Un punto y muchas protestas

Por Ana G. Hernández

Los alcarreños suman un punto más. // Foto: Deportivo Guadalajara.

Los alcarreños suman un punto más. // Foto: Deportivo Guadalajara.

El Deportivo Guadalajara sacó un empate de su primera visita a Euskadi esta temporada. Una buena noticia para un equipo que la campaña pasada se le dio muy mal eso de cruzar Burgos y volver con algo más que ropa sucia en la mochila. Digo que se trata de una buena noticia porque puntuar lejos de casa siempre es positivo y más frente a un rival que ha comenzado muy bien la temporada.

Un punto que quizá se antoja corto o pequeño, si se tiene en cuenta que este Depor de Manolo Cano pretendía abrir una nueva dinámica en Gernika. Una etapa positiva con la que poner punto y final a las primeras cinco jornadas ligueras que no han reparado al equipo grandes resultados. No en vano, las derrotas a domicilio y, especialmente, la que cosechó frente al Barakaldo en el Pedro Escartín han escocido mucho a una plantilla necesitada de buenos resultados. No obstante, el punto conseguido será bueno siempre y cuando el conjunto morado haga los deberes en casa frente al Portugalete. Y es que, los tres puntos empiezan a ser necesarios para que el equipo se asiente y crea en sí mismo. Sigue leyendo

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Guía útil para el votante de izquierdas

Mesa electoral en un colegio de Guadalajara. // Foto: lacronica.net.

Mesa electoral en un colegio de Guadalajara. // Foto: lacronica.net.

Por Rubén Madrid Tal vez sea usted un votante de izquierdas despistado. Si usted tiene pensado votar al PSOE, puede pasar directamente al último párrafo o continuar leyendo por el simple placer de instruirse, pero entonces haga caso omiso del titular. Si, en cambio, usted es votante de izquierdas, pero no del PSOE, tal vez tenga un problema de confusión y aquí está el periodismo con vocación de servicio ciudadano para solucionarlo. Su desorientación, amigo votante de la izquierda radical, bolivariana, ecosocial, transformadora, o de esa izquierda que no es izquierda sino de ‘los de abajo contra los de arriba’, puede provenir del galimatías que se ha formado con los procesos de confluencia lanzados en todo el país a partir fundamentalmente de dos fenómenos: el éxito de Podemos en las Europeas del año pasado, que fomentó el sueño de muchos de aunar fuerzas con otras formaciones de programas tan próximos como IU o Equo, y la puesta en marcha de la candidatura barcelonesa de Guanyem, liderada por Ada Colau y emulada en muchos otros municipios. Guanyem que, por cierto, ahora es Barcelona En Comú. Sigue leyendo

De Franco al aquelarre

Retirada de la estatua de Franco, con una grúa, hace diez años. // Foto: Efe.

Retirada de la estatua de Franco, con una grúa, hace diez años. // Foto: Efe.

Por Rubén Madrid

Franco murió hace cuarenta años, pero de Guadalajara no se fue hasta hace sólo diez. El lunes se cumplió el décimo aniversario de aquella decisión controvertida del entonces alcalde Jesús Alique, que se adelantó por unos meses a la Ley de Memoria Histórica del gobierno de Zapatero y decidió bajar del pedestal al dictador, objeto a menudo de un vandalismo de baja intensidad.

