Los valores de una afición modélica

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Imagen de <<La Zorra Alkarreña>> en uno de sus desplazamientos a Valdebebas | Foto: Guada Siglo XXI

Por Fernando Rojo *

30 de noviembre de 2014. Cinco de la tarde. Barakaldo. Un grupo de seguidores del Club Deportivo Guadalajara, concretamente de la peña «La Zorra Alkarreña», entran al estadio de Lasesarre. Los aficionados locales se empeñan en que se sitúen en la misma grada que ocupan las peñas del Barakaldo. La Policía, en un principio, rechaza la petición por motivos de seguridad. Pero al final, ante la insistencia de los aficionados vizcaínos -que desde la noche anterior habían confraternizado con los peñistas alcarreños- los agentes acceden a ello. Durante el partido, seguidores de ambas peñas se funden en cánticos conjuntos, dando un ejemplo de deportividad que es destacado por el club anfitrión. No es la primera vez, ni será la última, que en uno de los estadios que visita «La Zorra Alkarreña» se felicita su forma de animar al equipo morado: fiel a sus colores, pero respetuosa con el contrario, y sobre todo muy festiva. En un partido en Huesca incluso el club emitió un comunicado de felicitación después de que los dulzaineros de la peña deportivista ejecutaran el himno a San Lorenzo, patrón oscense. En Oviedo, todo el estadio aplaudió la interpretación del «Asturias patria querida». Muchas veces he escuchado por esos campos de España referirse a «La Zorra» como «una de las mejores peñas», en ocasiones «la mejor», que había pasado por allí. En realidad, el comportamiento modélico es extensible a otras peñas que existen o han existido («Deportivo Caracol», «Frente Serapio», «Morados de Plata», «La Piña Morada») y prácticamente al resto de seguidores morados, a excepción de un pequeño grupúsculo que ya no acude al estadio. La triste excepción que confirma la regla.

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