El nudo gordiano

2017.10.13 4Caminos

Paso de cebra donde se produjo el fatal accidente // Foto: Guadalajara Diario

Por Álvaro Nuño.

En escasos dos días, 18.500 personas han firmado en la plataforma Change.org la solicitud de una ciudadana –Pilar López Candela para que el Ayuntamiento tome las medidas de seguridad necesarias para evitar accidentes como el que el pasado martes 10 acabó con la vida de una joven de 18 años en uno de los peligrosos pasos de cebra que tratan de regular la circulación de peatones alrededor del nudo de Cuatro Caminos. La joven era alumna del Colegio Diocesano y atravesaba el paso de cebra a mediodía, al salir de clase, a la vez que un camión de gran tonelaje con resultados fatales.

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Un cargo de cartón

2016-11-04-sub-gob

Edificio de la Subdelegación del Gobierno en Guadalajara, sin titular desde hace un año // Foto: LaCronica.net

Por Álvaro Nuño.

Tras 320 días en funciones, hoy toma posesión el nuevo Gobierno presidido por Mariano Rajoy y, sin pérdida de tiempo, celebrará su primera reunión del Consejo de Ministros en el Palacio de La Moncloa, justo después de que los miembros del ejecutivo juren o prometan su cargo ante la Constitución y el Rey en el protocolario acto del Palacio de La Zarzuela. Han sido 320 días desde aquel ya lejano 21 de diciembre de 2015. Para algunos, un periodo de desgobierno que tenía que finalizar cuanto antes. Sin embargo, para otros, 320 días en los que las cosas han seguido funcionando razonablemente hasta el punto de que el hecho de que el Gobierno estuviera en funciones no se ha notado demasiado ni alterado la vida cotidiana. Una de las funciones que no podía cumplir el Ejecutivo hasta el momento era el nombramiento de cargos, algo que en la provincia se ha traducido en que durante este tiempo no hayamos contado con el máximo representante de la Administración Central en la provincia, el Subdelegado del Gobierno. La pregunta que nos hacemos es ¿alguien lo ha notado? ¿Se le ha echado en falta? En definitiva, ¿para qué sirve un Subdelegado del Gobierno?

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El lenguaje, la norma y la decencia

El exalcalde de Cogolludo, Jaime de Frías, junto a Juan Pablo Sánchez, secretario de organización del PP, en una comparecencia de prensa.

El exalcalde de Cogolludo, Jaime de Frías, junto a Juan Pablo Sánchez, secretario de organización del PP, en una comparecencia de prensa. // Foto: PP

Por Concha Balenzategui

Hasta el próximo 6 de diciembre, día en que entra en vigor la reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, podemos seguir llamando “imputadas” a todas las personas a las que se les atribuya un delito, independientemente de la fase del procedimiento en que se encuentren. A partir de entonces, se diferenciará entre los que son “investigados” por su relación con los hechos en la fase de instrucción, de los “encausados” una vez que sean imputados por el juez de cara al juicio. Es posible que con estas nuevas denominaciones seamos más precisos -los periodistas, los primeros- al definir la posible implicación de una persona en unos hechos, por mucho que atribuir a alguien una mala acción no signifique necesariamente que sea su autor.

Lo que no sabemos es si, con el tiempo, el uso de estas nuevas palabras irán tomando carga peyorativa de manera que ensucien el nombre del denominado desde el minuto cero. En realidad, para malpensantes y tergiversadores, basta con decir el “denunciado”, por mucho que la denuncia pueda carecer de fundamento y archivarse a los tres días. Disculpen esta introducción de terminología leguleya, pero me viene al pelo para reforzar mi impresión de que el personal sabe perfectamente diferenciar qué es un sospechoso, un procesado y un condenado, y si me apuran, si la condena es firme o no.

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Insidias en la caja tonta

Juan Pablo Sánchez, en el programa "El Cascabel" de 13 TV, la pasada semana.

Juan Pablo Sánchez, en el programa “El Cascabel” de 13 TV, la pasada semana.