En el amanecer del 24 de marzo no apareció el rostro de la efigie pintado de colores ni la cabeza cubierta por un cubo de basura, como era frecuente. Aquella mañana la estatua de Franco ya sólo estaba en los periódicos, que daban cuenta de que había sido apeada en plena noche, en una decisión que tampoco esperó al veredicto de una comisión de expertos, como se había anunciado. Y con la desaparición de Franco de su lugar frente a dos colegios le llegó también su hora al pomposo monumento a José Antonio Primo de Rivera en la Concordia: su presencia allí no sólo manchaba el nombre del propio parque (concordia, nada menos) sino que resultaba aberrante en un espacio para juegos infantiles. Sigue leyendo

Maxi y la convergencia

Maximiliano

Maximiliano, en un Pleno del Ayuntamiento del año 2007 // Foto: Archivo El Decano

Por Óscar Cuevas

Lleva casi toda la vida trabajando en el Ayuntamiento. Primero, como policía local de la capital, que lo es de plantilla -“y por oposición”, como le gusta recordar- desde 1982. Luego, como asesor liberado del Grupo Municipal de IU, entre 1999 y 2007. Y desde entonces, como único concejal de la coalición en la corporación local. Esta semana hemos conocido que abandona la política, en una decisión sobrevenida, impensable hace apenas unos días, y que personalmente me ha sorprendido mucho. Creo que la izquierda de Guadalajara, en su conjunto, pierde mucho con este adiós de José Luis Maximiliano.

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El código ético

La 'famosa' peineta de De las Heras a los manifestantes en el pregón de Ferias de 2011, en una captura de Canal 19.

La ‘famosa’ peineta de De las Heras a los manifestantes en el pregón de Ferias de 2011, en una captura de Canal 19.

Por Rubén Madrid

Imaginen que durante ocho años uno de ustedes se dedica a robar indiscriminadamente farolas de la calle, ordenadores e impresoras de los despachos municipales, porterías y canastas de las canchas deportivas, la escultura de Buero Vallejo del teatro o el nuevo cuadro del rey que presidirá el Salón de Plenos y cuyo precio, por cierto, no nos han anunciado todavía. Supongamos que todo este material alcanza un valor de 240.000 euros. Y pongamos que todos nos enteramos de lo que ha hecho. Tendría que darse por perdido: lo mínimo sería correrle a gorrazos hasta que tomase camino de Soria para no volver nunca más. Pero resulta que si en vez de farolas, obras de arte o materiales de oficina se deja de pagar la concesión municipal de un negocio, el peso de la ley se aligera y el tiempo se dilata. Aunque nos haga perder el mismo dinero.

Como les supongo unos lectores instruidos, les pido disculpas por acudir esta vez a la demagogia para censurar por enésima vez la ligereza con que se gestionan los fondos públicos desde nuestras administraciones. Les supongo al tanto de la denuncia que hacía el viernes el PSOE de Guadalajara, pero les refresco la memoria: varias concesiones municipales adeudan un total de 335.000 euros al Ayuntamiento, a todos nosotros, en algunos casos desde hace ocho años.

Es el caso del restaurante El Botánico en San Roque, que debe 165.000 euros desde 2006. El propietario es el mismo que el del bar de La Concordia, por el que debe otros 75.000 euros desde 2009. Es decir, suma 240.000 euros, la cantidad a la que nos referíamos al inicio. Pero faltan también por pagar los 12.000 euros del empresario al que se le adjudicó el quiosco de La Chopera (que luego tuvo otras vicisitudes largas de contar aquí), y otros más de 16.000 euros que se deben todavía desde el bar del Zoo Municipal. Año tras año siguen sin cumplir, pero a ustedes no se les ocurre hacer un ‘simpa’ cuando se toman algo en sus terrazas.

He escuchado después en la radio al alcalde Román decir que, a pesar de algunos retrasos tan abultados, esta deuda no está perdonada y sigue estando reclamada y perseguida, aunque desde luego no se puede decir que lo estén haciendo ni con urgencia ni con contundencia. Sólo se ha retirado una concesión a un moroso, la del quiosco de Taracena, por la que se dejaron de pagar más de 16.000 euros entre los años 2010 y 2013. Tampoco se ha actuado todavía sobre los impagos de los cinco aparcamientos públicos (El Carmen, Santo Domingo, Plaza Mayor, Manantiales y Adoratrices) que acumulan por diferentes cánones y conceptos una deuda total con las arcas municipales de 73.851 euros.

