Bardales y el ocio en Guadalajara tras la era Covid-19

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La calle Bardales, epicentro del barrio. // Foto: La Crónica

Por Patricia Biosca

¿Se acuerdan del primer Gran Hermano? Ese en el que Mercedes Milá no se cansaba de decir que era un “experimento sociológico” de primera índole que ya lo habría querido para sí Muzafer Sherif, padre de la psicología social. Todos sabíamos que en realidad aquello era una patraña para ganar dinero, pero lo decía con tanta convicción que, oye, al final el mensaje calaba. Así que ahora, cuando quiero hacer algo que sé que en realidad va en beneficio propio pero podría sacar algún tipo de enseñanza social -al menos, para justificar la vanidad-, me hago un “Mercedes Milá” y lo llamo experimento sociológico. Y aunque debería callarme este extremo, creo que conocen que se me hace cuesta arriba mentir, así que dejo las cartas boca arriba y encima de la mesa. El título del estudio que esbozaré a continuación será: “Bardales y el ocio en Guadalajara tras la era Covid-19: terrazas, gel, alcohol y poca separación”. Sigue leyendo

¡Vaya ruina!

En la imagen, el edificio donde se situaba la discoteca 'Pi', que se quiere derribar. // Foto: Rubén Madrid (www.culturaenguada.es)

En la imagen, el edificio donde se situaba la discoteca ‘Pi’, que se quiere derribar. // Foto: R.M. (www.culturaenguada.es)

Por Abraham Sanz

Que Guadalajara está en ruinas, es un hecho. Que pasear por el centro de la ciudad es ir caminando por calles salpicadas de grandes huecos donde, tiempo atrás se levantaban edificios que representaban la arquitectura alcarreña, y hoy no son más que objeto de recuerdo de aquellas fotos que tan a bien tienen de colgarnos en las redes sociales algunos de nuestros paisanos para recordarnos que, en esta materia sin duda, el pasado siempre fue mejor. La capital alcarreña siempre gozó de una arquitectura rica y propia de un lugar que fue residencia de buena parte de la nobleza, pero que no supimos conservar cuando el declive llegó por el traslado definitivo de la Corte a Madrid. Madrid, siempre Madrid y su sombra alargada sobre Guadalajara. Sin embargo, no todo es culpa de la capital vecina. Es más, sabemos valorar tan poco lo que todavía poseemos que, en aras del “progreso” y de remozar la estética de nuestra ciudad, hemos olvidado que en esta operación de cirugía, es mejor buscar las raíces que solaparlas bajo el adoquín. Y que ya puestos a abrir alguna de las arterias principales, ¿por qué no dejar que emerjan esos vestigios históricos que no solo atraiga la curiosidad del visitante, sino que nos permita conocer más nuestra propia historia? Es cierto que son elevadas las inversiones que se realizan en este tipo de obra y que, la cuestión arqueológica supone demorarlo todo en el tiempo; pero ¿no merecería la pena? Otras veces la decisión es todavía más fácil y se cierne sobre la difícil cuestión de conservar o derribar un edificio con un pasado a recordar. Vemos como la plaza Mayor sigue abierta por uno de sus costados desde hace más de cinco años donde, al menos, se decidió conservar la fachada del inmueble como recuerdo del mismo y de su inconfundible ‘Pescadería Maragato’. Tampoco se encuentra muy lejano en el tiempo el derribo del palacio de los Vizcondes de Palazuelos –en la plaza San Esteban, donde se instalaba el bar ‘El boquerón’, para un fin poco rentable ya que sólo se procedió a la destrucción de esta edificación del siglo XVI, para dejar herida de muerte una plaza que guarda grandes tesoros arquitectónicos, ahora cerrados a cal y canto como la antigua sede del Gobierno regional que, confiemos en que el desuso o que su venta no traiga un desenlace fatal para un lugar que ya vio como otro añejo edificio del siglo XVI, era hecho añicos para levantar en este punto edificio de los juzgados. El atentado arquitectónico que se cierne ahora, quizá no tiene la misma magnitud patrimonial, que también, sino que tiene más que ver con el recuerdo de lo que fue una calle como Bardales, como hervidero de gentes y verdadero corazón del sentir festivo de una ciudad como Guadalajara. El inmueble que durante mucho tiempo albergó la discoteca ‘Pi’, uno de los locales clásicos de la noche alcarreña, no sólo por su ambiente y música; sino por su propia concepción arquitectónica de lo más peculiar, corre peligro. Así lo alertaba días atrás el concejal de Izquierda Unida, José Luis Maximiliano, advirtiendo que incluso había fecha para el derribo del mismo –ayer mismo-. Afortunadamente, las máquinas no hicieron trizas este singular local que se adentraba en la tierra a modo de galería o bodega que, además parecen entroncar con los restos de otras añejas edificaciones que nos pueden retrotraer hasta la Edad Media, dado que su parte final, puede estar vinculada a los restos de un antiguo patio del siglo XV de una finca colindante. Sería una torpeza y, una gran tristeza, que finalmente volaran no sólo los recuerdos de un bar que fue emblema de esa calle Bardales que ahora, con empeño y esfuerzo sus hosteleros quieren recuperar, para dejar un nuevo agujero –y ya van unos cuantos- en pleno casco histórico; sino también parte de aquellas raíces sobre las que se asienta la capital alcarreña y que, con acciones como esta –de culminarse- parece que nos quieren extirpar. Quizá no sea mucho lo conservado, pero apostemos por ello; apostemos por mostrarlo, por valorarlo y no por cubrirlo con piedras o esconderlo a los ojos de la ciudadanía. Es más, apostemos mostrar por todo aquello que está más oculto, tratar de sacarlo cada vez más a la luz y no poner cortapisas con tarifas arbitrarias que sólo ponen cortapisas al acceso a nuestra riqueza cultural. apostemos por conservar y rehabilitar lo que tenemos porque si no, el casco histórico, no saldará de la ruina actual.

