, somos más. Y porque saltar la hoguera y soñar debe estar y en Jadraque lo está, al alcance de todos.

Marta Andrés, periodista.

Marta Andrés, periodista.

* Marta Andrés González es jadraqueña. Licenciada en Periodismo, ha trabajado en diferentes medios de comunicación de Guadalajara como El Decano, agencias de noticias nacionales como Europa Press y en la Asociación de la Prensa de Guadalajara. Actualmente vive en Jadraque y trabaja en su Ayuntamiento, donde se ocupa del gabinete de prensa.

La Caballada de Atienza, ¿orgullo provincial?

La Caballada de Atienza, fiesta de interés turístico nacional.

La Caballada de Atienza, fiesta de interés turístico nacional.

*Por Tomás Gismera Velasco

Hoy, domingo de Pentecostés, Atienza rememora la liberación del rey Alfonso VIII, un hecho acaecido por el año de 1162. Celebra La Caballada.

¿Quién en la provincia de Guadalajara o en Castilla no ha escuchado alguna vez el relato que la origina? Su comienzo es sencillo: unos simples arrieros se aliaron para mantener la independencia de su rey y de su reino. A partir de ahí la historia se viene repitiendo año a año a través de los siglos.

Es la tradición provincial que más páginas ha dado a la literatura histórica, y la que conserva el legado de mayor riqueza museística. Es en la provincia, además, la primera fiesta en ser declarada de “Interés Turístico Nacional”, también lo es provincial.
Hoy se acercarán hasta Atienza cientos de personas para admirar cómo, una vez más, quienes mantienen las raíces de la historia rememoran una gesta que se nos pierde en el tiempo, y tras ver el desfile de los cofrades como lo hicieran sus antepasados con el rey de Castilla, nos dirán: ¿Y esto es La Caballada de Atienza?

Muchas de las personas que acuden la ven como un espectáculo por y para cuarenta caballeros, en donde no se da participación al pueblo o al visitante. Lo cierto es que cualquiera que asista a cualquier representación festiva acudirá de espectador.
Si que hay algo de cierto en eso de que La Caballada es de sus cofrades. La Caballada, al contrario que otras representaciones festivas, no aporta demasiado al divertimiento de los visitantes y poco puede hacer por entretenerlos, salvo ofrecerles la autenticidad y austeridad de lo propio, de la Castilla íntegra, de la realidad histórica de nuestra tierra. Lo que los visitantes no conocen es que La Caballada la suelen pagar sus componentes.

No ha tenido mucha suerte La Caballada con los alcaldes de la villa que, al contrario de lo que hacen otros con las tradiciones de sus localidades, debieran de haber levantado y continuar levantando la bandera de la tradición. Tampoco ha tenido suerte en la primera institución provincial, donde los representantes de la comarca debieran de haberla defendido. De haberlo hecho, la mimada fiesta casi institucional de los festivales de Hita, con la que maliciosamente se nos suele comparar, hubiera quedado chica. En Atienza no había nada que inventar, en Hita todo. Y mientras los festivales de Hita parece que tienen asignación institucional, La Caballada ha de acudir en solicitud de ayudas, como tantas otras fiestas y tradiciones, cuando debiera de ser la primera en recibirlas, por historia, significado y antigüedad.

Todavía, en los tres años que ocupa el cargo, no he escuchado hablar de La Caballada, con la propiedad que debiera de hacerlo, al señor diputado de Turismo, que para eso es natural de Atienza y su representante en Diputación. A lo mejor lo hizo -yo no lo he escuchado-, y nada hay que más orgullo acompañe la sangre que enorgullecerse de su propio pueblo, el solar de sus mayores, y de sus tradiciones cuando como esta levantan una bandera que es orgullo castellano a través de los siglos; si así no se hace mal asunto. Algo falla. Quien no vela por lo propio, mal lo hará por lo ajeno.

Eso sí, podrá el señor representante de Atienza alzar otra bandera: Durante su permanencia como diputado ha sido la primera vez en 35 años que La Caballada de Atienza no ha recibido un céntimo de la Excelentísima Diputación Provincial como colaboradora de la tradición desde que se institucionalizaron las ayudas.

