Cuatro horas a la semana

Por David Sierra

A punto está el reloj de pared de marcar las tres y media de la tarde. La jornada ha sido intensa pues desde primera hora de la mañana, en la que se presentaron en su casa los obreros que tenían por encargo levantar la calle, Juan Pablo no ha parado. En su domicilio están las llaves que abren todos los entresijos del pueblo – un pequeño municipio de apenas 120 habitantes -, desde el almacén municipal donde se guardan los bártulos de trabajo diario hasta la propia Casa Consistorial que frecuenta desde que fuera elegido alcalde hace ya un par de legislaturas.

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