Jueces anónimos

 

Por Gloria Magro. 

Es lunes y aún no ha salido el sol. El albañil va con prisas, o tal vez no. Está haciendo una reforma en El Casar y se ha dormido. O a lo mejor es un hombre tranquilo y conduce con prudencia, no lo sabemos. Esa mañana tiene mil cosas en la cabeza, o no tiene ninguna, tampoco eso lo sabemos. La carretera es tranquila, rural, las urbanizaciones tras los setos se congelan en los márgenes de la M-117, aún somnolientas a esas horas. De vez en cuando cruza un conejo. Pasan pocos coches y en dirección contraria, la gente madruga para ir a Madrid a trabajar. Acelera, ya queda poco para llegar. Al fondo se ve una marquesina de autobús. Entra un mensaje en su móvil y baja un momento la mirada para leerlo, está solo en la carretera, ni se lo piensa. O tal vez abre la guantera del coche para buscar algo, o mira por el retrovisor, quien sabe. Es un segundo, un mísero segundo el que deja de prestar atención, pero un impacto brutal rompe el cristal del Mercedes y un cuerpo cae desplazado en la cuneta, inerte. Y después el silencio.  Sigue leyendo