Sumisa igualdad

Por David Sierra

Se acerca el 8 de marzo. Una fecha señalada en el calendario. Las calles se tiñen de protesta. De reivindicación. De proclamas en favor de la igualdad. En defensa de los derechos para que sean efectivos sin distinción de géneros. Para reclamar el fin de las discriminaciones, de las violencias en todas sus formas. Para hacer entender a quienes desde las aceras miran y callan incrédulos, anclados en la tradición, porque aún no comprenden el cambio al que de manera ineludible el movimiento feminista conduce a la sociedad.

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Manifestación por el Día de la Mujer. / Fuente: Ser Guadalajara.

 

En la cola del ‘super’ la proporción, a simple vista, refleja que los avances que poco a poco se van sucediendo son lentos. Ellas siguen insistiendo en demostrar que son todoterreno. Y de eso, otros, los otros, se aprovechan. Vuelan con la compra de un lado a otro por los pasillos de la tienda, mientras atienden al pequeño chiquillo encaprichado con unos chocolates de la caja. Con el portafolio del trabajo bajo el brazo. Multiplican esfuerzos y alzan la cabeza altivas. Mujeres del nuevo siglo. Capaces de todo. Convencidas de haber superado el listón sostenido de manera y bajo unas reglas que no preveían su presencia en la línea de salida.

Otras utilizan el teléfono móvil como una prolongación de la oficina, mientras sus ojos desvelan propuestas para la cena. Preguntan con descaro a la dependienta donde está eso o aquello, marcando el territorio a través del establecimiento de esa diferenciación de clase que otorga el poder económico, ese que incide en las mayores desigualdades y cuya lucha para frenarlas ha quedado relegada al ostracismo bajo el temor de la desaceleración. Vestidos y perfumes se enfrentan al uniforme aromatizado de la panificadora. Los planes de igualdad inciden sobre las mujeres que ya están empoderadas y relegan a las débiles a la sumisión social de las rutinas que marcan el día a día. Son soluciones que se alejan de la otra mitad, de su educación, de su involucración, de recibir y decodificar el mensaje correctamente y de dotarle de las herramientas y conocimientos necesarios para eludir la desinformación y evitar caer en el adoctrinamiento que rezuma de las tradiciones.

Aparecen amas de casa que extrañan a sus hijos cuarentones, aún dependientes de la economía familiar, incapaces de adquirir una barra de pan sin equivocarse. Siguen cumpliendo con aquello que heredaron de sus madres, defienden en libertad vigilada los valores que les instan a permanecer enjauladas entre los barrotes invisibles del costumbrismo machista. Y lo defienden con uñas y dientes. Y, cuando a veces se revelan, es una rebelión ficticia que acaba de nuevo en el redil; sin consecuencias, a no ser que enviudar antes de tiempo suponga esa llave liberalizadora.

Sintomáticamente, el 8 de marzo se ha convertido en una cita de contraposición de pareceres entre las propias mujeres. De conceptos, de modelos. Una confrontación dentro del propio género femenino con respuestas, actuaciones y manifestaciones públicas dispares. Una lucha necesaria en la que, quizá por primera vez, la masculinidad se pone al servicio de la femineidad o bien queda al margen como un mero espectador expectante por el resultado final. Llegar hasta este punto pone de manifiesto que el movimiento feminista ha dado pasos de gigante hacia ese reto utópico que consiste en conquistar la igualdad.

Y sin embargo, la igualdad aún queda lejos porque sigue siendo sumisa. Está sometida. Carente de la distancia necesaria para evitar la imposición de un género sobre el otro. Es una igualdad que continua abriéndose paso para sobresalir entre las acentuaciones constantes de las diferencias entre hombres y mujeres en vez de focalizarse en aquellos aspectos que pueden generar más empatía. Que no es otra cosa que la propia humanidad, entendida como tal.