Por Concha Balenzategui

Dicen las encuestas que la media española está en casi cuatro horas de consumo de televisión al día, por lo que debe haber alguno que se traga más de ocho horas para compensar las que yo no enchufo el aparato. Lo digo por admitir de antemano mi poca sintonía con el medio del que escribo hoy, y al que no es baladí que se atribuya tanto poder. Siguiendo con la estadística, resulta que los castellano-manchegos son los que más televisión ven en España, hasta contabilizar 4 horas y 13 minutos de media cada día. Me pregunto de dónde sacan esas cuatro horas libres, y por qué anteponen el televisor a otros entretenimientos como la lectura, el deporte o incluso las relaciones sociales y familiares. Pero haga cada uno con su tiempo lo que le parezca.

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Menores acosadas

Los hechos tuvieron lugar en el IES Luis de Lucena de la capital.//Foto: foroactivo.com

Los hechos tuvieron lugar en el IES Luis de Lucena de la capital.//Foto: foroactivo.com

Por Ana María Ruiz

La Policía Nacional detuvo la pasada semana en Guadalajara a un joven de 19 años por once presuntos delitos de abusos sexuales cometidos contra otras tantas niñas de entre 12 y 13 años que acudían a estudiar a su mismo instituto: el Luis de Lucena, ubicado en el barrio de La Estación de la capital. Valiéndose de su edad, este individuo aprovechaba presuntamente los recreos para practicar tocamientos de carácter sexual a las menores en contra de su voluntad. Tras asistir a una de las charlas que impartieron varios agentes del CNP dentro del Plan Director para la Convivencia y Seguridad en los Centros Educativos, las víctimas decidieron poner los hechos en conocimiento de la directora del centro, quien los trasladó la Policía. Las investigaciones que han culminado con la detención comenzaron el pasado mes de febrero, constatándose además que el joven tenía antecedentes por hechos similares.

Soy madre de una preadolescente de 12 años que este curso ha comenzado su etapa de Secundaria en el instituto y les puedo jurar que se me revuelve el estómago con tan sólo pensar que un malnacido le pueda poner la mano encima a mi hija. No quiero reproducir lo que se me pasa por la cabeza y lo que yo le haría a este “presunto” si me dejasen cinco minutos con él a solas porque probablemente la detenida sería yo.

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Asustapadres

El subdelegado de Gobieno, Juan Pablo Sánchez, junto al teniente coronel de la Comandancia de la Guardia Civil,  Pascual Luis Segura. // Foto: Lacronica.net

El subdelegado de Gobieno, Juan Pablo Sánchez, junto al teniente coronel de la Comandancia de la Guardia Civil, Pascual Luis Segura. // Foto: Lacronica.net

Por Concha Balenzategui

Como soy madre, como padre es Rafael Esteban, puedo entender perfectamente los motivos que llevaron al alcalde de Marchamalo a escribir el comunicado que el pasado miércoles inundó las redes sociales, hablando de un presunto intento de secuestro en el pueblo. Como soy madre, como padre es Juan Pablo Sánchez, entiendo también que el subdelegado de Gobierno quisiera contrarrestar toda sensación de alarma entre los vecinos, al día siguiente del comunicado.

No, no voy a situarme en la equidistancia en esta polémica, seguramente porque ni siquiera voy a entrar en el rifirrafe de las declaraciones. Pero permítanme algunas consideraciones más generales antes de “mojarme”, que es para lo que me “pagan” (dicho sea metafóricamente) con su lectura.

El mundo está lleno de padres y madres, personas que asumimos la importante tarea de sacar a nuestros hijos adelante, satisfacer sus necesidades básicas (alimento, vestido, cuidado), educarlos para convertirlos en buenas personas, y tratar de que sean felices. Ahí es nada. Pero desde el mismo momento en que se corta el cordón umbilical, los niños comienzan el camino irreversible de la autonomía, un camino que está lleno de peligros y amenazas que no podemos controlar. Desde el mismo momento en que actúan las tijeras en el paritorio, se descarga automáticamente en el cerebro de padres y madres una especie de aplicación de alerta para tratar de que a nuestro hijo no le pase nada malo. Por eso, como la mayoría de los animales con los que compartimos el planeta, se activan nuestros instintos de protección al cachorro ante la más leve amenaza.

En este contexto de inseguridad nos debatimos, con la preocupación inserta en nuestro ADN y nuestra sensibilidad a flor de piel, pero intentando mantener la cabeza fría para que la vida siga y nuestras criaturas crezcan sin volverlas ni volvernos locos. Así, nos acostumbramos a no intervenir en las pequeñas disputas del parque, para que también los niños aprendan a resolver sus propios conflictos, o nos permitimos dormir cuando el adolescente no ha regresado a casa de anochecida. Quizá también la pugna entre la preocupación y la cabeza fría hayan estado detrás de la actitud adoptada por Esteban y Sánchez en este episodio.