El intento de Bardales

En la imagen, un momento de la reinauguración de la calle Bardales este sábado. // Foto: www.guadaque.com

En la imagen, un momento de la reinauguración de la calle Bardales este sábado. // Foto: http://www.guadaque.com

Por Abraham Sanz

Han sido muchas noches, muchas. Y, no hacía mucho, paseando una noche de sábado por la céntrica calle Bardales la estampa era inimaginable: falta de bullicio, de ambiente en las puertas de los bares e incluso, un silencio horrible para una zona donde el ruido del ir y venir de gente era su razón de ser. Tal ha sido el declive de esta zona que lo que anteriormente era un cambio de nombres en los bares o de filosofía pero, habitualmente, no de clientela; en los últimos años estos cambios obedecían a vanos intentos de revivir aquellos años en los que el fin de semana tanto esta vía como la plaza del Concejo y Horno de San Gil eran un auténtico hervidero de gente ávida de diversión nocturna.

Yo no me considero muy viejo y aún sigo prodigándome –ya sólo de cuando en cuando- por la noche alcarreña; pero si he tomado la suficiente distancia para comprobar que en el salto de generación, se quebró la ligazón existente o el imán de Bardales para la juventud. Poco a poco sus bares carecían de esa hora punta en la que aguardábamos largas filas por vivir el ambiente del garito de moda –aunque este estuviera a años luz de lo que podíamos encontrar a apenas 50 kilómetros de distancia-; y pasaban a estar la mayoría en punto muerto. Sólo algunos, como aquella aldea gala de Asterix y Obelix, insistían en plantar cara al tedio en que se estaba sumiendo esta mítica zona de la ciudad.

Y aún siguen haciéndolo y con ideas de lo más creativo que, al menos, en su arranque se puede decir que le dio un pequeño repunte a la zona. I love Bardales no surge como la panacea del sector hostelero, pero si se trata de un intento de renovar la imagen de esta zona. No es un intento individual, sino que parte del conjunto de establecimientos que se aglutinan en este espacio del casco histórico que quiere recuperar esa esencia de Guadalajara que nunca debimos dejar caer en el ostracismo. Su planteamiento nace de lo artístico, de lo sentimental y, sobre todo, de lo nuestro. De recuperar ese pedacito de la ciudad que hemos de exportar. No digo que creemos una calle Laurel como en Logroño o imitemos el casco histórico de Salamanca y su tapeo; sino que simplemente recuperemos el alma de la calle Bardales y su ambiente festivo.

Señas de identidad que, aunque sólo se encuentren en una placa, ya dicen mucho de esta nueva iniciativa a su favor. ¿Quién no recuerda, al hablar de Bardales, a su famoso loro y su divertido canto? Son esos pequeños detalles, que ahora recogidos en una placa, hace que nos volvamos a identificar con nuestra calle en la que tanto nos divertimos, alguna vez bebimos de más o robamos algún que otro beso. Son recuerdos de nuestra vida que van ligados a nosotros y que sólo nosotros, los vecinos de la capital, somos los que debemos recuperar ese sentimiento. Lo cierto, es que en plena crisis, esta zona ha vuelto a vivir reaperturas de bares ya no tanto orientados a la fiesta; pero si hacia el tapeo y sus terrazas.

Es este elemento al que se quiere agarrar el ‘I Love Bardales’, lograr que ese ‘terraceo’ que tanto nos gusta cuando llega el verano, tenga su punto de referencia, otra vez en esta zona del centro de la ciudad. Y poco a poco, conseguir que la juventud regrese de nuevo a esta zona donde grandes clásicos como el Cherno y el Sube siguen abiertos; El Figón sigue ofreciendo su tradicional cocina mientras que, La Criolla y la Volvoreta siguen esperando a sus fieles seguidores como si el tiempo no pasara por sus paredes. El Perdigacho y su oferta de vinos; el ‘Primavera’ y su look más desenfadado y, para los más atrevidos, el Aurum Gastrobar. En apenas cuatro líneas, una rica oferta sin desmerecer a lo que ofrece el resto en Guadalajara, pero que importante es que el corazón de una ciudad lata. Y ese latido siempre lo da el pulso de sus habitantes y hacia donde dirigen sus pasos  en su centro histórico, puesto que su alma se extiende por el resto de la ciudad.

Recuperar Bardales sí, tiene algo de nostálgico para todos los que nos encontramos en la década de la treintena o de la cuarentena; pero también es una buena oportunidad para que el centro deje de ser tan aburrido, al menos los fines de semana. I Love Bardales.