Defensores de la libertad

Por Óscar Cuevas

Casablanca

“Toquen La Marsellesa. ¡Tóquenla!”, clamó Víctor Laszlo // Fotograma de “Casablanca”

Víctor Laszlo hablaba con Rick junto a las oficinas, cuando escuchó el gruñido de los gorilas. En la parte baja del Café Américain los despreciables oficiales nazis entonaban con voces marciales un himno chusquero, imponiendo su ruido de sables ante los ciudadanos cuya libertad habían cercenado. Laszlo emprendió, ágil, el camino hacia la orquesta, para capitanear la respuesta: “Play ‘La Marseillaise’. Play it!”, ordenó a la banda. El director de la formación musical miró hacia arriba, y vio a Rick. Y al sabio dueño del local que encarnaba Bogart se le removió por dentro su pasado de luchador antifascista en España, y aparcó de pronto su pragmatismo de americano descreído. Aparcó también su dolor de amor perdido, asintió, y permitió al marido de la que había sido su amante que diera paso a la escena. Quizá, la que mejor ha encarnado en el cine la lucha frente a la tiranía. “¿Oís en los campos el bramido de aquellos feroces soldados? ¡Vienen hasta vosotros a degollar a vuestros hijos y vuestras esposas!”, dice el maravilloso himno francés. Qué letra para ese cuadro. Y qué letra para despertar nuestras conciencias tras lo sucedido el pasado miércoles.

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