Una de las alertas que circulan por wasap estos días.

Una de las alertas que circulan por wasap estos días.

Pero prosigamos con el contexto social. El imaginario colectivo está lleno de figuras que tratan de inculcar en los niños el miedo como vieja fórmula para atajar los peligros que les acechan: El hombre de saco, el que regala caramelos en la puerta del colegio o las calcomanías impregnadas de sustancias estupefacientes… ¡Cuánto habremos inventado y nos habremos creído a un tiempo! Ocurre que, según evolucionan las amenazas, van transformándose las figuras del mal, encarnadas ahora por rumanos -casi siempre rumanos, a veces albanokosovares- que venden perfumes en tu propia casa o que te hacen encuestas a la entrada del cine, por citar dos de las alertas que he recibido últimamente en mi teléfono. Y ese es el problema. Que si el mensaje se mantiene muy similar, solo cambiando los personajes, el medio es totalmente nuevo. Porque el miedo viaja ahora en grupos de wasap y en las redes sociales. Y lo hace a velocidad vertiginosa y con un impacto brutal por las constantes réplicas. Viralidad lo llaman.

Como afortunadamente no hay nadie dañado, vamos a recordar que al reciente caso de Marchamalo se une otro más el mes pasado en Alovera, cuando una alarma similar recorrió los grupos de wasap. A mi móvil había llegado otra más, muy parecida, el pasado verano, que hablaba de intento de secuestro de niños, y en este caso citaba la puerta de un supermercado de otra localidad del Corredor, indicando el color del vehículo del supuesto delincuente. Mi reacción fue y es la del susto inicial; supongo que es inevitable. Pero mi respuesta siempre ha sido la de no reproducir ningún mensaje “asustapadres” de este tipo. Cuando tengo tiempo, busco en los medios de comunicación una confirmación de que la denuncia existe y es pública, y si encuentro información, matizo o desmiento en el mismo grupo que la propaga. Con alguna historia rocambolesca de las que circulan, esas de los rumanos de las que hablaba, me ayuda bastante el perfil de Twitter de la Policía Nacional (@policia), que suele atajar los bulos que circulan.

Y este, el del premiadísimo community manager de la Policía, es un buen ejemplo de cómo adaptarse a los medios para transmitir información y cómo difundir alertas sin crear alarmas innecesarias. Y miren que es difícil hacerlo de forma impecable, cuando solo tiene 140 caracteres a su disposición. Estoy convencida de que, lejos de la guerra de declaraciones entre el subdelegado de Gobierno y el alcalde de Marchamalo, lo sucedido en estos meses, con un caso real y espeluznante como el del pederasta de Ciudad Lineal como telón de fondo y caldo de cultivo de nuestras angustias paternales, debería hacernos reflexionar.

Creo seriamente que las autoridades deben replantearse los protocolos de información y de alerta ante las emergencias en los nuevos tiempos. Sabiendo que el miedo es más viejo que nosotros y que el gusto por el chismorreo es inherente a la condición humana, pero también que los medios a nuestro alcance mucho más poderosos. Para bien y para mal.

Rafael Esteban, alcalde de Marchamalo. // Foto: PSOE

Rafael Esteban, alcalde de Marchamalo. // Foto: PSOE

No se han hecho bien las cosas en estas semanas, claro que no. Pienso que el alcalde de Marchamalo se precipitó, porque debía haber coordinado su información con la Subdelegación de Gobierno en lugar de alertar -o alarmar- por su cuenta. Y sobre todo que su mensaje no debía aportar datos que serán esenciales para la investigación (la descripción del vehículo y su conductor), pero pueden convertirse en una caza de brujas entre la población cuando no hay nada demostrado. Pero también prefiero recibir un mensaje firmado por un ayuntamiento, al que doy más credibilidad, como ocurrió en Marchamalo, que el caso de Alovera, donde el comunicado era más confuso, y a mí me llegó cuando ya había leído dos mensajes con versiones contradictorias sobre el supuesto ocurrido.