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Alcarreñas sois nobles y fieras

Un lazo gigante rosa en las Tetas de Viana // Imagen: Expedición Viaje a La Alcarria

Un lazo gigante rosa en las Tetas de Viana // Imagen: Expedición Viaje a La Alcarria

Por Patricia Biosca

Ya está. Finiquitado el 2018. Ahora cobran sentido todos los anuncios que se anticipaban al fin del año. Esos en los que se hacía balance. Muchos de ellos, protagonizados por mujeres, ya sea en su faceta de ama y señora del hogar (porque sigue quedando raro que un hombre anuncie productos de limpieza); muchos de ellos aprovechando la estela que ha dejado un año en el que las mujeres, de repente y sin previo aviso, han reivindicado su espacio. Me viene a la mente ese de Netflix -dueña y señora de la creatividad que incluso ha llegado a tocar con su varita mágica Guadalajara- en el que una actriz de una ficción de reclusas decía “nos hemos portado mal”. Al final, lo acabaron quitando no porque el mensaje feminista molestase a nadie, sino porque los insultos sobre el físico de la protagonista obligaron a la compañía a su clausura. ¿Habría pasado con Arévalo, poseedor y señor del machismo, racismo y de los chistes de gangosos? Sigue leyendo

Sin un ‘sí’, es ‘no’

Imagen principal de la campaña del Instituto de la Mujer.

Imagen principal de la campaña del Instituto de la Mujer contra las agresiones sexuales.

Por Concha Balenzategui

El Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha ha emprendido este verano una campaña contra la violencia sexual que está llevando a diferentes localidades de forma directa y a la población en general a través de los medios de comunicación y las redes sociales. La campaña -la habrán oído ustedes- lleva por lema “Sin un sí, es no”, y viene a dar un paso más allá de la que se promovíó en Pamplona coincidiendo con las fiestas de San Fermín, que propagaba la frase “No es no”.

Tanto el Instituto navarro como el Instituto castellano-manchego han querido afrontar el problema de los abusos sexuales, que está presente en nuestra sociedad y al que no siempre se concede la importancia que tiene. Y lo han hecho desde el punto de vista de la definición misma del hecho, con el objeto de delimitar las conductas reprobables en este terreno, y que son todas aquellas que no incluyen el libre consentimiento de la relación por ambas partes: “Sin consentimiento es una agresión”.

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Sola por la calle

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Por Míriam Pindado

Ayer vi un corto que aunque salió a la luz en marzo no se había hecho viral hasta ahora. Se llama ‘Au bout de la rue’ (Al final de la calle) y transmite, en poco más de tres minutos, lo que sienten muchas mujeres cuando caminan solas de vuelta a casa por la noche. Incomodidad. Tensión. Miedo.

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Las palabras que nos confunden

Cartel de la campaña "Las palabras que nos unen" del Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha.

Cartel de la campaña “Las palabras que nos unen” del Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha.

Por Concha Balenzategui

Con motivo del Día Internacional de la Mujer, el Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha, entre otras entidades y asociaciones, se lanza en estos días a celebrar actos alusivos, de reivindicación, o simplemente lúdicos, centrados en el tema. Sin ir más lejos, ayer mismo en la capital se desarrolló el acto común de todas las instituciones, que tuvo como protagonista a la carismática Blanca Calvo, premiada por su lucha por la igualdad y por su contribución a la cultura. Enhorabuena.

Cifuentes acoge hoy la celebración de un Consejo de Gobierno monográfico sobre la mujer, y un acto institucional de reconocimiento a las féminas que han destacado por su lucha por la igualdad de oportunidades entre los sexos. También ha nacido este año el “Premio Luisa de Medrano”, que es todo un acierto, pues recupera la figura de una mujer atencina que probablemente fue la primera catedrática de Universidad del mundo, y que ha sido tan desdibujada en la Historia que hasta le habían cambiado el nombre, propagado equivocadamente como “Lucía”. El galardón sirve para homenajear a otras mujeres que a veces permanecen un tanto ocultas -“visibilizar”, se dice ahora- como la fiscal Soledad Cazorla, a título póstumo, o a activistas de todas las provincias: en el caso de Guadalajara, Pilar Andrés. Mis felicitaciones, tanto a las premiadas como a la iniciativa.