Lo inmoral. Estas noticias saltan de cuando en cuando, aunque últimamente con una frecuencia que está superando nuestra infinita capacidad de encaje. Hay episodios a patadas y estas cosas de nuestro terruño parecen -aun cuando parten de la misma raíz: la administración de nuestros fondos públicos- una minucia cuando las comparamos con el crimen organizado de los ERES, los Gürtel o las tarjetas negras de Caja Madrid.

Virgilio Zapatero, exministro socialista y exrector de la UAH. // Foto: El Mundo.

Virgilio Zapatero, exministro socialista y exrector de la UAH. // Foto: El Mundo.

A falta de levantarnos un día también aquí con el susto de saber que lo que ocurría en los cortijos de Blesa y Rato pasaba en otras cajas que nos eran más próximas y con políticos que accedían a sus órganos de gestión gracias a nuestros votos, el escándalo mayúsculo de nuestra vecindad también nos ha enfrentado a muchos de nosotros a una profunda reflexión sobre la ética (y su ausencia) de los negocios públicos cuando hemos visto envueltos en el caso a personajes que llegamos a tratar con tanta frecuencia como –así parece, aunque él lo niega– el exrector de la UAH, Virgilio Zapatero. Estos días se me ha repetido con insistencia la escena de un entrevista que mantuve con él en su despacho: posó junto a una estantería donde había una figurita de Chaplin. Entretuvimos el momento de la foto comentando cosillas de este personaje inigualable, capaz de denunciar sin estridencias la podredumbre de la sociedad de su tiempo, tan pronto invocando carcajadas como conmoviéndonos hacia la amargura.

Hay veces que uno se echa a reír por no llorar y en este país hemos inventado un nuevo género durante esta crisis con el humor indignado, casi al nivel de la picaresca que cundió en el Siglo de Oro. Que hasta un catedrático de Derecho y Moral pueda estar envuelto en un asunto de este nivel dinamita cualquier puente (confianza, deberíamos llamarlo) que aún pudiese quedar en pie entre la ciudadanía y la ética individual de quienes nos administran. A veces me acusan de ingenuo. Y se lo he escuchado decir a muchos estos días: es que tenemos un problema de ética. O de Ética.

De acuerdo. Cada cual es culpable de sus propias inmoralidades, que son las inmundicias del espíritu, pero también es cierto que todos somos corresponsables de que no se castiguen convenientemente cuando afectan a intereses comunes, como ocurre con los usos irregulares de los fondos públicos, las evasiones de impuestos, los tráficos de influencias, las prevaricaciones habidas y por haber, todos los mangoneos. Y es aquí donde entra en juego, y no descubro nada, la figura de los castigos ejemplares.

Castigos ejemplares. Un profesor de Cabanillas, Ángel Renieblas, fue expedientado de manera fulminante por la Consejería de Cultura porque en una huelga de febrero de 2012 entregó una carta a los padres de sus alumnos justificando los motivos por los que ejercía su derecho a huelga. Le conocí porque hice con él un reportaje sobre un huerto urbano que tenía con los chavales en el patio del colegio, una historia que incluso me valió el Premio de Medio Ambiente de la APG. Me pareció un profesional ejemplar, y un modelo en la educación en valores. Pero Renieblas ha sido finalmente sancionado con un mes de empleo y sueldo porque su notificación a los padres se ha juzgado como falta leve. ¿Saben qué? El juez que ratificó en abril la sanción insistió en que este profesor había incumplido el código ético que rige la actuación de los empleados públicos. En mi idioma incumplir un código ético es cometer una inmoralidad.

Rueda de prensa de noviembre pasado con los llamados 'cinco del Buero'. // Foto: http:// lamanchaobrera.es.

Rueda de prensa de noviembre pasado con los llamados ‘cinco del Buero’. // Foto: http:// lamanchaobrera.es.