También pienso que el subdelegado, ese mismo que cuando era alcalde recorrió Pastrana megáfono en mano alertando a sus vecinos de que las monjas se llevaban los cuadros del convento, exacerbando los ánimos en un episodio en el que hubo hasta un obispo zarandeado, tendría que ser más comprensivo. No debería utilizar el tema para la pugna política, porque estoy convencida de que sus palabras hubieran sido otras si el alcalde “asustapadres” fuera del PP. Y sobre todo, debería informar. Pero claro, la Subdelegación el Gobierno casi nunca informa. Su máxima es que aquí no pasa nada, y si se reduce el parte de sucesos, la sociedad dormirá más tranquila. Y no es así. Si comunicara de forma más transparente, si desmintiera en los medios los bulos que circulan o los atajara con los hechos ciertos, estaríamos más informados. Seríamos menos presa del miedo irracional.

Y uso deliberadamente el término Subdelegación. Porque este modo de actuar es habitual en la institución, y no en este subdelegado en concreto. Las quejas por la opacidad son ya viejas en la prensa. Incluso recuerdo a María Dolores de Cospedal, siendo candidata, prometiendo ante los medios una mejor comunicación de los sucesos cuando el PP llegara al Gobierno. Pero de lo dicho nada. Las notas de prensa, redactadas en Toledo y no en Guadalajara, son escuetas y se limitan a contar los sucesos esclarecidos, los delincuentes detenidos, no los hechos denunciados. Las ruedas de prensa solo se dan para hablar de las operaciones exitosas. En lugar de un periodista encargado del asunto en la Subdelegación, en su puesto hay un recomendado militante sin conocimiento ni experiencia en comunicación. Últimamente veo más a Juan Pablo Sánchez ante los micrófonos azotando al PSOE, en su papel de secretario provincial del PP, que atizando a los “malos”, como subdelegado. Y no es de recibo.

Pero vuelvo a lo que nos ocupa esta semana: Es necesario que la Sudelegación de Gobierno convoque una reunión de la Junta Provincial de Seguridad y repase las últimas alarmas suscitadas en el Corredor. Y debe revisar con todos los implicados los protocolos de coordinación de la información y los pasos para comunicar las alertas a la población. Abrir canales directos e inmediatos con los medios de comunicación, y utilizar los nuevos medios que usa la población. De lo contrario, seguiremos asustados como en los tiempos del hombre del saco.

Grafiti institucional

Nueva decoración de las casetas de peñas de Marchamalo. // Foto: Ayuntamiento de Marchamalo

Nueva decoración de las casetas de peñas de Marchamalo. // Foto: Ayuntamiento de Marchamalo

Por Concha Balenzategui

“Si es legal, no es grafiti”. Es la frase que se repite en la última novela de Arturo Pérez Reverte, El francotirador paciente, una aventura muy bien documentada que se desenvuelve en el mundo de los grafiteros. Ese lema es el mantra de algunos de los personajes del libro, que rechazan a quienes terminan “coqueteando” con el poder o con el mercado del arte, vistos como traidores al origen contestatario y marginal del grafiti.

El grafiti puede ser considerado arte urbano o acción vandálica, y creo que en alguna medida tiene cosas de ambos. Por eso hay muchos intentos de “domesticar” estas expresiones murales: Galerías de arte que han aupado la cotización de los más destacados escritores de paredes, desde las calles hasta los salones de los coleccionistas; museos de arte moderno que cuentan con obras de Bansky o Blek le Rat; comerciantes que piden al grafitero que decore su persiana metálica o la fachada de su negocio antes de que se llene de firmas, como los frescos de “Rector” que se pueden ver en el casco de Guadalajara… Y también hay ayuntamientos que organizan fiestas de arte urbano para decorar paredes de instalaciones municipales a ritmo de hip-hop, quizá con el ánimo -equivocado, a la vista de los resultados- de que cediendo espacios para la expresión, los grafiteros respetarán las fachadas de viviendas e instituciones.