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Amores que matan

Una de las imágenes de condena a la violencia de género. // Foto: satjerez.com

Una de las imágenes de condena a la violencia de género. // Foto: satjerez.com

Por Marta Perruca

Tengo que admitir que me dieron casi las tres de la mañana delante del televisor. Terminó una de mis series favoritas y me quedé enganchada con un nuevo programa que se estrenaba ese día y empezaba justo después: “Amores que duelen” se llama y en él mujeres víctimas de violencia de género se arman de valor para contar su historia a las cámaras, a lo que se unen los testimonios de familiares y especialistas, como abogados y psicólogos. No se trata de simples episodios de maltrato sino de homicidios frustrados, historias atroces que dan muestra del valor que han tenido que echarse a la espalda estas mujeres para volver a enfrentarse a su historia. Y sin embargo, ellas son afortunadas porque a diferencia de muchas otras mujeres pueden contarla. Parece irónico decir esto ¿verdad? porque la suerte hubiera sido cruzarse con una persona que realmente las hubiera querido, valorado y respetado a lo largo de toda su vida y con la que pudieran haber construido una vida plena en común y sin embargo esas mujeres se enfrentaron a una cámara para relatar que la persona a la que un día creyeron amar por encima de todas las cosas, con la que quisieron compartir su vida, ha querido matarlas.

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La Igualdad de Género, en perspectiva

Viñeta de Forges que ilustra las obligaciones que afronta la mujer dentro de la sociedad. // Foto: http://enredando.webcindario.com/

Viñeta de Forges que ilustra las obligaciones que afronta la mujer dentro de la sociedad. // Foto: http://enredando.webcindario.com/

Por Marta Perruca

La semana pasada se celebraba el “Día de la Mujer Rural” y, aunque sé que llego un poco tarde,  la cada vez más frecuente aparición de noticias de actualidad que ponen de manifiesto la vulneración de los derechos básicos de la mujer y la perspectiva errónea a la hora de interpretar nuestro papel dentro de la sociedad, así como la degradación fortuita o intencionada de nuestra imagen, me han animado a dar forma a este artículo, que he decidido abordar como una especie de trabajo de investigación:

Dicho trabajo podría llevar el título: Manifestaciones y declaraciones poco afortunadas relacionadas con la perspectiva de la Igualdad de Género y los derechos fundamentales de la mujer: Los principales síntomas del retroceso en la lucha por la igualdad y el largo y penoso camino que todavía queda por recorrer

Introducción:

El presente estudio sociológico está realizado desde la perspectiva de la escuela “Perruquista” y para su realización se han utilizado unas técnicas de investigación “de andar por casa”, rigurosamente científicas.  El propósito del mismo no es otro que  abordar el análisis de algunos casos concretos de torpeza política que atentan contra la dignidad y los derechos fundamentales de las mujeres, con el propósito de detectar sus posibles causas y, en definitiva, las incoherencias del sistema y los principales errores a la hora de abordar políticas destinadas a alcanzar la igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres.

1. El complejo de superioridad de Arias Cañete y la pervivencia de una visión retrógrada en el papel político de la mujer

Probablemente todos recordaréis las declaraciones que hacía Miguel Arias Cañete (PP) en el programa de Antena 3 “Espejo Público” tras el debate televisivo contra su adversaria política socialista, Elena Valenciano, en las elecciones europeas del pasado 25 de mayo. El entonces candidato manifestó que “el debate con una mujer es complicado. Si demuestras superioridad intelectual o la acorralas, es machista” y añadía que: “Si debato con el señor Rubalcaba nos podemos decir todas las barbaridades, pero con una mujer se interpreta de otra manera”. Arias Cañete estaba convencido de haber ganado el debate, pero entendía que el hecho de que ese cara a cara fuera contra una mujer le había perjudicado, en el sentido de que si empleaba todas sus armas de convicción, se pudiera interpretar su “superioridad intelectual” como “machismo”.

A simple vista, los errores políticos de Arias Cañete son obvios: Si tan preocupado estaba de parecer machista y tan convencido de haber ganado el debate y de su “superioridad intelectual” respecto a su adversaria, está claro que no evitó lo primero y, además, puso en evidencia que tampoco es que sea muy superior intelectualmente, que digamos, porque si el debate le pudo haber sido favorable, de un plumazo, echó por tierra toda la ventaja que le podría haber aportado y se lo puso “a huevo” a su contrincante para sacar rédito político de sus declaraciones.

