El enterrador guadalajareño de Franco

El equipo de enterradores dirigido por Gabino Abánades durante el funeral de Francisco Franco. // Imagen: RTVE

El equipo de enterradores dirigido por Gabino Abánades durante el funeral de Francisco Franco. // Imagen: RTVE

Por Patricia Biosca

Existe la teoría científica de que los recuerdos impregnados en emociones se graban a fuego como una marca imborrable. Son esa clase de memorias que permanecen vívidas a lo largo del tiempo, a pesar de que se viva muchos años más y de que el cerebro acumule muchas más historias entre sus rincones. Uno de esos recuerdos que casi permanece como una fotografía en mi cabeza es la única vez que servidora ha estado en el Valle de los Caídos. Una joven adolescente impresionable ya sabía de lo que significaba la mayor fosa común de España, esa que alberga casi de 34.000 cuerpos entre sus paredes, con más de 12.000 sin nombre, orden ni concierto. Aquella que rememora el periodo más negro de la historia reciente del país, donde miles de personas trabajaron e incluso murieron para satisfacer los delirios de grandeza de un mitómano que se había autoproclamado “Caudillo de España por la Gracia de Dios”. Con toda esa información bullendo en las vísceras, vio desde el autobús a lo lejos la cruz más grande del mundo cristiano, pero lo que más llamaría su atención fue las inmensas estatuas que flanquean el paso hacia donde Franco está -se supone- enterrado. Media vida después de eso, recuerdo la sensación abrumadora de aquellas esculturas que hoy se deshacen con el paso del tiempo. Sigue leyendo

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Exaltación de la democracia

20n

Cartel de la actividad programada por Ahora Guadalajara para este domingo 20

Por Álvaro Nuño.

Con el inexorable paso del tiempo, el 20 de noviembre ha dejado de tener mucho sentido para una inmensa mayoría de la población. Si hablamos del 20N a personas con menos de 40 años, estoy convencido de que la mayoría ni siquiera sabrá qué ocurrió ese día y por qué deberían recordarlo. Quizás las personas más mayores si se acordarán. Fue sin duda una fecha histórica puesto que, tras 40 años de una larga y cruel dictadura, moría su generalísimo, Francisco Franco. Comenzó entonces un periodo de transición que nos llevaría, con más luces que sombras a la democracia de la que hoy disfrutamos plenamente. El próximo domingo se cumplirán 41 años de la efeméride y, coincidiendo con la fecha, un grupo político del Ayuntamiento ha organizado un acto público reivindicativo: ¿Nostálgicos? No. Justamente lo contrario.

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Examen de madurez

exhuma mendieta

Ascensión Mendieta supervisa en primera línea los trabajos de exhumación del cuerpo de su padre. // Foto: Twitter SER Guadalajara

“Y sentarnos todos: / los despiezados, los perdidos, los que consumen cera a la izquierda, / los sepultados sin sepultura, los que fueron ceniza, denso vacío, / los que dijeron la palabra y los que callaron y tuvieron miedo, / los avergonzados, los postergados por el amor, los heridos por el deseo, / los que esperan sin saberlo y los que saben y ya no esperan, / los que fueron luz o sonrisa, los que dejaron algo, los que apenas fueron.” (“Esta extraña fidelidad tan perruna y nuestra”, Antonio Crespo Massieu)

Por Borja Montero

Guadalajara está siendo estos días escenario de lo que debería ser un ejemplo de madurez democrática. El inicio de las labores de exhumación e identificación de los restos mortales de Timoteo Mendieta Alcalá no debería ser noticia, sino simplemente el último trámite que una familia tiene que atravesar para poder recuperar el cuerpo de su pariente represaliado. Sin embargo, el revuelo mediático que ha supuesto este caso, así como la peripecia necesaria para llegar a su resolución, indican que, lejos de que la España constitucional haya llegado a su mayoría de edad (habiendo cumplido ya los 40 años, recuerden), la verdadera reconciliación nacional, la que consiga igualar finalmente el status de los participantes en la Guerra Civil, la que quite honores a unos y, sobre todo, condenas y penas a otros, se antoja imposible de conseguir. Sigue leyendo

