Ordenar las setas

Por Raquel Gamo

Tan ligadas al otoño como la caída de la hoja, los colores pardos y los primeros fríos, las setas se han convertido en Guadalajara no sólo en un reclamo para salir al campo sino en una actividad económica que hace tiempo que conviene fiscalizar y regular. Hay dos formas de escarbar en el monte para disfrutar de la micología: hacerlo por puro placer, alrededor de una jornada familiar o entre amigos; o con un interés crematístico. Ambas opciones tienen consecuencias para la conservación del entorno natural, pero la segunda es, además, lesiva para la actividad común de los pueblos ricos en aprovechamientos de setas y hongos.

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Galve, Retiendas, Cifuentes

Por Raquel Gamo

“La mayor cultura de nosotros mismos y las generaciones venideras son la mejor guarda de nuestro patrimonio”. Lo dejó escrito en varias ocasiones el malogrado profesor José Luis García de Paz, investigador del patrimonio, y la frase sintetiza el espíritu que recorre algunos pueblos de nuestra provincia que han encontrado en la reivindicación del patrimonio una manera de acentuar sus raíces y de pelear por su futuro.

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Galve: un castillo que agoniza

Cadena humana que el 11 de octubre rodeó la fortaleza en un acto reivindicativo. // Foto: Enrique Palacio.

Cadena humana que el 11 de octubre rodeó la fortaleza. // Foto: Enrique Palacio.

Por Raúl Conde *

Miguel Delibes, cuando ya se había convertido en un arquetipo literario gracias a una prosa sobria y fluida que alumbró la narrativa de posguerra, pronunció su discurso de ingreso en la Real Academia Española en 1975. La intervención, titulada “El sentido del progreso desde mi obra”, apareció cuatro años después en forma de libro bajo el título Un mundo que agoniza. Les sugiero que lo lean. Casi cuarenta años después, sigue siendo una pieza soberbia con un mensaje que no ha perdido un ápice de vigencia. El escritor vallisoletano traza una defensa cerrada del medio ambiente como palanca del futuro, alerta de los efectos del progresivo éxodo demográfico y constata la destrucción del territorio rural. También advierte de que son, precisamente, las gentes de los pueblos las víctimas de un proceso irreversible y nocivo que amputa una parte sustancial de la herencia cultural castellana, que es tanto como decir de España.

Cuando Delibes esgrimió estas ideas, el castillo de Galve de Sorbe llevaba décadas agonizando y casi un lustro en manos privadas. Subastado en 1971 tras renunciar a su titularidad la Casa de Alba (sí, la de la difunta duquesa), el monumento es ya un símbolo tétrico del patrimonio en Castilla-La Mancha. Sigue leyendo

La razón de la sinrazón

El consejero de Sanidad, José Ignacio Echániz, en un acto electoral en Azuqueca, este fin de semana. // Foto: PP Guadalajara

El consejero de Sanidad, José Ignacio Echániz, en un acto electoral en Azuqueca, este fin de semana. // Foto: PP Guadalajara

Por Concha Balenzategui

Eduardo Galeano, escritor uruguayo que nos dejaba hace unos días, dejó escrito que “el mundo está loco; quizás la solución esté en un congreso internacional de psiquiatras”. He leído que se refería a la guerra, lo que justifica plenamente esta reflexión, pues la guerra es sin duda el más aterrador de los monstruos producidos por el sueño de la razón.

Salvando las distancias, también la frase puede aplicarse a las campañas electorales, periodos que acrecientan esa sensación de que el mundo está desquiciado. La que está a punto de iniciarse de facto en España, y sus aplicaciones local y regional, desbarata las noticias de tal modo que no hay lugar para los grises ni los matices en las lecturas. Si la primera víctima de una guerra es la información, en la batalla electoral la que sufre menoscabo es la objetividad en las visiones de los bandos enfrentados.

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Buenas noticias para el patrimonio

Lectura del manifiesto por el castillo de Galve de Sorbe. // Foto: Óscar Cuevas

Lectura del manifiesto por el castillo de Galve de Sorbe. // Foto: Óscar Cuevas

Por Concha Balenzategui

No está todo perdido. En dos días se han cruzado en la prensa provincial sendas noticias que se apuntan en el haber del patrimonio provincial. Ya las conocen: la inauguración del museo parroquial de Pastrana, donde se exhiben sus afamados tapices, el pasado viernes, y la cadena humana en torno al castillo de Galve de Sorbe, el sábado. Dos ritos de muy distinto formato y consideración, evidentemente, pero con un sentido positivo innegable. En común tienen la constatación de que la sensibilidad por el cuidado del patrimonio gana enteros. En el caso de la villa alcarreña se celebra ya la consecución del grueso de los objetivos (no todos), y en el pueblo serrano solo se ha dado un paso más, una muestra palpable de que la población no permanece adormecida ante la desidia. Dos hitos que plasman que la intensidad de las preocupaciones que nos acucian en estos días -el paro, la crisis, los servicios básicos…- no nos hacen perder de vista otras cuestiones de calado, como son los bienes culturales. En definitiva, que lo urgente no oculta lo importante.