Por otra parte, este caso concreto pone de manifiesto la existencia de una perspectiva retrógrada de la imagen pública de la mujer, a la que parece que hay que tratar con condescendencia, como si no fuera capaz de afrontar las responsabilidades y consecuencias de la actividad política y ésta fuera una parcela exclusiva de hombres, a la que ellas han entrado por deferencia de éstos.

El problema radica en que parece que no se ha asumido todavía algo tan básico como que las sociedades está formadas por personas, sin importar sus diferencias de género, y que ambos deben formar parte de sus órganos de gestión, puesto que de lo contrario, el 50 por ciento de los miembros  de esas sociedades carecerían de representación.

2. Mónica Oriol: Cuando la mujer se convierte en su peor enemiga y la maternidad se entiende como un obstáculo.

Algo más recientes son las declaraciones de la presidenta del Círculo de Empresarios, Mónica Oriol que, ni corta ni perezosa y, acostumbrada ella a sembrar polémicas, manifestaba que prefiere contratar “a una mujer de más de 45 o de menos de 25 años porque como se quede embarazada, nos encontramos con el problema”. Desde luego esta representación femenina en un órgano de poder no resulta ser el mejor aliado en la lucha por los derechos de la mujer, pero al mismo tiempo, es ilustradora del principal obstáculo al que nos enfrentamos las mujeres a la hora de incorporarnos al mercado laboral: La posibilidad de quedarnos embarazadas no se percibe como algo absolutamente necesario y condición suprema de posibilidad de la existencia y funcionamiento de las sociedades, sino como “un problema”.

El sistema no ha terminado de asumir la necesidad de mantener unos niveles óptimos de natalidad que aseguren una tasa de reemplazo generacional. Estamos sumidos en una perspectiva individualista y cortoplacista, por lo que traer hijos al mundo no se percibe como una inversión de futuro, sino como eso mismo: Un problema económico y de producción para el empresario y un obstáculo para el desarrollo de la carrera profesional de la mujer y para su incorporación en el mercado laboral.

Esto se debe, principalmente, a que las políticas en materia de igualdad que se han llevado a cabo en nuestro país, no han sido las más acertadas y a la ausencia de medidas correctoras que igualen las condiciones de la mujer en el mercado laboral, algo que pasaremos a analizar más adelante.

3. El caso del concejal de Hortaleza: Cuando son los propios representantes de los ciudadanos los que no respetan los derechos de las mujeres

La actualidad nos tiene bastante acostumbrados a la aparición de estos supuestos en los que los derechos de la mujer se ven pisoteados. Hace apenas una semana, un concejal de Hortaleza, Ángel Donesteve, despedía a su secretaria porque había cometido la “irresponsabilidad” de tener un hijo y querer conciliar su vida laboral y familiar. El mencionado concejal realizaba las siguientes afirmaciones en el Pleno del Ayuntamiento de Hortaleza: “Los vecinos de Hortaleza se merecen una total dedicación, y doña Delia prefiere conciliar su vida personal y familiar, algo que alabo, pero yo necesito el máximo rendimiento y el máximo número de horas de trabajo”. O sea, que los vecinos de Hortaleza no se merecen una trabajadora municipal que sea madre y que quiera hacer efectivo su derecho a conciliar. Entonces, se supone que tampoco se merecerá una institución que vele y garantice los derechos de las mujeres y, por lo tanto, de la mitad de los vecinos a los que representa.

De nuevo nos encontramos con que la maternidad se percibe como un problema para la persona que contrata, del que se culpabiliza a la mujer. A mí se me ocurre otra perspectiva desde la que enfocar la situación. Mientras que los hombres no puedan parir somos las mujeres las que tenemos la función social, vital y absolutamente necesaria de traer vidas al mundo. Soportamos para ello nueve meses de embarazo y un parto doloroso y el Estado, no conforme con desentenderse por completo del cuidado de la criatura, la única solución que propone es que podamos reducir nuestra jornada laboral, renunciando con ello a una parte considerable de nuestro poder adquisitivo. Por supuesto, la culpa no es del sistema, sino de la mujer que es incapaz de cumplir con sus obligaciones laborales.

