Memorias de una mujer republicana

Emilia con su vieja máquina de escribir. // Imagen: Miguel Lafuente de Otto

Emilia con su vieja máquina de escribir. // Imagen: Miguel Lafuente de Otto

Por Míriam Adiego*

Mi abuela, a sus noventa años, acaba de ver en papel sus memorias. Muchos recuerdos, una vida entera… y aún muchas ganas de pelear. El martes 6 de noviembre presentó su libro en la Biblioteca de Guadalajara y fue tan conmovedor como divertido. Mi abuela es una mujer que ha sufrido y peleado mucho, pero que jamás ha perdido el sentido del humor. Por eso, incluso hablando de cosas tristes, consiguió que nos riéramos unas cuantas veces. Pero vayamos por orden… Creo que debería empezar presentándola. Sigue leyendo

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100 años

Por David Sierra

abuelaJamás lo había vivido. Y me tocó de cerca. Muy de cerca. Ese momento significativo en el que uno, en este caso una, de la familia alcanza la centena en edad. Mi abuela, a duras penas, lo ha conseguido. Y digo bien, lo ha conseguido porque, sin duda, el esfuerzo ha sido enorme. Cien años es más que toda una vida y en función de lo que el futuro te haya deparado, el balance puede ser más positivo que negativo, o viceversa.

Con la edad los recuerdos se desvanecen y son aquellos momentos que de alguna manera marcaron nuestra vida los que siempre permanecen. Son las pistas que las personas de mayor edad nos dan para intuir si tuvieron una existencia placentera o más bien el camino de un calvario. En la memoria de mi abuela, en sus manos, en su rostro y en sus piernas existen evidencias de que quizá esa longevidad se deba a su pretensión por sobrevivir ante las adversidades.

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Aquellos y estos niños de la guerra

Fotografía de la exposición "Los niños de la guerra". // Foto: Exposición "Los niños de la guerra"

Fotografía de la exposición “Los niños de la guerra”. // Foto: Exposición “Los niños de la guerra”

Por Patricia Biosca

Julio de 1937. La Guerra Civil sacude Guadalajara y los aviones bombardean la Casa de la Misericordia, una inclusa donde conviven niños cuyos padres han muerto o están batallando en la contienda, hijos de madres solteras y viudas, pequeños que no pintan nada en una guerra, pero que forman parte del cuadro a la fuerza. María Teresa tiene siete años y la hermana sor Manuela la peina después de la siesta. Las sirenas que anuncian la llegada de la aviación militar terminan de desperezar a la niña, que oye un fuerte estruendo. Fundido en negro en su cerebro. Cuando recobra la consciencia, nota un intenso calor a sus pies y un compañero, que se llama Vicente, la coge de la mano y salen corriendo. Junto con la hermana de Vicente, escapan los tres al refugio. Heridos, calados tras haberse caído al lavadero, con frío. No es ninguna ficción. Que se lo digan a María Teresa, que hoy tiene 89 años y fue una de esas “niñas de la guerra” que viajaron con destino incierto hasta lugares tan remotos de Europa como la misma Rusia, de la cual conocían muy poco. Sigue leyendo

Anonymous VS. Román

La web del Ayuntamiento de Guadalajara durante el hackeo por el colectivo de La Nueve. // Foto: El Confidencial

La web del Ayuntamiento de Guadalajara durante el hackeo por el colectivo de La Nueve. // Foto: El Confidencial

Por Patricia Biosca

Mientras todo el mundo hablaba de “la batalla del siglo” con Mayweather contra McGregor, en la irreductible provincia de Guadalajara los mentideros comentaban la guerra (con menos billetes al aire y con un glamour diferente) que el grupo de hackers La Nueve, parte del colectivo Anonymous, declaraba a Antonio Román, alcalde de la capital alcarreña, y a todo su equipo de Gobierno. Este capítulo se producía tras la notificación por parte del Ayuntamiento de Guadalajara a la Asociación a la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) del cobro de 2.057 euros en concepto de la exhumación de los cadáveres en el cementerio municipal de la ciudad. La Nueve hackeó la web municipal, introduciendo un post bajo el título “¿Se puede ser más ruin?”, donde se podían leer cosas como “El Ayuntamiento de Guadalajara cobrará las tasas de la exhumación de Timoteo Mendieta y pagará el triple por una auditoría acreditada de sus servidores”, se llamaba “franquista” al primer edil guadalajareño y se recordaban viejas polémicas del pasado con el alcalde como protagonista. Sigue leyendo

Descanse en paz

2017.07.07 Ascension

Ascensión Mendieta, en el entierro de su padre. //Foto: Público

Por Álvaro Nuño.