Recordarán también el castigo ejemplar que puede recaer sobre los llamados ‘los cinco del Buero’, algunos de los más exaltados profesores de la marea verde que interrumpió el pregón oficial de Almudena de Arteaga en el Buero Vallejo, en las Ferias de 2011. Nunca compartí los modales de aquella protesta, pero los cuatro años de cárcel que la Fiscalía pide a partir de la denuncia que hizo -y por la que no dio marcha atrás- nuestro ayuntamiento me parecen desproporcionados.

También fue feo, horrible, el gesto del teniente de alcalde Juan Antonio de las Heras, con una peineta que dio la vuelta a España en los medios de comunicación. No sé, ni me importa, si el indecoroso dedo corazón le ha acarreado algún coste político a De las Heras dentro de su partido. Pero sí sé que no ha tenido ningún castigo ejemplarizante como servidor público. Jamás pediría para él cuatro años de cárcel, pero sí que hubiese cesado en el cargo.

No ahondaré en demasiados casos: seguro que ustedes tienen sus favoritos. Los más llamativos, eso sí, son siempre aquellos mecanismos ‘sui géneris’ de depurar responsabilidades cuya aplicación difiere si el infractor procede de dentro o fuera de sus filas. Les pongo un ejemplo: al alcalde que desobedeció y pidió contra el criterio de su partido el cementerio nuclear para su pueblo, el yebrano Pedro Sánchez, se le abrió un expediente informativo del que nuca más supimos. Fue una reacción forzada y con los hechos consumados, después de partir al pueblo en dos. Al alcalde de Hiendelaencina, que defendió las urgencias de su pueblo con la inmensa mayoría de sus vecinos alentándole, se le ha castigado (ejemplarmente: para que no cundiese su díscolo ejemplo en la comarca) con la eliminación de las ayudas para la celebración de la Feria del Ganado y con un conflicto que dejó inadmisiblemente sin agua a los vecinos durante meses.

Y si hace un momento hablábamos de establecimientos comerciales que son concesión municipal a quienes de momento se les permite abrir cada día a pesar de sus elevados niveles de morosidad, también sé de casos en que el propietario se las ve y se las desea para organizar actividades paralelas (conferencias, mesas redondas, fiestas, conciertos) porque no cumplen con la legalidad. Algunos de estos establecimientos se ven obligados a renunciar a dinamizar sus negocios para evitar que caiga sobre ellos un castigo ejemplarizante. Porque con ellos, lo saben, no habrá vista gorda.

Así que sí es cierto que tenemos un problema de ética, o de Ética. Y que incluye el modo en que se aplican o no los castigos ejemplarizantes en esta ciudad, aunque me atrevo a decir que en todo el país, y que remite a su vez a un problema todavía mayor, un problema de moral, o de doble moral. Una doble moral que tiene otro nombre común: hipocresía.

Doble moral. La hipocresía es otra de las cabezas de este monstruo polifacético en que hemos convertido nuestro sistema. Por eso en la disputa entre esa oligarquía que se beneficia del estado de las cosas y una ciudadanía que sólo cuenta para añadir más carbón en la sala de máquinas, emerge el concepto de ética como núcleo central de la tan cacareada regeneración política. Y los partidos escupen continuamente mensajes de regeneración y de transparencia, pero sobre todo han parecido encontrar la piedra filosofal en el concepto de código ético.

¡Ay, el código ético!