Como el grafiti es un fenómeno ya longevo, y este tipo de derivaciones también, no se nos hace raro a estas alturas que el Ayuntamiento de Marchamalo contrate a uno de sus exponentes para decorar las casetas de las peñas. Ni que antes lo hiciera con otros entornos municipales, como el Ateneo Arriaca o el Espacio Joven. No sé si algunos, aerosol en mano, considerarán a Juan Carlos Fernández (por cierto, qué nombre tan poco grafitero) un “artista domesticado”. El resultado está a la vista, y a mí me gusta mucho. Pero, quizá porque sigo relacionando el grafiti con ese halo de expresión transgresora, de denuncia o protesta, me resulta chocante. No deja de ser curioso que la figura del grafitero, artista libre de ataduras o simple gamberro, sea bendecida y alentada por el poder, el mismo que en esencia contestaba. O al menos así era en otro tiempo.

Sin embargo, lo que me rechina es justamente lo contrario. Que sea un ayuntamiento el que se comporte como un grafitero contestatario. Marchamalo es un buen ejemplo de ello, y ahora también Azuqueca. Me refiero a los carteles, claro, porque de momento estos alcaldes no bombardean las paredes a brochazos. Últimamente, cuando visito Marchamalo, tengo la sensación de entrar en la trinchera, al pasar bajo una pancarta de lado a lado de la calle principal o ver un cartel presidiendo la fachada del Ayuntamiento. “Está usted en un lugar hostil a Cospedal”, vengo a interpretar ante la dura críticas a la gestión de la presidenta de la Junta que leo en esos lemas.

Ahora, el Ayuntamiento de Azuqueca de Henares coloca un cartel en el edificio en obras del viejo Centro de Salud, para denunciar que Cospedal impide este proyecto. Azuqueca es también un lugar que eleva al grafitero a la categoría de estilista municipal, de decorador de espacios urbanos -léase el Foro-, y que a su vez se comporta como un grafitero.

 

Cartel en el centro de salud de Azuqueca. // Foto: Ayuntamiento de Azuqueca.

Cartel en el centro de salud de Azuqueca. // Foto: Ayuntamiento de Azuqueca.

Hablo, claro está, de las formas. Marchamalo y Azuqueca tienen sobradas razones para estar descontentos del trato que reciben desde el Gobierno regional, no me cabe duda. El “castigo” se les infringe, por agravio comparativo con otros municipios, por tener alcaldes socialistas, Rafael Esteban y Pablo Bellido, que son además destacados en el organigrama del PSOE. Es una pena que, a la postre, no se aplica solo sobre sus votantes, sino sobre los vecinos de todos los colores.

Pero estos alcaldes equivocan el camino de la resistencia, porque olvidan que representan a todos los habitantes de sus municipios. Están en su derecho, incluso en el deber, de reivindicar lo que consideran justo para su pueblo, sea la reforma del centro de salud o el cobro de la deuda. Pero no pueden enfundarse al tiempo la camisa de gobernante y la de púgil de su rival político. Porque entonces están utilizando su cargo para la trifulca partidista.

En democracia hay muchas formas de ejercer la discrepancia. Por ejemplo, convocar ruedas de prensa o enviar notas a los medios de comunicación. Pero si el mensaje es la crítica al partido rival, deben hacerlo desde la sede de la calle Madrid, con el logotipo del puño y la rosa. Pueden usar sus cuentas personales de Twitter, o presentar mociones para debatir y aprobar en los plenos exigiendo justicia para con sus pueblos. Pero no es de recibo poner los medios de una institución -la casa consistorial o la página web- para difundir mensajes de este tono.

No sería honesto obviar que la delgada línea que separa el partido de la institución se traspasa desde hace muchos años, y desde todos los frentes. He visto al alcalde de la capital, Antonio Román, poner a caldo a José María Barreda desde la sala de prensa municipal por los atrasos en los pagos de la Junta al consistorio de Guadalajara, en una actitud beligerante que por cierto no encarna desde que su partido ocupa Fuensalida. Y me hago cruces cuando compruebo que el subdelegado del Gobierno en Guadalajara, Juan Pablo Sánchez, entre cuyas funciones está la de organizar las distintas elecciones, y velar por unas votaciones limpias, es además el coordinador de la campaña electoral del PP. Algo así como el capitán del equipo, y el árbitro del partido, en una misma persona. Intolerable.

Ante una pintada en una pared, podremos dudar y discutir si se trata de arte o de vandalismo. Pero en una institución no se pueden confundir los papeles de gobernante y de candidato. “Si es legal, no es grafiti”, decían los puristas. “Si eres institución, no te comportes como un grafitero”, añado yo.