¡Feliz Maratón a todos!

2017.06.16 Maratón1

Alumnos de la Escuela de Arte “Elena de la Cruz” ante su obra, el escenario principal de este 26 Maratón. // Foto: R.B. (SLIJ)

Por Álvaro Nuño.

No ha sido fácil sacar adelante esta 26 edición del Maratón de Cuentos, que comienza a las cinco de la tarde con la narración del alcalde de la ciudad, Antonio Román. Desde el principio las cosas se pusieron en contra, sobre todo por las obras que se están llevando a cabo en el Palacio del Infantado -arreglando las cubiertas, no se alteren que parece que las del pisito del señor Duque todavía no han comenzado-. Dicen que las obras eran muy necesarias en el viejo edificio y que el Ministerio de Cultura ha sido más o menos diligente a la hora de llevarlas a cabo, pero también ha sido mala suerte que coincidieran primera con los actos del Desfile de las Fuerzas Armadas, cuando se izó la bandera en la nueva Plaza de España, con el monumento más emblemático de la ciudad de fondo cubierto de andamios, y este fin de semana prácticamente intransitable por todas sus caras, lo que ha obligado a buscar alternativas al precioso Patio de Los Leones. Seguro que leones y grifos estarán tristes tras esperar durante todo un año que “su” patio se llene de historias y de gente para conformarse en esta ocasión con oír de fondo sólo los cuentos que se resguarden en el zaguán las noches del viernes y el sábado.

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La poesía, dueña de nuestras calles

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Artistas del espectáculo “La poesía anda por las calles” estrenado el viernes en el Buero Vallejo // Foto: R.M.-SLIJ

Por Blanca Calvo*

Hace casi dos décadas, en 1999, la UNESCO decidió celebrar el Día Mundial de la Poesía. Escogió para ello el 21 de marzo, cuando en el hemisferio norte comienza la primavera. Dice el refrán que la primavera la sangre altera: debe de ser esa la causa de la elección, porque ya se sabe que para escribir poemas hace falta cierto grado de alteración.

Pero la poesía es la invitada pobre en la familia literaria, y casi nadie se había enterado de esa fiesta, que pasaba desapercibida a nuestro lado. Eso, espero, se ha terminado entre nosotros. Guadalajara va a celebrar la poesía este año a lo grande, sacándola a la calle desde las primeras horas del próximo martes 21, y creo que nos lo vamos a pasar tan bien que nos quedarán ganas de repetir.

¿Por qué este año celebramos por primera vez el Día Mundial de la Poesía? Esa pregunta tiene una larga respuesta.

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La sangre en las venas

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Presentación de las nuevas actividades del 25º aniversario de la Fundación Siglo Futuro. // Foto: culturaenguada.es

Por Borja Montero

Todo cuerpo, por muy bien conservado que tenga todos sus órganos, precisa de la sangre, un líquido bastante abundante pero no por ello menos importante, ya que es quien dota de vida, alimento y calor a todos y cada uno de los sistemas que hacen funcionar el organismo. Del mismo modo, toda comunidad, por muy efectivas que sean sus instituciones y bien tejidas que estén sus redes, suele precisar de una sociedad civil activa para vertebrar las necesidades y demandas de la ciudadanía y llegar allá donde la mano de los poderes públicos o la búsqueda de rentabilidad de las entidades privadas no pueden llegar. Asociaciones, plataformas, colectivos, sindicatos y clubes de todo tipo son los que tienen que llenar esos vacíos, lamentablemente cada vez más amplios.

Esta semana, la Fundación Siglo Futuro ha presentado el inicio de los fastos que servirán para conmemorar su vigésimo quinto aniversario, una longevidad que les ha llevado a poner a disposición de los guadalajareños 2.360 actos públicos de diferente índole hasta el momento, y lo que les queda por delante. Al margen de otra nueva guerra de cifras en cuanto a las conmemoraciones (el Club Siglo Futuro fue fundado el 1 de junio de 1992, por lo que no le toca soplar tantas velas hasta dentro de 18 meses), se presenta un año en el que, nuevamente, la inventiva de Juan Garrido y sus colaboradores deberá sobreponerse a las siempre tozudas cifras, ya que cuentan con 52.000 euros para cubrir un año de actividades de calado, que no todos los cursos se celebran cifras de esta envergadura. Lo que se sabe por ahora así lo hace prever: Ángel Gabilondo, Fernando Savater, Amelia Valcárcel, Almudena Grandes, la XXV Cumbre Flamenca o nuevos certámenes musicales y literarios. Sigue leyendo

Aniversarios

Logotipo creado por Gentes de Guadalajara para conmemorar el 25 aniversario del Tenorio Mendocino // Infografía: Fernando Toquero

Logotipo creado por Gentes de Guadalajara para conmemorar el 25 aniversario del Tenorio Mendocino // Infografía: Fernando Toquero

Por Óscar Cuevas

Es una muletilla, muy tópica entre los organizadores de eventos que se celebran anualmente, esa de decir, según se acaba una edición, que ya se está “trabajando para la siguiente”. Probablemente es un tic exagerado, pero seguro que encierra también su parte de verdad, por cuanto, según se desarrollan unas Fiestas, una Feria Apícola, un Fescigu o un Maratón de Cuentos -qué sé yo- quien lo vive desde dentro ya le está dando vueltas al magín sobre cómo corregir tal cosa, potenciar tal otra, o recuperar aquella que se hacía años atrás y que un día dejamos aparcada.