Resulta un tanto artificiosa esta repentina adhesión de los partidos de siempre a los códigos éticos. Hace ya tres años y medio que el 15M expresó su multitudinaria pitada hacia unos partidos mayoritarios que por vez primera parecían verdaderamente abochornados. Detrás de eslóganes como “no hay pan para tanto chorizo”; “no nos falta dinero, nos sobran ladrones; “le llaman democracia y no lo es” o “entre capullos y gaviotas nos han tomado por idiotas” había en realidad una denuncia de la doble moral, de la hipocresía, de la falta de ética. ¿Por qué han tardado entonces el PSOE y el PP, los partidos más directamente aludidos, tres años y medio en reaccionar? ¿Por qué han tardado tanto en escuchar el clamor de las calles y las exigencias de su militancia más honesta, que la hay? Y es más: ¿Por qué han incumplido durante esta legislatura tantas veces los supuestos códigos éticos que ya tenían? ¿Y por qué son tan escasos sus códigos éticos cuando los comparamos con las exigencias a las que están dispuestos a someterse en otras formaciones como UPyD y Podemos?

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, ha desembarcado con la transparencia y la ética en la política como principios reivindicados en el ejercicio de la política.

El número uno del PSOE, Pedro Sánchez, ha desembarcado reivindicando ética en el ejercicio de la política y en el caso de las tarjetas opacas ha reaccionando expulsando a diez implicados.

Reaccionan ahora los partidos con códigos éticos como si su preocupación por la moral tuviese en realidad mucho menos componente ético que político, concretamente de cálculo electoral. O nuestra mirada está ya muy viciada o vemos que ha quedado al descubierto que su amor por la ética se ha desatado por la proximidad de las elecciones de mayo, en las que tendrán que lidiar con la competencia supuestamente al alza de UPyD, IU y ERC, los únicos partidos que aprueban para Transparencia Internacional, y de esos otros proyectos que llegan con la pureza de los recién nacidos.

Lo dudoso de esta apasionada entrega a los códigos éticos por parte de los partidos mayoritarios reside precisamente en eso, en que no han sido los remordimientos propios ni los sonrojos por los afeamientos desde las acampadas, los intelectuales independientes o las encuestas del CIS lo que les ha llevado a renovar su compromiso ético. Aun cuando debieron hacerlo hace muchísimo tiempo, si no desde el principio porque el código ético debería de ser el código genético de la tarea pública.

Recomienda Savater en su ‘Etica para Amador’ que “quien desee la vida buena para sí mismo, de acuerdo al proyecto ético, tiene también que desear que la comunidad política de los hombres se base en la libertad, la justicia y la asistencia”, como pilares fundamentales de la vida en democracia.

De modo que los convictos de la nueva moral están a tiempo de convencernos a base de hechos: más vale tarde -y es tarde- que nunca. Que no hablen tanto de ética y que pongan sus códigos en práctica cuanto antes. Que cese la laxitud con el amigo empresario y que se acabe la ausencia de los castigos ejemplares cuando los infractores están en nuestras filas. La ética es un saber práctico. Como el movimiento, sólo se demuestra andando.

La Plaza del Concejo

Asamblea de Ganemos Guadalajara en la Plaza del Concejo, el jueves pasado. // Foto: Twitter de Ganemos Guadalajara.

Asamblea, el jueves pasado en la Plaza del Concejo, de la iniciativa política surgida este verano.  // Foto: Twitter Ganemos Guadalajara.

Por Rubén Madrid

Si un marciano o un murciano se dejasen caer en Guadalajara por la plaza del Concejo tal vez viesen únicamente una placita con escaleras, algunos arbustos, una zapatería… y poco más. Resulta un apéndice caprichoso del caótico urbanismo del centro, desprovisto de sus históricos monumentos –de los que apenas queda el testimonial Arco de San Gil-, situado a la sombra de ese oscuro engendro que es el edificio negro del Cívico, un gigante con pies de barro que convocaría más aplausos que lamentos si acabase por doblar las rodillas.

A sólo unos pasos de la Plaza Mayor, que impone su peso en el nombre, la fisonomía y la presencia de la casa consistorial, la Plaza del Concejo es, en cambio, como esos patios traseros de las comunidades de vecinos que, ocultos a la vista, apenas sirven para tender la ropa y almacenar cuatro trastos viejos. Es una plazuela vulgar. Poca cosa, dirá ese marciano o ese murciano. Pero lo dirá porque no está sabiendo ver.

