¡Olé tus vídeos!

Por Álvaro Nuño.

¿Recuerdan el programa de los noventa “Olé tus vídeos”? Lo emitían las televisiones autonómicas, y en Guadalajara, a falta de “la nuejtra” lo veíamos por Telemadrid. Presentado por los hermanos Sardá -primero por la actriz Rosa María y después por el periodista Javier-, se trataba de un concurso de vídeos, que la gente grababa en formatos hoy desaparecidos como Beta, Súper 8 o VHS (que el pasado mes de julio se dejó de fabricar). La temática no era muy variada, la verdad, y los que más gracia hacían entonces al público mantienen su “encanto”, ahora difundidos por Internet: accidentes domésticos, caídas callejeras, monadas de bebes y gatitos y perritos haciendo de las suyas.

Con la llegada de la red de redes y la posterior inclusión de cámaras y editores en los teléfonos móviles, el vídeo se ha convertido hoy sin duda en la más popular forma de comunicación, tanto en Internet, como en las redes sociales. Ni siquiera YouTube se atreve a contabilizar los millones de vídeos que se visualizan cada día en su página, así como las decenas de miles que sus usuarios cuelgan de los más variados temas y con la mayor facilidad.

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El casco histórico de Guadalajara: ¿dinamizarlo de verdad o dejarlo morir?

El vicealcalde Jaime Carnicero ha presentado un nuevo plan de medidas para la  dinamización del casco histórico. Foto: J. Ropero.

El vicealcalde Jaime Carnicero ha presentado un nuevo plan de medidas para la dinamización del casco histórico. Foto: J. Ropero.

Por María José Establés

No sé si alguna vez lo he reconocido en este blog, pero a mí me gusta pasear mucho por el casco histórico de Guadalajara. Cuando salgo muchas tardes con mi marido y amigos a sacar a la calle a los perros raro es el día que no pisemos la calle Mayor, Miguel Fluiters, Ramón y Cajal o Ingeniero Mariño. A veces, cómo no, cambiamos de ruta, pero siempre que puedo les incito a ir por el centro. Lo hago porque me gusta comprobar por mí misma los cambios que sufren algunas calles, si se abren o cierran negocios o si de verdad no hay gente en el casco histórico. Es algo similar a esos experimentos en los que un persona se hace fotos a sí misma todos los días a una hora determinada para ver los cambios que sufre a lo largo del tiempo. A nosotros nos falta la cámara, pero muchas imágenes se quedan en nuestras memorias y realmente nos cabreamos cuando vemos, que poquito a poquito, muchos edificios se marchitan o que los solares van aumentando y parece que tienen previsto quedarse ahí por mucho tiempo.

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