La historia en el suelo

Panteón de la familia Cuesta con escultura de Manuel Garnelo. //Imagen: P. B.

Panteón de la familia Cuesta con escultura de Manuel Garnelo, en el cementerio de Guadalajara. //Imagen: P. B.

Por Patricia Biosca

El cementerio de Guadalajara es un paseo nostálgico. Romántico a veces, crudo otras muchas más, es un fiel reflejo de la historia de una ciudad pequeña y orgullosa, que guarda con recelo sus más insignes tesoros. Pocos conocen la grandiosidad de sus patios más antiguos construidos en el siglo XIX, salpicados por imponentes mausoleos, estatuas y tumbas borradas por el paso de los siglos. Seguramente menos aún se hayan parado a mirar nombres y fechas de personas que, como tú y yo, tuvieron familia, amigos, risas, llantos. Personas que estuvieron mucho tiempo, personas que se fueron pronto. Personas que ahora reposan en una tierra que también utilizaron judíos y musulmanes para enterrar a sus muertos mucho antes que todos ellos. Por encima, huesos de los que fueron obreros, políticos, cerrajeros, amas de casa, militares, secretarias, médicos, historiadores, enfermeras, espías. Porque la historia viva de Guadalajara transcurre paralela a la de sus muertos, los que yacen en el cementerio. Sigue leyendo

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Sospechosos habituales

Por Borja Montero

En una sociedad que presume de ser un Estado de Derecho ordenado y coordinado por una Constitución nacida del acuerdo entre representantes de una amplia variedad ideológica, no se entendería que una Ley aprobada en el Congreso de los Diputados y que hubiera seguido todos los trámites legales fuera incumplida de forma manifiesta y sistemática durante once años después de su entrada en vigor sin ninguna consecuencia para los que se saltan la norma. Y son casi 700 los presuntos infractores conocidos, según datos del Ministerio de Justicia. La Ley de Memoria Histórica, en vigor desde diciembre de 2007, no se tomó en su momento como un texto de obligado cumplimiento a rajatabla y, a pesar de que se han ido llevando a cabo medidas al respecto a lo largo de los años, no todos los afectados se han movido de la misma forma por situarse dentro de la legalidad, en parte debido a la inexistencia de sanciones por parte del Estado, habiendo quienes directamente no han hecho nada en absoluto.

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Memorias de una mujer republicana

Emilia con su vieja máquina de escribir. // Imagen: Miguel Lafuente de Otto

Emilia con su vieja máquina de escribir. // Imagen: Miguel Lafuente de Otto

Por Míriam Adiego*

Mi abuela, a sus noventa años, acaba de ver en papel sus memorias. Muchos recuerdos, una vida entera… y aún muchas ganas de pelear. El martes 6 de noviembre presentó su libro en la Biblioteca de Guadalajara y fue tan conmovedor como divertido. Mi abuela es una mujer que ha sufrido y peleado mucho, pero que jamás ha perdido el sentido del humor. Por eso, incluso hablando de cosas tristes, consiguió que nos riéramos unas cuantas veces. Pero vayamos por orden… Creo que debería empezar presentándola. Sigue leyendo

100 años

Por David Sierra

abuelaJamás lo había vivido. Y me tocó de cerca. Muy de cerca. Ese momento significativo en el que uno, en este caso una, de la familia alcanza la centena en edad. Mi abuela, a duras penas, lo ha conseguido. Y digo bien, lo ha conseguido porque, sin duda, el esfuerzo ha sido enorme. Cien años es más que toda una vida y en función de lo que el futuro te haya deparado, el balance puede ser más positivo que negativo, o viceversa.

Con la edad los recuerdos se desvanecen y son aquellos momentos que de alguna manera marcaron nuestra vida los que siempre permanecen. Son las pistas que las personas de mayor edad nos dan para intuir si tuvieron una existencia placentera o más bien el camino de un calvario. En la memoria de mi abuela, en sus manos, en su rostro y en sus piernas existen evidencias de que quizá esa longevidad se deba a su pretensión por sobrevivir ante las adversidades.

