Transparencia de barro

Por David Sierra

Era viernes. Pero podía haber sido lunes. O jueves. Cualquier día laborable. Sólo laborable. A pesar de que el sol quería salir, el ambiente era gélido bajando por la Calle Mayor de la capital. Y el jaleo de los días soleados se echaba en falta. Aún no eran las diez de la mañana pero las oficinas municipales están a pleno rendimiento. Aunque el frío, como diría después una de las funcionarias de las mesas de registro, hace que la gente se quede en casa. Si no esto estaría lleno. Dice.

Las oficinas municipales del Ayuntamiento de Guadalajara tienen sus mesas de atención al ciudadano y de registro en la planta baja. Nada más entrar a la derecha. Al fondo, antes de llegar a la escalera que conduce a los pisos superiores donde están los despachos, hay una máquina de café que en ese momento está limpiando un empleado de la empresa encargada de reponerla.

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