Los números redondos del 25 Maratón de los Cuentos

Por Estrella Ortiz *

escuchando la postal del niño

La narradora oral, Estrella Ortiz. // Foto: Txema García.

¿Por qué nos gustarán tanto a los humanos los números redondos?, ¿en qué se diferencia un acontecimiento en su veinticinco cumpleaños a, pongamos por caso, su veintiséis? Desde luego, es un misterio, al menos para mí. Los humanos somos así, nos gusta celebrar y aprovechamos cualquier buena disculpa. Por eso el Maratón de los Cuentos de este año tiene un aire de fiesta especial y redonda. El lema de este año, la poesía, viene a apoyar esta emoción, pues el lenguaje poético es el lenguaje de los afectos.

Hay mucho que celebrar, desde luego. Cuando en 1992 comenzó este hermoso sueño, no éramos conscientes de la transcendencia que pasados los años iba a tener, aunque para ser sincera, que la cosa era grande, ya se vio desde sus inicios. En primer lugar, porque era una idea novedosa y la convocatoria se lanzaba desde la alcaldía a todos los vecinos de Guadalajara. Y muchos vecinos y vecinas tomaron como suyo el reto… y aquí estamos veinticinco años después. Celebrando que con esta edición serán veinticinco las veces en las que miles de personas se sumergen en la dicha de escuchar y contar historias un fin de semana completo de junio. Sigue leyendo

Primavera en la ciudad de Guadalajara (III)

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La Plaza Mayor este sábado. / Foto: M.P

Por Míriam Pindado

Cuando empecé a escribir en El Hexágono me planteé dedicar un artículo estacional a un plan de ocio y entretenimiento en la provincia de Guadalajara. Una provincia desconocida para muchos pero que, sin duda, ofrece interesantes y atractivas propuestas para disfrutar de la naturaleza, del patrimonio artístico, de las tradiciones y de las gentes de esta tierra.

Así, el plan de otoño (‘Calzarse las botas en otoño I‘) se quedó en el Hayedo de Tejera Negra, como no podía ser de otra manera. La propuesta de invierno (‘Invierno y folclore II‘) nos abría las puertas de la Posada del Cordón de Atienza, de las tradiciones y de la vida cotidiana de nuestros antepasados. Ahora, por fin, ha llegado la primavera. Ya nos hemos adaptado al cambio de hora, hemos superado el mes de abril-aguas-mil y nos hemos documentado sobre cómo enfrentarnos a la astenia primaveral.   Mayo nos recibe con sol, altas temperaturas (de momento) y tardes de luz. La gente vuelve a disfrutar de los fines de semana en el campo, las casas rurales se llenan de familias, los pajaritos cantan... Pero después de dar muchas vueltas al calendario y al mapa de Guadalajara me he preguntado: ¿Y nuestra ciudad? ¿Por qué nos cuesta tanto poner en valor a la capital de esta provincia?

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Un orgullo maratoniano

Edición del Maratón de los Cuentos de Guadalajara en 2012, en el patio del Infantado. // Foto: www.afgu.org

Edición del Maratón de los Cuentos de Guadalajara en 2012, en el patio del Infantado. // Foto: http://www.afgu.org

Por Raquel Gamo

El Maratón de los Cuentos cumplió 25 años el fin de semana pasado. La primera edición se celebró el 23 de abril de 1992, cuando salpimentó los actos del Día del Libro. Aquella edición contó con la participación de ilustres escritores del terruño como Buero Vallejo o José Luis Sampedro. Las expectativas se superaron con creces y, hoy en día, el cuentacuentos ocupa un lugar propio en la agenda cultural de Guadalajara. Es, por derecho propio, un icono de la cultura alcarreña. Sigue leyendo

La magia del Tenorio

Una escena del Tenorio de la pasada edición // Foto: guadaque.com

Por Alvaro Nuño.

Me declaró un ferviente admirador del Tenorio Mendocino. Cuando llega el último fin de semana de noviembre, se me pone una cara muy parecida a la del tercer fin de semana de junio en que se celebra el otro gran acto cultural “de masas” (digamos que reúne a más de mil personas) que tiene lugar en Guadalajara, el Maratón de los Cuentos. Y es que ambos tienen muchas características comunes: surgen de la sociedad civil, de gente que tiene ganas de hacer cosas por los demás y con los demás sólo por el placer de hacerlas. Y creo que ahí está la magia de su éxito, el de atraer a muchos de sus convecinos y que a nuestra ciudad le cambie esa cara, muchas veces demasiado mustia, al menos dos fines de semana al año. Sigue leyendo

Impresiones personales sobre el Maratón de los Cuentos

Luis Moro, durante el cuento final de la pasada edición del Maratón. // Foto: R.M.