Veamos, pues.

Original de un acta de una sesión del Concejo de Guadalajara en 1454. // Foto: Ayuntamiento de Guadalajara.

Acta de una sesión del Concejo en 1454. // Foto: Ayto. de Guadalajara.

Con historia. Hay algo que evidentemente no se ve, que es la historia. Y para eso están las estatuas. En nuestra Plaza del Concejo no hay ninguna efigie, ningún monolito ni un triste símbolo que recuerde la importancia que tuvo este lugar como punto de reuniones del concejo medieval, una institución que, frente a una más rancia lectura como residuo de la política feudal, podemos buscarle otra mucho más interesante como remoto presagio del municipalismo que tenemos en democracia.

Quisiera no equivocarme al ver el concejo medieval como lo más parecido a la sociedad civil que podía haber en la Guadalajara del siglo XV. Según relatan nuestros historiadores, sus reuniones al aire libre eran sesiones abiertas (al menos en sus primeros tiempos) a nobles y vecinos que pagaban impuestos y que –no había Twitter ni WhatsApp– eran convocados por el tañido de las campanas de la iglesia de San Gil. Eligieron regidores, pero también decidieron sobre asuntos tan variados como arreglos en las calles, los detalles de celebraciones tan destacadas como la boda de Felipe II o el encargo de gigantes para las comparsas del Corpus Christi.

Sustituido más tarde este concejo por reuniones bajo techo en una casa consistorial ya construida, la institución medieval apenas es recordada ya en los libros de historia y en el nombre de este cruce de caminos donde en su día tuvo la sede, la antes llamada la Plazuela de San Gil. Pero resulta interesante la carga simbólica del relato histórico.

El alcalde y el edil Carnicero, en una reciente visita a las obras de Dávalos. // Foto: Ayto. de Guadalajara.

El alcalde y Carnicero, en una visita a las obras de Dávalos. // Foto: Ayto. de Guadalajara.

Sin remodelación. Aparte de la remodelación de la antigua carretera de Barcelona en el rebautizado pomposamente como Eje Cultural, el equipo de Gobierno ha invertido desde 2009 más de 1,3 millones de euros en las reformas del casco antiguo, que se ha extendido por todo el eje principal de la Calle Mayor y Miguel Fluiters, por varias calles próximas y en la muy necesitada Plaza de Dávalos. Por cierto, cualquiera que pase por allí ya puede hacerse una idea bastante definida del resultado de esta última acometida, con una configuración escalonada que está siendo muy comentada: aquello se va a convertir en el paraíso de los monopatinadores y le auguramos un futuro glorioso al ‘skate’ alcarreño.

El caso es que el Plan de Reforma Integral del Casco Histórico deja fuera de sus 8.300 metros cuadrados de superficie afectada a la Plaza del Concejo. Es una decisión que resulta insólita: ante una planificación tan ambiciosa, este rinconcito ha sido obviado, olvidado o marginado. Y seguramente no haya otra oportunidad similar para meterle mano. Tal vez el Ayuntamiento haya considerado que no había una necesidad imperiosa, como en Dávalos, aunque parece que el concejal de Obras llegó a barajar, más en privado que en público, algunos arreglos con las mejoras que ofertase la empresa adjudicataria de las obras en Miguel Fluiters; tal vez desde el Consistorio consideren que su aspecto actual no desentona en exceso con los nuevos brillos del resto de las obras, al tratarse de un rincón ciertamente arrinconado y poco expuesto a la vista de vecinos y forasteros, incluyendo murcianos y marcianos.

Los nuevos tiempos. A pesar de que toda la carga histórica del enclave haya quedado reducida a la placa que da nombre a la plaza y pese a la confirmación de la condena a las ausencias también en las partidas presupuestarias, la plaza del Concejo ha resucitado. Y lo ha hecho con todo el vigor de su naturaleza, que es ciudadana.