Sala donde se exhiben los tapices restaurados. // Foto: Elena Clemente. www.culturaenguada.es

Sala donde se exhiben los tapices restaurados. // Foto: Elena Clemente. http://www.culturaenguada.es

Con todos los honores, la presencia de María Dolores Cospedal, y la música a cargo de Ignacio Yepes, se ha celebrado la apertura del museo donde se exhiben los tapices flamencos que, completamente restaurados, han sido admirados en distintos países y ahora pueden serlo en su casa. Ha sido un día grande para Pastrana porque se pone fin a años de desazón por el estado de esas fantásticas telas del siglo XV, y a tiempos de incertidumbre sobre su destino final.

No es el momento de repasar los retrasos en las obras de la Colegiata, comprometidas en tiempos anteriores a la crisis, o las causas por las que estas joyas llegaron a ser pasto de las polillas. Hoy, cuatro de las telas ya están perfectamente rehabilitadas, gracias a la Fundación Carlos de Amberes, y además cuentan con un espacio donde podamos contemplarlas, con las suficientes garantías de que no volverán a ser dañadas por la humedad, el polvo, o las condiciones inadecuadas de luz y temperatura. Y eso es lo importante. Sabemos que aún quedan dos telas por restaurar, pero a la vista del resultado del trabajo anterior, las esperas no estarán envueltas en la incertidumbre.

Estoy segura de que muchos hemos apuntado ya entre nuestras próximas salidas una visita a Pastrana para contemplar las telas en el moderno museo. Y en mi caso, despejar algunas dudas que aún me planteo viendo las fotografías de la exposición, porque siempre he pensado que esas grandiosas telas requerían de más espacio para poder contemplarlas a una distancia en la que la vista abarque el conjunto, y en la cercanía que permita apreciar los detalles de las batallas. Personalmente, siempre creí que un espacio grandioso como el Palacio Ducal, restaurado e infrautilizado, era el mejor lugar para la exhibición de las telas. Pero doctores tiene la ciencia museística como para cuidar detalles de la conservación que a los profanos se nos escapan.

Pastrana tiene un motivo más para presumir, y no son pocos, y para afrontar con más argumentos el Año Teresiano que se avecina, pues en marzo de 2015 se cumplen 500 años del nacimiento de la santa que fundó dos conventos en la villa, y que residió unos meses en el palacio ducal dirigiendo la instalación de esas dos congregaciones.

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Los dulzaineros “Kalaberas” tocan al pie del castillo de Galve, en la jornada del pasado sábado // Foto: Ó.Cuevas

Al día siguiente, con un acto bastante más sencillo, los vecinos de Galve de Sorbe, algunos hijos de este municipios, algunos habitantes de otros pueblos de la sierra, y algunos forasteros amigos o simpatizantes de la causa, volvieron a hacer una llamada de atención sobre el estado de su castillo. El de Galve de Sorbe, como Salvar Bonaval, o los Amigos de Villaescusa de Palositos, es un movimiento que, de por sí, causa simpatía. Basta con leer cuatro líneas sobre la historia de estos bienes (el castillo, el monasterio o la iglesia), ver dos imágenes de lo que eran y lo que son, y conocer los propósitos de las asociaciones que los sostienen, para despertar el interés y la adhesión de cualquiera con un mínimo de querencia por esta tierra. Pero cuando uno acude a uno de estos actos de reivindicación, o conoce a uno de los impulsores, se ve contagiado de la ilusión y del desvelo por estas piedras.

El sábado, subiendo la cuesta del castillo de Galve y observando de cerca sus lienzos y almenas, me dio por pensar que el estado de esta fortaleza no es tan dramático como el de otras en la provincia. Quiero decir que el deterioro ha hecho menos mella física que en otros castillos -y todos tenemos ejemplos en la mente- como para pensar que aún es posible una actuación que le devuelva la majestuosidad. Pero sobre todo, me refiero a que aquí ni el olvido ni el conformismo van a permitir que la ruina avance de modo silencioso. Porque hay gentes dispuestas a enviar cartas, a reunirse con las autoridades competentes, a organizar actos -quizá sencillos y no tan multitudinarios como quisieran- pero con la capacidad, constancia y entereza suficientes como para seguir reivindicando lo que es justo. Quizá porque les mueve el apego por este castillo, que en definitiva es suyo, porque lo defienden, porque recorta el horizonte de un paisaje que les identifica, porque preside el caserío que les pertenece, porque es el escenario de sus batallas de infancia, y la esperanza de un futuro que tiene que apuntalarse necesariamente también en el turismo. Y si ellos no lo hacen, no lo va a hacer un propietario que lo adquirió, junto a otros castillos de la provincia, en una subasta ignominiosa, para después desentenderse de ellos, ni una Administración que siempre tiene excusas para aplazar sus actuaciones.

Por eso, el abrazo que los vecinos de Galve y de la Sierra dieron al castillo el pasado sábado, pese a no ver aún la luz al final del túnel, es también una buena noticia para nuestro patrimonio.