Luis Moro, durante el cuento final de la pasada edición del Maratón. // Foto: R.M.

Por Luis Moro *

Sin ánimo de buscar tres pies al gato ni que nadie haga parangones, podía, como proemio, comenzar con aquello de “Un soneto me manda hacer Violante / que en mi vida me he visto en tanto aprieto…” Pero no, no lo voy a hacer porque en esta ocasión se trata de un amigo que me ha pedido que escriba algo, algo sobre mis impresiones sobre el Maratón de Cuentos de Guadalajara. Casi nada. Y no sé que pasaría por la cabeza de Lope cuando la tal Violante le pidió aquello pero yo, mucho menos hábil con la pluma, entiéndase cibernética, he dado algunas vueltas a mi caletre a ver por donde empiezo para comunicar lo que deseo. Sigue leyendo

La ocurrencia de Nogueroles

Esteban y Nogueroles

Nogueroles presentó la iniciativa acompañada del edil de Hacienda, Alfonso Esteban // Foto: Jesús Ropero (Ayto.Guadalajara)

Por Óscar Cuevas

Isabel Nogureoles tiene estas cosas. De vez en cuando se le enciende una bombillita, así de repente, y pare una idea. Y si nadie la frena (que no suele ocurrir, menuda es) pues la lleva a cabo. Porque ella lo vale. ¿Que por el camino tiene que convencer a Román? Lo hace. Y mira, a veces la cosa le sale bien; a veces, hasta muy bien. Pero en otras no pasa de ocurrencia. Y lo de esta semana es eso: una ocurrencia carísima.

Tan costosa, como 120.000 euros. Son los que apoquinaremos los guadalajareños por su decisión de erigir tres estatuas de bronce, dedicadas a otros tantos acontecimientos del calendario sociocultural de la capital. A saber: La Semana Santa, el Tenorio Mendocino y el Maratón de Cuentos. La fácil división nos da el cociente de 40.000 lereles por estatua. Curiosa cifra, pardiez, que debe ser tarifa habitual, porque coincide con el precio de la famosa efigie que los populares se empecinaron en levantar para mayor gloria de Juan Pablo II. Esa que los vecinos de la zona tienen rebautizada como “la de Batman”.

Estatua Juan Pablo II

Inauguración de la estatua de Juan Pablo II, en diciembre de 2011. // Foto: http://www.guadaque.com

Cardenal Mendoza

La estatua del Cardenal Mendoza fue otro intento de “embellecer” el entorno, que debemos a Bris // Foto: Herrera Casado

“Se trata de embellecer la ciudad”, ha dicho Nogueroles. Échense a temblar. Cada vez que un edil de esta ciudad ha decidido “embellecernos”, ya saben lo que ha venido ocurriendo. Bien es cierto que lo del arte urbano es muy subjetivo, y a unos agrada lo que a otros espanta. Servidor, en su particular museo de los horrores, tiene en un pedestal esa bicicleta gigantesca y amórfica de allá por Los Valles; las gotas con forma de peonza de Aguas Vivas, la peladura de monda de naranja que nos cascaron frente al Escartín; ese Cardenal Mendoza que parece un picador en tarde de toros… Y, sobre todo, esa “galería del terror” en que convirtió el viejo Bris al paseo de Las Cruces, cascando un decapitado cada 50 metros. Escalofríos me entran cada vez que pienso en ellos.

Dice Nogueroles que su nueva ingeniosidad goza del consenso del resto de partidos del Ayuntamiento. Supondremos, por tanto, que en el Pleno que hoy se celebra allí habrá unanimidad para aprobar la modificación presupuestaria que va a habilitar la partida para estas nuevas “estatuas noguerolianas”. En estos días no he leído reacción alguna de la oposición ni a favor ni en contra. Pero dando por cierto lo que dice la edil, si es verdad que hay consenso, repártanse los capones equitativamente, según nivel de representatividad, PP, PSOE e IU. Porque una ocurrencia compartida no es menos ocurrencia. Aunque si Nogueroles fue capaz de embaucar al siempre sensato Alfonso Esteban para que presentara con ella esta memez, la creo capaz de seducir hacia la locura de bronce al mismísimo Maximiliano. Que todo es ponerse.

