The Neverending Hospital Story

 

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Emiliano García-Page junto a Jesús Fernández Sanz en la visita con supuestos “figurantes” // Foto: JCCM

Por Patricia Biosca

 

“¡No puede ser, es imposible!”, gritaba Bastian a la vez que pegaba un puñetazo encima del libro. Esas páginas escribían a tiempo real una historia, la suya, que se entremezclaba con otra de un mundo llamado “Fantasía”, que agonizaba ante la llegada de la “Nada”, ente negro que se tragaba todo a su paso, convirtiéndolo en una suerte de Universo antes del Universo. Ahí es nada el argumento que se marcó Michael Ende en su novela “La historia interminable”, un clásico de la literatura juvenil que tiempo después fue reconvertido en una polémica película ochentera odiada por los lectores, idolatrada por los amantes de la ciencia ficción de bajo presupuesto pero muy altas miras. El propio Ende renegó de la adaptación, seguramente por la implicación personal con su obra: antes de terminar de escribirla, aseguró a sus editores que estaba atrapado en “Fantasía” y que necesitaba ayudar a Bastian a salir de allí, o quedaría atrapado para siempre. Les parecerá una locura, como lo de Ende, pero es justo lo que me ha ocurrido a mí al intentar escribir sobre las obras del hospital de Guadalajara (aunque yo aún estoy buscando a un perro volador que me amenice el viaje). Sigue leyendo

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