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Una ciudad y cinco cuentos

El Palacio del Infantado, sede del Maratón de los Cuentos de Guadalajara.//Foto: Facebook

El Palacio del Infantado, sede del Maratón de los Cuentos de Guadalajara.//Foto: Facebook

Por Ana María Ruiz

Cuando ustedes lean este artículo estaremos casi en el ecuador del Maratón de los Cuentos de Guadalajara, que este año celebra su vigésimo cuarta edición. A lo largo de 46 horas la ciudad se convierte en el centro internacional de la narración oral con una actividad de la que pueden presumir todos los guadalajareños porque comprime en apenas tres días toda la riqueza de la palabra CULTURA, así con mayúsculas: creación, imaginación, divulgación, diversión, entretenimiento y participación.

Tengo que reconocer que nunca he tomado parte activamente en el Maratón. Sí lo he hecho como público a título particular y como periodista cubriendo la información del evento. Pero jamás me he atrevido a subirme al escenario a contar un cuento por temor a sufrir un “Pastora Soler”. En el fondo soy una gran tímida y sólo de pensar en tener que hablar ante un auditorio, por pequeño que sea, me da pánico.

Sin embargo, este año voy a hacer mi particular aportación al Maratón y les voy a contar no uno sino cinco cuentos. Así que pónganse las gafas de lectura porque empiezo con el tradicional “Érase una vez…”

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Los museos de los nuestros

Algunas de las obras expuestas en el Museo Francisco Sobrino, recién abierto. // Foto: E.C. (Cultura EnGuada).

Algunas de las obras expuestas en el Museo Francisco Sobrino, recién abierto. // Foto: E.C. (Cultura EnGuada).

Por Rubén Madrid

Con sus dos años de demora sobre el plazo de inauguración previsto, sus sobrecostes que han disparado el gasto hasta 2,5 millones de euros y sus carencias expositivas –que las hay: no está toda la obra esperable por motivos que no han sido suficientemente explicados–, la reciente apertura del Museo Francisco Sobrino, con prisas y con una invitada ‘de bulto’ en el acto oficial, marca un camino interesante: Guadalajara se acuerda de sus artistas; y los expone como motivo de orgullo. Sobrino está ya a la altura de Suárez y del Papa Juan Pablo II. Sigue leyendo

Abrir las puertas

Patio de los Leones, todavía con el escenario utilizado el fin de semana para el Tenorio Mendocino. // Foto: R.M.

Patio de los Leones, todavía con el escenario utilizado el fin de semana para el Tenorio Mendocino. // Foto: R.M.

Por Rubén Madrid

Ayer abrí las puertas del Infantado. Fue todo un gustazo.

No me malinterpreten: no es que abriesen las puertas del palacio sólo para mí, como ocurrió con el guateque del PP, ni que yo solito, con cuatro líneas escritas, haya obrado el milagro de devolver para todos la gratuidad de acceso al Infantado: para atribuirse estos méritos ya hay otras plumas que vuelan mucho más alto.

Lo que me ocurrió ayer fue algo mucho más prosaico, pero a la vez muy emotivo. Porque, rebotando entre callejuelas durante un paseo matutino, fui a parar a los pies del palacio y me sorprendió de pronto que su enorme portón siguiese cerrado, como en los últimos meses, cuando acaba de instaurarse una nueva regulación que, además de ampliar el horario de acceso libre, devuelve el gozo de poder entrar a través de la preciosa estampa que dibujan el zaguán y el Patio de los Leones al fondo. Como uno ya no gana para sustos, alertado por que tal vez se hubiese producido una marcha atrás en la marcha atrás, entré por la otra puerta, la que corresponde al Museo Provincial, y comenté el asunto a los trabajadores allí apostados, que me respondieron que, en realidad, todo era fruto de un descuido. Lo hicieron, eso sí, después de preguntarme si formaba parte de algún colectivo protestón.

Tras idenficarme como periodista -que en otros tiempos era signo de pertenencia a un colectivo protestón-, pasé al patio con el guardia de seguridad, que se dirigió a su vez hasta la puerta y, ya allí y desde dentro, descorrió los cerrojos. Ante mi atónita mirada se abrieron de par en par las puertas del Infantado dejando entrar un haz de luz.