Me pregunto de dónde habrá sacado la idea, doña Isabel. ¿Acaso han visto ustedes a algún representante de los colectivos a los que se pretende homenajear reclamar semejante asunto? Yo sí les he visto -a esos y a otros muchos ciudadanos con inquietudes culturales- pedir dinero, pero para muchas otras cosas. Para estatuas, nunca. Y se me antoja aberrante pulirse 120.000 del ala en estos muertos, en lugar de destinarlos a la financiación las verdaderas necesidades de la Cultura local. Que no son pocas, precisamente. ¿No es tremenda contradicción anunciar este dispendio la misma semana que conocemos que las asociaciones tienen que abandonar su cuchitril del Centro Cívico, y que varias se van a quedar sin un mísero localito, a falta de Casa de la Cultura? ¿No es tremenda contradicción que la partida prevista para estas efigies sea similar al gasto de la ñapa que le están haciendo al Teatro Moderno?

Les voy a contar una hipótesis. Alguno dirá que esta es ocurrencia de mi cosecha. Pero yo pongo la mano en el fuego. Estoy convencido de que el PP lo que de verdad quería era tan solo levantar la estatua de los nazarenos “semanasanteros”. Pero el único modo que ha tenido de presentarla con ese “consenso” del que presume es metiéndola en un paquete, digamos, “ideológicamente más amplio”. Faltan 5 meses para las Municipales, y los populares no podían someterse a otra catarata de críticas como las que recibieron con la estatua de Wojtyla. Ha habido ya demasiados gestos, demasiadas transferencias de dinero a la Iglesia (y no hablo de ayudar a su labor social, precisamente) como para permitirse otro aluvión de reproches. Por eso han tenido la ocurrencia para con el Tenorio y sobre todo la del Maratón. Vamos, que no es más que un ejercicio de “a ver si cuela”. Y colará, claro. Para eso mandan.

Imagen de la Semana Santa de Guadalajara // Foto: Enrique Mata http://enriquematag.blogspot.com.es/

Imagen de la Semana Santa de Guadalajara // Foto: Enrique Mata http://enriquematag.blogspot.com.es/

Pero lo cierto es que a la Semana Santa de Guadalajara no le hace falta ninguna estatua. Lo que necesita es un interés cultural y un respaldo social mayor; que no tiene, desafortunadamente para sus devotos. Porque esto no es Zamora, Murcia, Cuenca, ni siquiera Toledo. Y eso me temo que no hay estatua que lo remedie. Es más. Digo yo que puestos a poner una escultura a un acontecimiento religioso de peculiar valor de la capital, la mirada tendría que haberse ido hacia el Corpus, no hacia la Pasión. Y digo también que, puestos a ayudar al realce de la Semana Santa local, era bastante mejor idea aquella que sugirió la socialista Magdalena Valerio, en la última campaña electoral, sobre crear un centro de interpretación o un museo alusivo.

Tenorio Mendocino

Don Juan y doña Inés, en el último Tenorio Mendocino // Foto: Elena Clemente

Al Tenorio Mendocino, por su parte, tampoco le hace falta más escultura que las que figuradamente componen los actores, en esas tétricas escenas finales a la entrada de un Convento de la Piedad reconvertido en camposanto. El Tenorio precisa, si acaso, de más soporte económico. Y seguramente, de más cariño institucional. Y no tanto por parte del Ayuntamiento como de una Junta y de un consejero de Cultura que lo desprecia reiteradamente, hasta el punto de no conocerlo siquiera (como tampoco ha pisado en 4 años el Maratón de Cuentos). Y en cualquier caso. Puestos a poner una estatua a nuestro Tenorio, ¿por qué no decidieron representar las figuras principales de don Juan o doña Inés? Es fácil: El PP quiere la de Don Gonzalo porque es el papel que encarnaba el entrañable y nunca suficientemente bien ponderado Javier Borobia. Que es una eminencia adorable, pero que tampoco necesita estatuas.

Finalmente, el fantástico Maratón de Cuentos de Guadalajara no necesita de ninguna Bella Durmiente perenne y bronceada. Ya tiene su propia Blancanieves, de carne y hueso, que lo ha convertido -junto a cientos de manos voluntarias- en una maravilla. Pero desde el calor, no desde el frío metal. El Maratón, como el Tenorio, necesita de contadores y escuchadores, y de fondos que garanticen su superviviencia. Y sobre todo de mucho cariño social e institucional, de cosas tan sencillas como que el consejero de Cultura, ese compañero de partido de Román y Nogueroles, no demuestre su inmensa idiocia cada vez que se refiere a él.

Claro, que ahora que lo menciono, se me ocurre que, en lugar de la rueca de Aurora, la estatua alusiva al Maratón podría ser algo así como un perol gigante, colocado a la puerta del Infantado, donde hacernos una queimada comunal y bolivariana. Nos la beberemos a la salud de Marín, Nogueroles, y de sus ocurrencias.

