Un viaje a La Habana

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Por Gloria Magro Esteban*

La única vez en mi vida que vi a Enrique Meneses, estaba sentado en la silla de ruedas de la que ya no se levantaría. Un cable de oxígeno pendía de sus fosas nasales y el cáncer, terminal, era ya un realidad palpable y certera. Y pese a ello, Meneses era, con diferencia, la persona más lúcida e interesante del salón del Parador de Sigüenza aquella noche de invierno de 2011 en la entrega de la I Edición de los Premios Provinciales Manu Leguineche. El homenajeado, a su lado, otrora también un personaje mítico, era un convidado mudo también en silla de ruedas, al otro lado del telón de la demencia senil. Y como la vida en muchos casos no es lineal sino que avanza y retrocede de forma caprichosa, estos días, nada más recibir mi programación de vuelo del mes de octubre, he vuelto a Meneses y aquella fría noche invernal seguntina.

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