¡Que no pare la música!

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Por Eva Ryjlen (*)

Mi familia nunca fue especialmente musiquera, a excepción de las navidades donde se cantaban todas la canciones populares del Alamín alrededor del fuego. La música era un divertimento pero también algo que nos mantenía unidos todos los inviernos a pesar de la distancia. Supongo que eso provocaba en mí una sensación de protección, de estar en casa. Sigue leyendo