El Infantado, patrimonio de Guadalajara ¿Y de la humanidad?

Postal del Palacio del Infantado antes de la Guerra Civil. // Foto: http://perso.wanadoo.es/jarecio/album/Guadalajara/

Postal del Palacio del Infantado antes de la Guerra Civil. // Foto: http://perso.wanadoo.es/jarecio/album/Guadalaj ara/

Imagen del Palacio del Infantado después de la Guerra Civil. // Foto: http://humanidadestoledo.uclm.es/

Imagen del Palacio del Infantado después de la Guerra Civil. // Foto: http://humanidadestoledo.uclm.es/

Por Marta Perruca

Mi padre suele relatar que cuando él hizo la mili, allá por el año 55 del siglo pasado, el cuartel se encontraba frente al Palacio del Infantado y los militares custodiaban la llave de unos sublimes restos abatidos por los bombardeos, durante la Guerra Civil. Cuenta que en su patio interior yacían los leones derrotados en el suelo y que al atravesar el umbral de la puerta se encontraban con un cielo abierto. Sin embargo, la belleza de esos restos seguía atrayendo a un buen número de curiosos y visitantes.

El aspecto actual del edificio más emblemático de Guadalajara se debe a la reconstrucción que se abordó a principios de los años 60, cuando fue cedido a la Diputación Provincial para realizar un gran proyecto museístico, iniciándose así su rehabilitación y reconstrucción, aunque el edificio ya no recuperaría jamás el esplendor que tuvo en el Renacimiento, perdiéndose para siempre sus excepcionales artesonados mudéjares, únicos en el mundo.

No sé a vosotros, pero a mí la imagen de esos leones -que hoy vemos colgados en esos excepcionales arcos mudéjares- arrinconados y sedientos de admiración en un patio cebado de ruina, siempre me ha parecido demoledora. Quizá porque son incontables las horas que he permanecido absorta en cada uno esos complejos trazados, cuando las horas de estudio se me antojaban casi mágicas en aquellas robustas mesas y sillas de porte elegante de la antigua sala de estudio de la Bibliteca Provincial, antes de que se mudara a otro Palacio, el de Dávalos. Allí también me maravillaban sus balconadas, que rematan la fachada más noble del edificio y los paseos por sus modestos jardines, quizá no tan pomposos como lo fueran en su tiempo, pero aún con cierto encanto.

Supongo que algo parecido debieron sentir los vecinos de la postguerra en Guadalajara al contemplar las postrimerías de un majestuoso Real Alcázar, que hoy desluce un aspecto ruinoso, o los que todavía en nuestro tiempo tienen que  lamentarse de los antiguos palacios que han sucumbido a la bola de demolición, como el Palacio del vizconde de Palazuelos , que aliñó tantos momentos en aquella vieja taberna del Boquerón.

Afortunadamente y, una vez superada esa dura posguerra, los años de desarrollismo tuvieron a bien recuperar parte del esplendor del Palacio del Infantado, puede que tarde, aunque como dice el dicho, más vale tarde que nunca. Y digo que es una suerte, porque lo cierto es que esta ciudad no destaca precisamente por un correcto tratamiento y puesta en valor de su patrimonio y a la vista está que la que fuera un verdadero centro cultural impulsado por la Familia Mendoza, esa hermosa ciudad de los campanarios, hoy nos devuelve una imagen fría y gris, que quizá solo se disuelva un poco en sus numerosos parques y zonas verdes.

Ya lo he dicho otras veces: Guadalajara adolece de un verdadero problema de autoestima, que incluso, en cierta medida, se traslada a toda la provincia. Me comentaba un conocido que durante unas jornadas sobre turismo se ofreció una estadística por provincias en la que aparecía Toledo, Cuenca, Ciudad Real y Albacete y se obviaba a Guadalajara, englobada en el apartado “otras provincias” donde solo aparecía reflejado Sigüenza. Es una realidad que nuestra provincia atesora un importante patrimonio histórico, artístico y medioambiental y, sin embargo, es esa gran desconocida, como también lo es el Palacio del Infantado o los tesoros del Museo Provincial, que alberga en su interior, por cierto, el más antiguo de España.