Franco no volverá

Por Francisco Palero*

Francisco Palero

Francisco Palero

Se decía en aquel 1975 y en aquella Guadalajara, que había cambiado social, económica y culturalmente, que un viejo republicano, escaso de recursos, llevaba años yendo todas las mañanas al quiosco de prensa de Santo Domingo y cogía el periódico ABC, sin comprarlo, aún indicando el quiosquero que podía mirar en su interior, a lo que respondía no ser necesario, porque la noticia que él esperaba iba a aparecer en primera página. Y un día la primera página reseñaba un lacónico “Franco ha muerto” junto a la imagen del dictador metido en el féretro y Arias Navarro llorando. Y ese día, el único en su vida desde que terminó su condena en Cuelgamuros, allá por el año 1956, ese hombre compró el periódico.

Esa fue la foto que sintetiza los hechos que recuerdo y que recorrió todas las agencias internacionales: fue tan importante que ha perdurado en todas las hemerotecas.

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Julio de 1936: Cuando los oprimidos dijeron “no”

MIlicianos leales a la República, en el momento de arrestar al líder de la sublevación fascista en Guadalajara, comandante Ortiz de Zárate

MIlicianos leales a la República, en el momento de arrestar al líder de la sublevación fascista en Guadalajara, comandante Ortiz de Zárate

El comandante fue ejecutado junto al puente del Henares, el 22 de julio del 36

El comandante fue ejecutado junto al puente del Henares, el 22 de julio del 36

Por Juan Pablo Calero Delso *

En la última década del siglo XIX el periódico El Atalaya de Guadalajara publicó una serie de artículos en los que algunas personalidades locales ofrecían su particular respuesta a la pregunta: “¿Es pobre o rica la provincia de Guadalajara?”. La mayoría destacaban la excelencia de sus materias primas mineras y madereras, la fecundidad de su producción agrícola o ganadera y la abundancia de sus ríos; el ingeniero anarquista catalán Celso Gomis, que la visitó en 1882, apuntó: “¡Si esta agua la tuviésemos en Cataluña, pensaba yo para mis adentros, qué de fuerza desarrollaría, cuántas máquinas pondría en movimiento, a cuántos cientos de brazos daría trabajo!”. Si no faltaban los recursos, tampoco escaseaban los capitales, pues aquí tenía su solar la más opulenta aristocracia de aquel tiempo: los Infantado, los Osuna, los Figueroa, los Desmaissieres…

Sin embargo, Guadalajara fue una de las provincia menos desarrolladas, porque las familias que la dirigían con mano firme desde las décadas finales del siglo XVIII antepusieron sus intereses particulares al bien común y, para disfrutar sin disputa del poder político y manejar a la provincia y sus habitantes a su antojo, entorpecieron su progreso económico: una provincia empobrecida condenaba a la indigencia a sus habitantes que, para su simple supervivencia, dependían de los favores del poder político. Fue así como la élite liberal de Guadalajara disfrutó de una autoridad incontestable y se acostumbró al ejercicio altivo del mando. Su red clientelar cubrió con su manto hasta el último pueblo.

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De Franco al aquelarre

Retirada de la estatua de Franco, con una grúa, hace diez años. // Foto: Efe.

Retirada de la estatua de Franco, con una grúa, hace diez años. // Foto: Efe.

Por Rubén Madrid

Franco murió hace cuarenta años, pero de Guadalajara no se fue hasta hace sólo diez. El lunes se cumplió el décimo aniversario de aquella decisión controvertida del entonces alcalde Jesús Alique, que se adelantó por unos meses a la Ley de Memoria Histórica del gobierno de Zapatero y decidió bajar del pedestal al dictador, objeto a menudo de un vandalismo de baja intensidad.

En el amanecer del 24 de marzo no apareció el rostro de la efigie pintado de colores ni la cabeza cubierta por un cubo de basura, como era frecuente. Aquella mañana la estatua de Franco ya sólo estaba en los periódicos, que daban cuenta de que había sido apeada en plena noche, en una decisión que tampoco esperó al veredicto de una comisión de expertos, como se había anunciado. Y con la desaparición de Franco de su lugar frente a dos colegios le llegó también su hora al pomposo monumento a José Antonio Primo de Rivera en la Concordia: su presencia allí no sólo manchaba el nombre del propio parque (concordia, nada menos) sino que resultaba aberrante en un espacio para juegos infantiles. Sigue leyendo