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Aquellos y estos niños de la guerra

Fotografía de la exposición "Los niños de la guerra". // Foto: Exposición "Los niños de la guerra"

Fotografía de la exposición “Los niños de la guerra”. // Foto: Exposición “Los niños de la guerra”

Por Patricia Biosca

Julio de 1937. La Guerra Civil sacude Guadalajara y los aviones bombardean la Casa de la Misericordia, una inclusa donde conviven niños cuyos padres han muerto o están batallando en la contienda, hijos de madres solteras y viudas, pequeños que no pintan nada en una guerra, pero que forman parte del cuadro a la fuerza. María Teresa tiene siete años y la hermana sor Manuela la peina después de la siesta. Las sirenas que anuncian la llegada de la aviación militar terminan de desperezar a la niña, que oye un fuerte estruendo. Fundido en negro en su cerebro. Cuando recobra la consciencia, nota un intenso calor a sus pies y un compañero, que se llama Vicente, la coge de la mano y salen corriendo. Junto con la hermana de Vicente, escapan los tres al refugio. Heridos, calados tras haberse caído al lavadero, con frío. No es ninguna ficción. Que se lo digan a María Teresa, que hoy tiene 89 años y fue una de esas “niñas de la guerra” que viajaron con destino incierto hasta lugares tan remotos de Europa como la misma Rusia, de la cual conocían muy poco. Sigue leyendo

Anonymous VS. Román

La web del Ayuntamiento de Guadalajara durante el hackeo por el colectivo de La Nueve. // Foto: El Confidencial

La web del Ayuntamiento de Guadalajara durante el hackeo por el colectivo de La Nueve. // Foto: El Confidencial

Por Patricia Biosca

Mientras todo el mundo hablaba de “la batalla del siglo” con Mayweather contra McGregor, en la irreductible provincia de Guadalajara los mentideros comentaban la guerra (con menos billetes al aire y con un glamour diferente) que el grupo de hackers La Nueve, parte del colectivo Anonymous, declaraba a Antonio Román, alcalde de la capital alcarreña, y a todo su equipo de Gobierno. Este capítulo se producía tras la notificación por parte del Ayuntamiento de Guadalajara a la Asociación a la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) del cobro de 2.057 euros en concepto de la exhumación de los cadáveres en el cementerio municipal de la ciudad. La Nueve hackeó la web municipal, introduciendo un post bajo el título “¿Se puede ser más ruin?”, donde se podían leer cosas como “El Ayuntamiento de Guadalajara cobrará las tasas de la exhumación de Timoteo Mendieta y pagará el triple por una auditoría acreditada de sus servidores”, se llamaba “franquista” al primer edil guadalajareño y se recordaban viejas polémicas del pasado con el alcalde como protagonista. Sigue leyendo

Descanse en paz

2017.07.07 Ascension

Ascensión Mendieta, en el entierro de su padre. //Foto: Público

Por Álvaro Nuño.

“Gracias por venir a este acto tan triste”. Las palabras de Ascensión Mendieta en el entierro de su padre, el pasado domingo en el cementerio civil del Este (o de La Almudena, como quieran llamarlo), reflejan el sentimiento de esta valiente mujer de 92 años, que ha luchado sin descanso hasta poder darle una sepultura, velarle y llevarle flores sobre una lápida con su nombre, reconocible. Su lucha ha sido una batalla continua contra los elementos, contra la historia, contra el olvido, contra un estado de las cosas que prefiere olvidar y no reabrir viejas heridas, un discurso, claro, que mantienen los que no las sufren. Ascensión ya ha cerrado la suya y a sus 92 años puede morir en paz después de haber encontrado el cadáver de su padre, que yació 78 años en una anónima fosa común en el cementerio municipal de Guadalajara.

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