El modo en que quedó restituido el paso libre tuvo no poco de ceremonia de liberación, de logro conseguido y compartido. Porque, aunque ayer por una razón coyuntural esa puerta se abrió únicamente por mi pequeña reclamación, lo cierto es que estas puertas han vuelto a estar abiertas gracias a la iniciativa de muchos de nosotros. Hemos sido muchos los ciudadanos que, cada uno desde su pequeña atalaya, hemos dicho que no, que las puertas tienen que estar abiertas. Tal vez por eso la maniobra para la apertura de las puertas me produjo una extraña emoción. Y quisiera pensar que no estoy exagerando al dotar al sencillo y anecdótico acontecimiento personal de un significado que no tiene.

Gentes de Guadalajara. Una vez en el patio, aproveché para pasear entre las columnas y admirar, más que nunca, esos grifos y leones que, como la libertad y los domingos por la tarde, sólo valoramos verdaderamente cuando nos los han arrebatado.

El Infantado no es para los vecinos de la ciudad un palacio desconocido, como otras joyas, y se me ocurre todo el conjunto de Adoratrices que levantó Ricardo Velázquez Bosco, con algunos rincones maravillosos. Durante años, muchos de nosotros hemos estudiado, leído, reído, fumado y escuchado y contado cuentos en estos claustros. O remachado los versos más conocidos que le susurra don Juan a doña Inés. Ayer todavía estaban amontonadas en el patio las sillas y el escenario vacío del Tenorio Mendocino, que tiene en esta misma arquitectura el escenario de dos de sus siete escenas. Es su marco incomparable, que dirían los clásicos.

La coincidencia en el escenario, no sólo en su dimensión más física, sino incluso simbólica (cultura popular en el palacio) es una de las más destacables entre este Tenorio Mendocino que lleva ya camino de los 25 años y un Maratón de los Cuentos que los cumple al siguiente. Pero no es la única. Partiendo de puntos de inicio tan diversos aparentemente, tienen las dos actividades más populosas y probablemente interesantes de nuestro calendario cultural muchos lugares comunes, además de que el Infantado lo es en sentido literal.

El Don Juan Tenorio de Zorrilla, libreto con muchos de cuyos mensajes -preferentemente el machista y el religioso- no comulgo, me atrapa en su versión itinerante mendocina, a propósito de la noche de difuntos, por su componente de ceremonia de la cultura popular, de transformación de los monumentos de la ciudad en que vivimos y por su capacidad para hacer ciudad, que conecta perfectamente con el espíritu del Maratón de los Cuentos, en un sentido que nos supo explicar muy bien en un artículo el profesor de antropología Jesús Sanz.

Coinciden ambas experiencias en modernizar dos largas tradiciones de la cultura española, como son el teatro clásico en verso y la narración oral; en ser espectáculos irrepetibles por la magia del directo aunque se repitan como formato edición tras edición; incluso en disponer de algo así como unos simpáticos mitos fundacionales que ensalzan lo impulsivo que hay en todos nosotros, con esas maneras tan descaradas de tirar para adelante entre amigos que tuvieron los Borobia, Suárez de Puga y compañía, por un lado, y las Blanca Calvo, Estrella Ortiz y demás, por el otro.

Todos los actores y figurantes de la última edición del Tenorio Mendocino. // Foto: Carmen Ibáñez (Comunicación Tenorio Mendocino).

Todos los actores y figurantes de la última edición del Tenorio Mendocino. // Foto: Carmen Ibáñez (Comunicación Tenorio Mendocino).

Pero por encima de tantas similitudes está el carácter popular. Y ambos son eventos hechos por las gentes de Guadalajara. Así se llama, de hecho, la asociación que organiza el Tenorio Mendocino y que ha vuelto a arrastrar nada menos que 140 voluntarios que cada año encienden la magia del evento, del mismo modo que otros 200 cada junio dan cuerda al carrusel de los cuentos en el Maratón. Resulta admirable el trasiego de conciudadanos caracterizados de época (ese enfermero que es don Juan, ese funcionario que hace de don Luis Mejía, esa aldeana que es fotógrafa profesional… y así, todo el elenco) como resulta emocionante la forma en que el escenario principal del Infantado convierte a niños y mayores, individuos sueltos, en pareja o en grupo, en narradores de turno y, por tanto, protagonistas de un acontecimiento que nos envidian en medio mundo.

