Un extraño verano (parte I)

Por Patricia Biosca

¿Se acuerdan de esa sensación de torpeza al coger el lápiz cada mes de septiembre al volver al colegio, después de un verano en el que apenas habían hecho unos rayajos en el libro de “Vacaciones Santillana”? Esa sensación de ineptitud, de que habían olvidado escribir porque llevaban dos meses corriendo salvajes, de aquí para allá desde las primeras horas de la mañana tras una noche pegajosa y hasta bien entrada una nueva luna, buscando el fresco. Y, de repente, todo aquello se paraba en seco, tocaba ponerse el chándal nuevo de manga larga, la mochila con los nuevos Alpinos y los libros forrados e impolutos. Aunque había cierto disfrute, el corte era traumático. Algo de esa sensación siempre se queda impregnada en nosotros, incluso cuando nos hacemos mayores y tenemos que ir a trabajar. Así que para evitar esa sensación de vacío, intentamos hacer aterrizajes suaves, dándonos un último capricho antes de volver a la dieta, haciendo una última escapada para recordar que hace unos meses nos las prometimos muy felices, armar planes para octubre. Pero, ¿qué pasa cuando el verano no ha terminado de ser verano y el monótono otoño trae halos de catástrofe?

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Guía rápida de supervivencia a las fiestas de los pueblos

Pregón de Cabanillas del Campo. // Foto: Henares al Día

Pregón de Cabanillas del Campo. // Foto: Henares al Día

Por Patricia Biosca

Quien más, quien menos, todos hemos tenido el contacto con alguna fiesta popular en verano. Que si son las fiestas de al lado, que si conozco a no sé quién de esta peña, que si me han dicho que los encierros están muy bien, que si viene tal grupo el sábado aquí… las excusas son múltiples y variadas, pero el contagio fiestero (festero para los más puristas de la lengua, si bien están aceptados por la RAE ambos términos) es casi inevitable. Poco importa que los programas se lleven repitiendo en lugar, forma y tiempo desde hace décadas: el regusto a volver al terruño es un seguro inalterable al que muy pocos se atreven a enfrentarse. Y, de hecho, serán mirados de la misma forma que mira el emoticono de WhatsApp con cara de asco si a alguien se le ocurre decir que esa semana se ha reservado para ir a otro lugar que no sea el pueblo. ¡Ay de aquel que se atreva a tal blasfemia! Sigue leyendo