Ayer me alegraba al leer la noticia de que el Palacio del Infantado se contemple como un posible candidato a ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Es un proceso complejo y este representa un pequeño paso. En el año 2003 el Ayuntamiento de Guadalajara quiso que este emblemático edificio pugnara por la declaración, pero no encontró el apoyo del Gobierno regional. Ahora, después de una década, al menos podemos decir que la Consejería de Educación, Cultura y Deportes tiene la intención de elaborar y presentar la documentación necesaria para que este monumento figure  en la “Lista Indicativa” de Patrimonio Mundial, un requisito previo e indispensable para que el edificio pueda ser contemplado para optar a la declaración. La Dirección General de Cultura, según publica la prensa, ha informado al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte durante el Consejo de Patrimonio Histórico celebrado en Lanzarote, de la próxima presentación de la candidatura de este inmueble a dicho inventario previo. Es un paso simbólico, más que otra cosa, pero ahí está.

Nada más conocer la noticia, mi primera reacción ha sido valorar las posibilidades de nuestro monumento, consultando la lista de aquellos que ya lo son. Sinceramente, lo he hecho con ciertos prejuicios infundados en ese problema de autoestima, que aunque consciente de ello, en el subconsciente, muchas veces se vuelve poderoso. El Palacio del Infantado es muy bonito ¿pero lo suficiente como para que la candidatura salga adelante?

Entre los diversos lugares que podría elegir para preparar mis exámenes de la carrera, la antigua biblioteca, en este Palacio del Infantado, ganó por goleada, quizá porque cuando llegué a esta ciudad que, en superficie, siempre me había parecido fría y gris, el Palacio del Infantado se me mostró sublime, al mismo tiempo que cálido y acogedor. Allí se encontraba y se encuentra aún, la sede del Museo, con sus numerosos e ignotos tesoros y el Archivo Provincial  -hoy recogido en un edificio de nueva construcción- donde se escondían todos nuestros secretos, convenientemente archivados en vetustos legajos y no tan antiguos. Se respiraba un ambiente especial, como decía, casi mágico, que llegaba al cenit en ese fin de semana especial de junio, cuando las palabras se apoderan del Palacio, durante el Maratón de los Cuentos.

Creo que eso es lo que ocurre cuando los grandes monumentos de una ciudad adquieren un uso público y se convierten en parte de nuestra vida cotidiana, que uno aprende a amarlos y a entenderlos como suyos, como parte de su identidad y, entonces, la poderosa imagen del edificio, tal y como lo conocemos, reducida a escombros amontonados en un patio, resulta impactante.

Además de contar con algunos requerimientos, que se tienen en cuenta a la hora de valorar una candidatura, como su belleza formal y el hecho de constituir un referente artístico y cultural, la UNESCO contempla lo siguiente: “Estar directa o tangiblemente asociado con eventos o tradiciones vivas, con ideas o con creencias, con trabajos artísticos y literarios de destacada significación universal”.

Las palabras se apoderan del Palacio del Infantado, durante el Maratón de los Cuentos. // Foto: http://www.afgu.org/

Las palabras se apoderan del Palacio del Infantado, durante el Maratón de los Cuentos. // Foto: http://www.afgu.org/

Y es que parece obvio que no existe mejor manera de perpetuar, poner en valor, dar a conocer y conservar nuestro legado patrimonial, que integrarlo en la vida diaria y cultural de una ciudad. Recuperar el Palacio del Infantado y convertirlo en el principal epicentro de la cultura en Guadalajara siendo la sede del Museo Pronvincial más antiguo de España, para albergar después un evento de alcance internacional, como el Maratón de los Cuentos, fue un gran acierto.

Es por ello que resulta incomprensible que se  trate de hacer política con el patrimonio que los vecinos de una ciudad han hecho suyo y se empiecen a cerrar las puertas a la celebración de eventos culturales que propician el intercambio de ideas al antojo de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, responsable de su gestión desde el año 1984, que considera política una conferencia del expresidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, y no una fiesta particular con motivo de la Interparlamentaria del Partido Popular, o que decide, no se sabe muy bien bajo qué criterio, cobrar una entrada de tres euros para acceder a un edificio. Visto desde fuera alguien podría pensar que la entrada al Palacio del Infantado bien merece que se paguen tres euros, como se hace en otros muchos monumentos de nuestra geografía, pero no hay que olvidar que a fuerza de millones de instantes y recuerdos y, por mucho que la Junta ostente su gestión, este edificio pertenece a los guadalajareños y, además, eso es parte de ese valor intangible que incrementa su encanto y riqueza cultural, por lo que resulta incomprensible que se les vete la entrada.

Afortunadamente, y como hemos dicho ya en este foro, la Junta ha dado marcha atrás a la medida y en un mar de políticas desacertadas en cuanto a Cultura ha virado su dirección para apostar por nuestro Palacio para la obtención de un reconocimiento que brilla por su ausencia en la provincia y que, me atrevería a decir, no se debe a la carencia de valores que lo merezcan, sino a un arrastrado problema de autoestima.