En los últimos días ha sido muy compartida en redes sociales esta estampa antigua de la zona del Cívico, con la iglesia de San Gil al fondo. // Foto: fototeca de Patrimonio Histórico.

En los últimos días ha sido muy compartida en las redes sociales esta antigua estampa de la zona del Cívico, con la iglesia de San Gil al fondo. // Fototeca de Patrimonio Histórico.

Dos de los principales movimientos sociales surgidos en los dos últimos años han tenido su origen precisamente en la Plaza del Concejo. Cuando en el verano de 2012 la Consejería de Cultura cerró el Teatro Moderno, un grupo de artistas y amantes de la cultura se reunió allí para poner en marcha una plataforma de oposición a esta decisión que tiempo después cristalizaba como Amigos del Moderno, la asociación cultural con más socios (supera los 400) que hay actualmente en la ciudad.

Este último verano, en pleno mes de julio, IU convocó una asamblea ciudadana en el mismo lugar para poner en marcha un proceso de convergencia entre partidos políticos y movimientos sociales con el objetivo de estudiar la opción de configurar una candidatura para las elecciones de mayo próximo. La propuesta ha tomado forma después de varias reuniones allí mismo y de una asamblea que reunió la semana pasada a casi un centenar de personas en la plaza. Ganemos Guadalajara, una iniciativa por otra parte similar a las que proliferan por todo el país, ha tenido el oportunismo de obrar su bautismo de fuego en este lugar emblemático. Si algún día llegase a ser importante, Ganemos Guadalajara tendría en la Plaza del Concejo algo así como el escenario de su mito fundacional.

Integrantes de los grupos de trabajo de la asamblea de Ganemos colgaron las propuestas de sus debates. // Foto: R.M. (El Hexágono).

Integrantes de los grupos de trabajo de la asamblea de Ganemos colgaron las propuestas de sus debates. // Foto: R.M. (El Hexágono).

Desconozco si la búsqueda de este punto del callejero para el nacimiento de la iniciativa ha sido intencionada. Pero, historia (tan intangible) al margen, decíamos al principio que tal vez el murciano o el marciano no hayan sabido mirar la verdadera particularidad de esta plaza, que radica en un aspecto muy operativo: allí uno puede sentarse. Y en verano, además, hay sombra.

A diferencia de lo que ocurre en las plazas de la concatedral de Santa María, en el Jardinillo o incluso en la propia Plaza Mayor, cuyas remodelaciones arrasan con todo para crear superficies abiertas, poco habitables y sepultadas en cemento, esta otra plazuela mantiene la vieja estética y resulta ideal para convocar asambleas y dividir a los participantes en grupos de debate y comisiones de trabajo que luego ponen sus conclusiones en común. La Plaza del Concejo es ideal para el ejercicio de la política horizontal en plena calle. De un modo tal vez muy similar al que hacían los antiguos vecinos del concejo medieval. Así que, al César lo que es del César: hay que agradecer que la estrategia urbanística de Carnicero haya librado a esta plaza de las piquetas.

Nota a pie de página: El periódico Nueva Alcarria celebró ayer martes sus 75 años de trayectoria. El acto contó con suficientes respaldos por parte de las autoridades invitadas para soplar las velas. No está de más que quienes estamos menos preocupados por la imagen corporativa de las cabeceras recordemos que algunos colegas que allí curran están acumulando importantes retrasos en los pagos y que 18 trabajadores fueron despedidos de allí hace dos años y medio sin que la dirección haya cumplido con el acuerdo de pagar en dos tiempos las nóminas pendientes y los finiquitos (en total, me dicen, unos 400.000 euros). Nueva Alcarria, que sigue haciendo negocio en los quioscos y en el mercado publicitario, está de fiesta; los demás pagaremos sus deudas a través del Fogasa, espero -por el bien de los compañeros- que más pronto que tarde. Ánimo a los compañeros.