Ambas citas, una en otoño, la otra en primavera, extienden su capacidad creadora más allá de las organizaciones que las han amamantado durante años, porque reclaman cada vez más la participación de otras asociaciones (coros, artistas, fotógrafos, etc) y las lanzan incluso fuera de las murallas de la ciudad. Porque si los cuentos tienen su particular Maratón Viajero, el Tenorio ha recuperado aquella vieja costumbre que tuvo de representarse en los pueblos, con un primer pase este año en Sigüenza que, con todas las mejoras técnicas y de búsqueda de escenarios que se puedan admitir, resultó una delicia. La ambición (altruista y cultural, nada lucrativa) que demuestran ambos eventos cada año está fuera de dudas.

Blanca Calvo, presidenta de la asociación organizadora del Maratón de Cuentos, con otros voluntarios al final de la pasada edición. // Foto: Juan Carlos Aragones - AGFU.

Blanca Calvo, presidenta de la asociación organizadora del Maratón de Cuentos, con otros voluntarios al final de la pasada edición. // Foto: Juan Carlos Aragonés – AGFU.

Subrayo todavía más estas conexiones entre el fin de semana de cuento y el fin de semana de teatro porque en algunas voces, incluso en algunas de autoridades políticas, he intuido cierta necesidad de rivalidad, como si conviniese tomar partido por un evento frente a otro. Aunque el origen de unos fuese algo tan ‘perrofláutico’ como contar cuentos y el de la otra surgiese en cenas de señores y señoras ataviados con capa, la evolución ha rebasado cualquier expectativa. En cada Maratón hay gentes de toda procedencia, como ocurre en el reparto de cada Tenorio, con una mezcla de identidades, filosofías de vida y orígenes sociales que sólo refleja la propia diversidad que tiene la calle, que es el lugar donde se desenvuelven ambas actividades.

Se equivoca quien, desde uno u otro lado, sugiera una elección entre el Maratón y el Tenorio, como se han equivocado en esta ciudad durante muchos años quienes han levantado una disyuntiva absurda entre Buero y Cela. La cultura, y más la que hacemos entre tantos, debe ser superadora de barreras e integradora, no exclusiva y obstaculizadora.

Políticas y políticos. Aquí la única lectura política, y de nuevo es compartida por el Maratón y el Tenorio, radica en la actitud de un consejero de Cultura, Marcial Marín, que ha ignorado o despreciado ambos eventos durante los cuatro años en que ha tenido oportunidad de disfrutar de ellos y respaldarlos con su presencia. Creo que los gestos están dotados de significados, aunque no sean lo más importante, y que la ausencia del titular regional de Cultura es reseñable y reprochable.

Pero es que, además, la Consejería de Cultura ha incumplido tanto en el fondo como en las formas: no hay ninguna partida regional para respaldar ninguno de estos dos eventos, a pesar de arrastrar más participación y más público que ningún otro al cabo del año y de que cumplen una triple función cultural, turística y social. Hemos advertido muchas veces de que no es de recibo que la narración oral no sea en nuestra región bien de interés cultural inmaterial (como sí lo son ya los toros o la cetrería) o que el Maratón aún no sea Fiesta de Interés Regional, como tampoco se entiende que el Tenorio de Gentes de Guadalajara, que sí goza de esta declaración, no reciba ni un duro desde Toledo.

Estos absurdos inexplicables resultan, por acción u omisión, decisión de nuestros políticos. A la Junta de los castellanos y los manchegos, a la que tan bien le sentaría hacer región con estos recelosos guadalajareños, le importan un bledo sus dos principales eventos culturales, que tanto tendrían que decir en esa tarea. ¿Cuál es la única aportación en ellos? Nos dirán que dejarnos entrar gratis al Infantado.

Entrar al Infantado. Todos los pasos conducen últimamente a este palacio. El mismo que el propio dirigente Marín nos cerró a los ciudadanos y mantendría cerrado de no ser por la airada reacción colectiva. Una vez me dijo un muy importante intelectual de la ciudad, nada sospechoso por cierto de bolchevismo, que no hay que buscar indicios de maldad, sino de ignorancia, en estas políticas de Marín. No hay más tonto que el que no reconoce su tontería. Lo del consejero habría tenido cura si hubiese asistido alguna vez a una edición del Tenorio o del Maratón de los Cuentos en el Infantado. Comprendemos así que ande perdido en un bucle de estupidez infinita.

El respaldo a las actividades culturales es también una cuestión política, que no es lo mismo que tener que supeditar los apoyos a las afinidades partidistas. Uno de los principales retos que tiene cualquier nueva candidatura en el ámbito municipal pasa por recuperar precisamente estos espacios públicos donde entre todos hacemos ciudad, ante el retroceso que sobre todo las políticas de instituciones como la Junta o el Patronato de Cultura han impulsado en esta legislatura. En esta tarea tan noble, el Infantado es un estandarte. No ha sido, por tanto, mal comienzo lograr que la Junta dé un paso atrás en el pago por acceder al Patio de los Leones. Pero este pequeño rescate debe ser sólo el principio: démonos el gustazo de seguir abriendo las puertas de los palacios.