La cultura del tortazo

Por David Sierra

1555324831_782580_1555324969_noticia_normal_recorte1El tendido estaba a rebosar. También todo el pasillo del anillo que rodeaba el coso. La expectación máxima. Chavales, algunos veinteañeros, otros expertos, esperaban apoyados con los brazos cruzados sobre las tablas. En los burladeros sobresalía algún capote. Tampoco hay huecos. Y cuando se aproxima la hora señalada la impaciencia se hace más evidente. Los cohetes, lanzados en trío de uno en uno, entronizan el cielo armando un revuelo. La puerta de toriles se abre con rapidez. Tira el torilero de cerrojos, ese que se asigna el cargo por afición, y con varias palmadas sobre la superficie de chapa, llama la atención de animal que brota desde la oscuridad, emergiendo con los pitones en alto.

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La cárcel y yo

Entrada principal de la cárcel de Guadalajara. // Foto: Rubén Madrid (El Hexágono)

Entrada principal de la cárcel de Guadalajara. // Foto: Rubén Madrid (El Hexágono)

Por Patricia Biosca

Mi vida siempre ha girado en torno a sus muros. Casi me sé de memoria cada torre, cada entrada, cada patio. La he visto desde el lado izquierdo mientras subía por la calle Amparo. He bebido calimocho en el parque de su derecha antes de entrar a los conciertos del viejo auditorio. He recorrido sus muros de camino al local de la peña decenas de veces. He tenido la discusión más loca de mi vida en uno de los bancos que rozan sus piedras. También he tenido la suerte de contemplarla desde arriba, en una vista privilegiada desde el balcón de mi tía, donde más claro aprecié primero su grandeza y después su decadencia. ¿Y ahora, cuál es tu futuro, mi querida cárcel? Sigue leyendo

Yo confieso

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Justin Bieber en posición de rezo. // Foto: Acontecercristiano.net

Por Patricia Biosca

Quiero confesarme, madre, porque he pecado. Necesito contar que tengo muchos placeres culpables: cuando estoy sola delante de un espejo, me pongo a posar en plan modelo, no lo puedo evitar. El último disco de Justin Bieber me encantó  y me lo pongo algunas noches para echarme unos bailes que nunca me atrevería a mostrar en público o para cantarlo a grito pelado cuando voy en el coche. También disfruto durante horas tragándome videoclips de canciones del verano protagonizados por artistas de la talla de Chenoa, Sonia y Selena, la poco reconocida Loona y su himno “Baila mi ritmo”, entre otros. Y esos días en los que procrastino por las redes sociales, me es imposible no leerme decenas (llegaría incluso a atreverme a decir cientos) de comentarios en las noticias acaecidas en nuestra provincia. Las de índole nacional no me atraen tanto como un buen “salseo” local. Me gusta tanto que pagaría un Netflix que me pusiera un comentario detrás de otro a modo de video, permitiéndome no poner un dedo en el teclado y degustar kilos de palomitas en el proceso. Perdóneme, madre -que es quien me lee-. Sigue leyendo

Recuerdos de una niña de pueblo

Cabanillas del Campo // Foto: José Luis Muñoz - Ayuntamiento

Cabanillas del Campo // Foto: José Luis Muñoz – Ayuntamiento

Por Patricia Biosca

Tengo la suerte de conservar muchos viejos recuerdos. Puedo ver claramente el grandioso día de primavera en el que inauguraron la piscina municipal y mis amigos y yo, aún con chaquetas, estuvimos dando volteretas por el césped recién puesto al son de la orquesta. También puedo evocar fácilmente mi primera bicicleta, marca BH y de color rosa, que me servía con apenas ocho años de medio de transporte (y con la que rayé el flamante coche nuevo de mi padre). Me viene a la mente la forma en la que el pavimento de mi calle cambiaba de textura y color cuando terminaba la casa de mi tío Sebastián. Cuando atravesaba una explanada cada mañana para ir a casa de “la Julia”, a que me peinase una coleta bien tirante y me regañase por salirme del margen de los dibujos. Las fiestas de San Blas, el patrón de Cabanillas, dentro de la discoteca los Kony’s, a la que los niños solo podíamos acceder en estas ocasiones especiales. A mi tío Julito, el alguacil, abriendo la comitiva el día de San Isidro. Clases con tan pocos niños que tenían que juntarnos a chavales de años diferentes. Todos son recuerdos de una niña de pueblo. Sigue leyendo

El clamor de la España Vaciada

Castillo de Zafra

Imagen de las parameras de la Sierra de Caldereros y el castillo de Zafra. // Foto: Tierra Molinesa

Por Marta Perruca*

Esta mañana me pilláis madrugando y de camino a Madrid. Tengo una cita a la que no podía faltar, por dignidad y por justicia social. Lo hago con la gente de Tierra Molinesa, asociación a la que pertenezco y que aglutina a todos esos vecinos que ahora viven en Guadalajara y en el Corredor del Henares, pero tienen sus orígenes bien arraigados en el Señorío de Molina. Sí, todos nosotros debíamos atender la convocatoria de la Revuelta de la España Vaciada en este 31 de marzo que pasará a la historia, porque paradójicamente nunca se había convocado una manifestación de esta envergadura –medio centenar de colectivos y plataformas ciudadanas como “Teruel Existe”, “¡Soria ya!” o “La Otra Guadalajara”, entre muchos otros, apoyan la protesta- , a pesar de que venimos siendo conscientes desde hace décadas del problema que asola a esta España rural. Sigue leyendo

Batalla por la despoblación

Por David Sierra

Aparecen sentados. Alberto se ha despojado del traje que suele acompañarle en sus intervenciones de cara al público en las grandes urbes. Camisa por dentro y chaquetilla de punto con botas camperas le sustituye. Las sillas, similares a las que tenía mi abuela, de respaldo recto y un aspecto recio y consistente se asientan sobre el terreno sembrado cuyos brotes luchan por salir hacia arriba a pesar de la escasez de agua. Ella, María Ángeles, domina el entorno. No en vano, es donde dedica junto a su marido buena parte de su tiempo y que les permite ganarse las habichuelas.

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Nacionalidades contra educación

Edificio abandonado donde se produjeron los hechos de la violación en grupo en Azuqueca de Henares. // Foto: El Español

Edificio abandonado donde se produjeron los hechos de la violación en grupo en Azuqueca de Henares. // Foto: El Español

Por Patricia Biosca

Guadalajara, esa provincia que no suele salir en los titulares de los medios nacionales, fue noticia la pasada semana por un acto brutal, cruel, salvaje, vomitivo: la violación en grupo a una menor de 12 años. Durante un año los hechos permanecieron ocultos a la opinión pública, entre susurros de pueblo. Aunque aquella ominosa tarde Policía y Guardia Civil se pusieran a investigar a los seis agresores tras la denuncia; aunque había otra niña que se salvó casi de milagro de un infierno que duró 45 minutos; aunque el grupo de amigos de ambas estaba presente en las inmediaciones de aquel inmueble abandonado que sirvió para tapar tres cuartos de hora de horror; aunque existía un instituto en el que todo el mundo sabía qué es lo que había pasado el 15 de marzo de 2018. Y durante 365 días nadie dijo nada. ¿Por qué? Sigue leyendo