Enorgullecen a sus pueblos los alcaldes y representantes que tratan de conseguir el mayor beneficio para sus nuevas e inventadas tradiciones festivas con las que tratan de promocionar el turismo de sus respectivas localidades; lo triste es que se arrincone con ello la Historia y la tradición de mayor solera en la provincia, en la comunidad y puede que en España. A lo mejor esto no lo conocen los señores diputados. Y bueno es que lo sepan, ya que no sólo de la afición a la fotografía ha de vivirse. De la afición por fotografiarse, tal día como hoy, junto a quienes mantienen la raíz histórica atencina.

El Ayuntamiento de Atienza debe de ser colaborador necesario en la festividad, para poder engrandecer una de las páginas más gloriosas de su villa; y el pueblo, también el pueblo de Atienza. Y el comercio turístico de Atienza, a fin de cuentas, único beneficiario económico del día en un pueblo condenado a vivir de la visita turística.

El actual Secretario Fiel de Fechos, velando por la tradición y en nombre de la Cofradía debe de haber perdido la cuenta de las veces que ha hecho el camino de la pasión, o dicho más cristianamente, de las veces que ha subido y bajado las escaleras de las instituciones provinciales mendigando unas ayudas con las que engrandecer la festividad y que, cuando llegan, no cubren la décima parte del presupuesto. En otras ocasiones son negadas.

De acuerdo en que estos son años de recortes, a pesar de que recortar al pobre parece un poco triste. Sobre todo cuando del pobre se hace bandera. Por pocos lugares no se muestra el orgullo provincial hacía La Caballada sin saber, quienes no conozcan el detalle, que los gastos de la fiesta, si de fiesta se trata, los pagan sus cofrades que al margen de clases sociales o ideas políticas mantienen una sola devoción: la permanencia de la tradición. En unidad.

Por no ahondar mucho en el tiempo, apuntaré que en el pasado ejercicio parece ser que los festivales de Hita recibieron una colaboración económica de la Diputación 6.000 veces mayor que la recibida por Atienza, que no recibió nada. Así ya se puede sacar pecho.

En los últimos años, el Ayuntamiento de Atienza colabora con 300 euros, lo cual no es demasiado contra los 12.000 de media que se reparten de escote para el pago de la festividad entre los cuarenta y tantos caballeros que mantenemos con la ilusión con la que lo hicieron nuestros ancestros la memoria de la historia de Atienza. Por supuesto que nada recibe de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

Aun así, estirando el escote, La Caballada, en los últimos años, está dando el ejemplo que no dan algunas instituciones, ni por supuesto otras fiestas o tradiciones de las últimamente inventadas. Estirando el escote ha programado conferencias, exposiciones, e incluso, dando participación al pueblo, ofrece conciertos de música tradicional y degustación de productos en la plaza Mayor. Sin contar con la institución de un ya consagrado certamen fotográfico. Lo cual es digno de todo reconocimiento y que debiera hacer pensar a quienes tienen capacidad de decidir.

Ahora en Atienza se vienen celebrando desde hace un par de años unas jornadas medievales, imagino que con colaboración provincial y local. Desconozco el presupuesto, pero probablemente ofrecer al visitante del domingo de Pentecostés ese día, para el que tiene medio camino andado, engrandecería la tradición por excelencia de la villa, y de la provincia. Ambas cosas, bien organizadas, son compatibles. Atienza ganaría muchos enteros, también La Caballada y quienes visitasen el pueblo.

Mientras tanto, quienes sentimos esa veneración necesaria por las raíces de lo nuestro continuaremos cabalgando, a pesar de ese sentimiento que nos hace sentir el desaire institucional, recordando que un día, allá por 1162, nuestros antepasados pusieron en el trono de Castilla a uno de los reyes que mayor huella dejaron en el tiempo, Alfonso VIII. Lo cuentan los libros de historia. La de la Caballada de Atienza también está en los libros, para quienes deseen documentarse en torno a ella, y se hace presente cada domingo de Pentecostés.