“Gracias por venir a este acto tan triste”. Las palabras de Ascensión Mendieta en el entierro de su padre, el pasado domingo en el cementerio civil del Este (o de La Almudena, como quieran llamarlo), reflejan el sentimiento de esta valiente mujer de 92 años, que ha luchado sin descanso hasta poder darle una sepultura, velarle y llevarle flores sobre una lápida con su nombre, reconocible. Su lucha ha sido una batalla continua contra los elementos, contra la historia, contra el olvido, contra un estado de las cosas que prefiere olvidar y no reabrir viejas heridas, un discurso, claro, que mantienen los que no las sufren. Ascensión ya ha cerrado la suya y a sus 92 años puede morir en paz después de haber encontrado el cadáver de su padre, que yació 78 años en una anónima fosa común en el cementerio municipal de Guadalajara.

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La democracia toma las calles

PLazaCaidos

La plaza de Los Caídos en la Guerra Civil deberá cambiar su actual denominación // Foto: panoramio.com

Por Álvaro Nuño
El último Pleno del Ayuntamiento de Guadalajara deicidio, por mayoría, eliminar definitivamente del callejero municipal los últimos rescoldos de personajes que participaron en el golpe de Estado de Franco, en la contienda civil por parte del bando vencedor o en la posterior dictadura. La propuesta fue lanzada por el grupo municipal Ahora Guadalajara y fue secundada por la bancada socialista. El Partido Popular votó en contra alegando que esa misma cuestión ya se dirimió en 2009 en una consulta popular y que entonces el 96% de los vecinos de las calles afectadas -Capitán Boixareu Rivera, General Moscardó Guzmán, Plaza de Los Caídos en la Guerra Civil, Hermanos Ros Emperador, Fernando Palanca y Gutiérrez Orejón- se opuso a ese cambio. Ademas, según el PP, el mantenimiento de cargos del franquismo en las placas de la capital no incumple la Ley de Memoria Histórica -como esgrimía también Ahora- según una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha. Pero el voto negativo del PP -que no alegó ninguna razón ideológica a su oposición- no sirvió en este caso para tirar la moción porque los dos concejales de Ciudadanos se abstuvieron y ahora el alcalde deberá cumplir el mandato del Pleno, cosa que ya ha dicho que hará, aunque a regañadientes.

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Julio de 1936: Cuando los oprimidos dijeron “no”

MIlicianos leales a la República, en el momento de arrestar al líder de la sublevación fascista en Guadalajara, comandante Ortiz de Zárate

MIlicianos leales a la República, en el momento de arrestar al líder de la sublevación fascista en Guadalajara, comandante Ortiz de Zárate

El comandante fue ejecutado junto al puente del Henares, el 22 de julio del 36

El comandante fue ejecutado junto al puente del Henares, el 22 de julio del 36

Por Juan Pablo Calero Delso *

En la última década del siglo XIX el periódico El Atalaya de Guadalajara publicó una serie de artículos en los que algunas personalidades locales ofrecían su particular respuesta a la pregunta: “¿Es pobre o rica la provincia de Guadalajara?”. La mayoría destacaban la excelencia de sus materias primas mineras y madereras, la fecundidad de su producción agrícola o ganadera y la abundancia de sus ríos; el ingeniero anarquista catalán Celso Gomis, que la visitó en 1882, apuntó: “¡Si esta agua la tuviésemos en Cataluña, pensaba yo para mis adentros, qué de fuerza desarrollaría, cuántas máquinas pondría en movimiento, a cuántos cientos de brazos daría trabajo!”. Si no faltaban los recursos, tampoco escaseaban los capitales, pues aquí tenía su solar la más opulenta aristocracia de aquel tiempo: los Infantado, los Osuna, los Figueroa, los Desmaissieres…

Sin embargo, Guadalajara fue una de las provincia menos desarrolladas, porque las familias que la dirigían con mano firme desde las décadas finales del siglo XVIII antepusieron sus intereses particulares al bien común y, para disfrutar sin disputa del poder político y manejar a la provincia y sus habitantes a su antojo, entorpecieron su progreso económico: una provincia empobrecida condenaba a la indigencia a sus habitantes que, para su simple supervivencia, dependían de los favores del poder político. Fue así como la élite liberal de Guadalajara disfrutó de una autoridad incontestable y se acostumbró al ejercicio altivo del mando. Su red clientelar cubrió con su manto hasta el último pueblo.

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