El enterrador guadalajareño de Franco

El equipo de enterradores dirigido por Gabino Abánades durante el funeral de Francisco Franco. // Imagen: RTVE

El equipo de enterradores dirigido por Gabino Abánades durante el funeral de Francisco Franco. // Imagen: RTVE

Por Patricia Biosca

Existe la teoría científica de que los recuerdos impregnados en emociones se graban a fuego como una marca imborrable. Son esa clase de memorias que permanecen vívidas a lo largo del tiempo, a pesar de que se viva muchos años más y de que el cerebro acumule muchas más historias entre sus rincones. Uno de esos recuerdos que casi permanece como una fotografía en mi cabeza es la única vez que servidora ha estado en el Valle de los Caídos. Una joven adolescente impresionable ya sabía de lo que significaba la mayor fosa común de España, esa que alberga casi de 34.000 cuerpos entre sus paredes, con más de 12.000 sin nombre, orden ni concierto. Aquella que rememora el periodo más negro de la historia reciente del país, donde miles de personas trabajaron e incluso murieron para satisfacer los delirios de grandeza de un mitómano que se había autoproclamado “Caudillo de España por la Gracia de Dios”. Con toda esa información bullendo en las vísceras, vio desde el autobús a lo lejos la cruz más grande del mundo cristiano, pero lo que más llamaría su atención fue las inmensas estatuas que flanquean el paso hacia donde Franco está -se supone- enterrado. Media vida después de eso, recuerdo la sensación abrumadora de aquellas esculturas que hoy se deshacen con el paso del tiempo. Sigue leyendo