Tomás Gismera Velasco

Tomás Gismera Velasco

*Tomás Gismera Velasco (Atienza, 1958), es escritor e historiador. Tiene publicada una docena de libros en torno a la Historia, costumbres y personajes de la provincia de Guadalajara. Igualmente y como colaborador de prensa, decenas de artículos en torno al costumbrismo, la Historia y la etnografía. Es fundador y director de la revista digital Atienza de los Juglares. Cofrade de La Caballada desde hace 30 años, es igualmente autor de los libros La Caballada de Atienza (Zaragoza, 1994), y La Caballada de Atienza, historia y tradición (Guadalajara, 2009).

 

 

Carnaval con cara de Cuaresma

Por Concha Balenzategui

Cartel del Carnaval de Guadalajara 2013. // Fernando Benito

Cartel del Carnaval de Guadalajara 2013. // Fernando Benito

Es sábado de Carnaval, pero parece que la ciudad no se ha despertado animada por el frenesí y la chanza que debieran acompañar a Don Carnal. Las personas que a estas horas están dando las últimas puntadas a su disfraz, que las hay, son una clarísima minoría. Esta es una ciudad, hemos de reconocerlo, poco dada a la máscara y a la lentejuela.

No pretendo hacerme eco del lamento, al que en Guadalajara estamos muy acostumbrados, de pensar que lo que se cuece en casa tiene menos sustancia que en el puchero del vecino. No vamos a estas alturas a aspirar al gracejo gaditano o a la vistosidad tinerfeña. Pero tampoco me vale como justificación la prohibición franquista a la que solo escaparon los bailes cerrados del Casino y algunos escarceos más populares en El Alamín o el Cerro del Pimiento.

Hay que reconocer que Guadalajara tiene sus propias señas carnavalescas. La fiesta rural, esa de cuerna y arpillera, resulta una manifestación de enorme valor etnográfico. En la capital, el grupo Mascarones ha cubierto largamente un cuarto de siglo de gloriosa presencia, vistosidad y laboriosidad en sus comparsas.

Pero ambos casos son honrosas excepciones a la falta de sangre carnavalera que impera. En ellos, además, la celebración tiene más de espectáculo que de rito. Más de exposición para curiosos que de frenesí participado o contagiado.

En nuestra capital, la juerga propia de las carnestolendas ha corrido casi siempre por rutas muy distintas a las del programa oficial. No me duelen prendas en decir que aflora más imaginación y divertimento en algunos desfiles de carrozas y bailes de disfraces de muchos municipios de la provincia que en el desfile del Sábado de Carnaval de la capital.

Desfile de adultos.// Ayuntamiento de Guadalajara

Desfile de adultos.// Ayuntamiento de Guadalajara

Por muchos intentos que hayan hecho las sucesivas corporaciones desde que en 1981 Javier Irízar estableciera unas actividades “oficiales”, no se ha logrado una fiesta participativa. El desfile del sábado, el de adultos, casi siempre resulta pobre y frío. Si algunas comparsas alcanzan la brillantez, si algún disfraz es meritorio, el conjunto queda insípido o escaso. Porque falla la propia concepción del acto, donde unos pocos desfilan y otros muchos miran sin disfrazarse; donde unos bailan y otros soportan frío con cara de Cuaresma. Al final del acto, casi siempre encorsetado por dorsales y premios, cada uno a su casa.

Y sin embargo, sorprende que horas más tarde, una fauna multicolor empiece a pulular por los bares y pubs. Es el carnaval nocturno, ese que no desfila y no compite, pero que se divierte y participa. Con disfraces pensados unas semanas antes, cuatro trapos improvisados o la visita de última hora al bazar chino. Gente con ganas de divertirse, de jugar al “¿quién soy?” detrás de un antifaz y un cubata. Gente joven, que no sabe de prohibiciones franquistas; que se ha curtido en las celebraciones colegiales o en el propio desfile infantil de cada año, en el que quienes derrochan habilidad son… los mismos padres y madres mañosos que no se aplican el arte a sí mismos.

Para ellos, los de espíritu libre, es esta noche de fiesta. Y también para Mascarones, que aliados con el Ayuntamiento -unos años más y otros menos- tratan de impregnarnos de fiebre carnavalesca. Y para las asociaciones y grupos que pelean cada año para que la botarga, la mascarita, el zarragón o la vaquilla, vuelvan a salir por las calles de su pueblo.