4. García Page y los peligros del lenguaje sexista en la política

 Seguro que el coordinador del PSOE en Castilla-La Mancha todavía maldice el día que se le ocurrió utilizar el símil de la chacha y la aspiradora al referirse a María Dolores Cospedal. Por mucho que García Page trate de explicar por activa y por pasiva que sus comentarios se referían a la limpieza política del PP en relación al caso Bárcenas, parece difícil que el socialista pueda quitarse “el muerto” de encima. Y es que, por mucho que el PP haya utilizado estas desafortunadas declaraciones hasta la extenuación, sacándolas incluso de contexto, decir que el caso de los papeles del extesorero del PP, Luis Bárcenas, surge porque los dirigentes del PP “no saben hacer nada sin la chacha” y que  “lo cierto y verdad es que no pienso que Cospedal (secretaria general) sepa pasar la aspiradora”, puede resultar ofensivo al colectivo de las trabajadoras del hogar y vincula a las mujeres con, digamos, una obligación de desempeñar ciertas tareas, como si resultara “intolerable” que una mujer no supiera pasar la aspiradora. Además, a mí me plantea una duda: ¿Habrá pasado García Page alguna vez la aspiradora?

5. Ana Botella: La Superwoman

 Un “hurra” por la alcaldesa de Madrid, que supo pararle los pies al concejal “machista” de Hortaleza y lograr que readmitiese a la secretaria despedida, quisiese ésta o no incorporarse a su puesto de trabajo a las órdenes del susodicho concejal,  después de la que se había armado. Aunque su actitud haya sido la correcta y sus declaraciones no hayan sido objeto de críticas, creo que el punto de vista que esgrimió cuando quiso hacer valer las capacidades de la mujer en el desempeño de su labor profesional pone en evidencia todos los errores básicos en la interpretación del concepto de igualdad e incluso fundamenta el razonamiento de por qué en este país no existe una política de igualdad efectiva.

Después de relatar minuciosamente todas las gestas y hazañas llevadas a cabo como trabajadora, esposa y madre desde el momento en el que se incorporó al mundo laboral cuando tenía 22 años, Ana Botella afirmó que las declaraciones del concejal madrileño “resultan ofensivas, no sólo para mí, sino para todas las mujeres que las hayan escuchado, porque es dudar de la capacidad que tenemos las mujeres para trabajar y a la vez ocuparnos de nuestra casa”.

El error de base de la historia del feminismo en nuestro país es que se ha fundamentado en las capacidades de las mujeres, en lugar de en sus derechos. Ha perfilado una especie de “Superwoman” capaz de incorporarse al mercado laboral, trabajar igual o mejor que los hombres y, al mismo tiempo, hacerse cargo de la casa y del cuidado de los hijos. Es cierto que, en cierta medida, se ha trabajado para desdibujar esos rolles sociales que todavía pesan sobre la mujer, pero la verdad es que todavía queda un largo camino por recorrer.

Desde mi punto de vista, existe un problema muy grave a la hora de interpretar el concepto de igualdad de género. Habrá quien se lleve las manos a la cabeza ante lo que voy a decir, pero por mucho que nos empeñemos, hombres y mujeres nunca seremos iguales. Físicamente, por motivos que saltan a la vista, pero tenemos que reconocer que  tampoco somos iguales en cuanto a nuestras funciones dentro de la sociedad, porque las nuestras, las de las mujeres, son mucho más importantes. La mujer, por tanto, no debe aspirar a una igualdad de derechos, sino de oportunidades, puesto que para que ésta sea efectiva necesitamos unos derechos propios, que se adapten a nuestras funciones y características.

Si está claro que la sociedad no puede prescindir de la mitad de sus ciudadanos, debe contemplar las medidas para que una mujer no sea inferior en la escala social por el simple hecho de ser mujer. Debe asumir y reconocer que la mujer ha estado desempeñando funciones que le competen al Estado y que, en este sentido, éste debe diseñar herramientas para corregir esta cuestión o, en su defecto, compensar a este 50 por ciento de sus miembros. Esas medidas, por lo tanto, no deben ser concebidas como políticas de discriminación positiva, sino como justicia social.