Guadalajara también se ‘calienta’

cambio-climatico

Logotipo de la Cumbre de París que se celebra estos días. // Foto: Naciones Unidas

Por Borja Montero

Técnicos y especialistas de todo el mundo debaten estos días en París sobre las medidas que se puede llevar a cabo para prolongar unos siglos más la vida de nuestro maltratado planeta, aquejado de una enfermedad de fácil diagnóstico pero difícil tratamiento llamada cambio climático. A pesar de que las cifras que se manejan nos pueden parecer ajenas, de que las medidas que se plantean afectarán a grandes empresas y políticas nacionales, no todo queda tan lejos de nuestra provincia, de nuestro día a día, de la vida diaria de cualquier hijo de vecino. Y es que aquello de “piensa global, actúa local” es una de las primeras máximas de aquellos que, desde hace ya más de cuatro décadas décadas, empezaron a alertar sobre las prácticas poco respetuosas con quien, al fin y al cabo, nos da de comer. Sigue leyendo

Se fueron con el viento

Un momento de la inauguración de la exposición temporal en el Museo de la Evolución Humana de Burgos. // Foto: M.P.

Un momento de la inauguración de la exposición temporal en el Museo de la Evolución Humana de Burgos. // Foto: M.P.

Por Marta Perruca

Tenía unas ganas enormes de conocer el Museo de la Evolución Humana y la oportunidad me la pintaron calva, porque el Museo de Molina de Aragón, en el que trabajo, cedía algunas de las curiosidades de sus fondos para la exposición temporal “Se fueron con el viento. La sexta extinción”  que se inauguraba la semana pasada. Así que pusimos rumbo a Burgos para ver el resultado de la muestra y cómo lucían en las vitrinas nuestro huevo de ave elefante de Madagascar (Aepyornis Maximus) del Pleistoceno final-Holoceno, el más grande del mundo, incluso por encima de los de los dinosaurios, que por cierto, son bastante más pequeños y también se pueden ver en nuestro museo; un cráneo de bisonte del Pleistoceno (Bisón Priscus), procedente de la Antigua Checoslovaquia y un fragmento de mandíbula de mamut del Pleistoceno final (Mammuthus Primigenius). Junto con los nuestros, también se mostraban las postrimerías de otros animales como el oso de las cavernas, el rinoceronte lanudo, el uro, el caballo salvaje, el miotrago, la holmesina, la macrauquenia, el gliptodonte o el megaterio.

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Carta abierta a la señora Manzano

Tala de árboles en el futuro Parque Adolfo Suárez. // Foto: Ecologistas en Acción.

Tala de árboles en el futuro Parque Adolfo Suárez. // Foto: Ecologistas en Acción.

Por Rubén Madrid

Señora Manzano,

Soy periodista y paseante activo de esta ciudad y como tal escribo urgido por el cúmulo de noticias que en las últimas semanas tienen como objetivo el complejo universo de la botánica arriacense. Y confieso en primer lugar que tengo cierta simpatía por su figura de concejala amable, pero también le digo que siendo precisamente usted, señora Manzano, la edil delegada del ramo, siempre confié en que la seguridad de nuestros árboles estuviese mejor garantizada, tal vez por la obvia afinidad del apellido con la materia. Sigue leyendo

Un traje cortado a medida de los cazadores

Imagen de la manifestación contra la nueva Ley de Caza que se celebró en Toledo, la semana pasada. // Foto: ediario.es

Imagen de la manifestación contra la nueva Ley de Caza que se celebró en Toledo, la semana pasada. // Foto: ediario.es

Por Marta Perruca

La foto salió borrosa, pero nos llevamos esa imagen impregnada de ternura y entusiasmo en la retina. Volvíamos de disfrutar de un precioso día de otoño, en el que un reluciente sol decidió calentar lo suficiente como para permitirnos mojar nuestros pies en las frías aguas del río Tajo, cuando apreciamos un atisbo de movimiento entre la frondosidad del bosque. Al afinar la vista nos apercibimos que se trataba de una hermosa cierva acompañada de sus pequeños cervatillos y enseguida paramos el coche en un apartadero y desenfundamos nuestra cámara de fotos. En una zona con escasa afección antrópica como la comarca de Molina de Aragón, de la que procedo, es bastante frecuente avistar animales silvestres, como ciervos, corzos o algún que otro zorro, pero no por ello dejamos de exclamar de alegría cuando los vemos, como si se tratase de un hecho insólito, de la misma manera que buscamos un rincón estratégico, cercano a la carretera, cuando el verano comienza a languidecer y acudimos a escuchar esos alaridos, casi humanos, que emergen de las profundidades del bosque y que anuncian el comienzo de la berrea. Si se permanece en silencio, incluso se puede escuchar el sonido del batir de los cuernos de los cérvidos.

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Nuestra falta de cultura medio ambiental

Alberto Mayor, coordinador provincial de Ecologistas en Acción. // Foto: lacronica.net

Alberto Mayor, coordinador provincial de Ecologistas en Acción. // Foto: lacronica.net

Por Alberto Mayor*

Somos un país donde no existe la cultura medio ambiental, por una falta de educación en esta materia, carente en las políticas educativas y en las acciones políticas en general. Esta falta de cultura medio ambiental se acentúa según nos adentramos al interior de la península, llegando hasta nuestra querida provincia de Guadalajara, que me hace lanzar las siguientes preguntas, que espero, sirvan de reflexión:

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Cementerio nuclear: tarde, mal y nunca

Control bidones residuos radiactivos almacenados. // Foto: Foro Nuclear.

Control bidones residuos radiactivos almacenados. // Foto: Foro Nuclear.

Por Rubén Madrid

El ATC es la triste demostración de esa ‘marca España’ según la cual se pueden hacer las cosas tarde, mal y nunca. El ATC, el almacén para los residuos de alta y media actividad de todas las centrales nucleares de nuestro país, no sólo se pensó tarde y se planificó mal, sino que amenaza con no tener una solución jamás. Acumula ya un terrorífico historial de despropósitos al que estos días se ha sumado un nuevo episodio. Y todo ello a pesar de que están en juego dos cosas con las que precisamente no se juega: un montón de basura nuclear y otro buen montón de fondos públicos.
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Las puertas del campo

Señal anunciando de una batida en un coto de caza catalán. // Foto: El País.

Señal anunciando de una batida en un coto de caza catalán. // Foto: El País.

Por Rubén Madrid

Andamos -y nunca mejor dicho- todavía en año machadiano (75 años de su muerte), aunque en las ferias y saros de Guadalajara no haya hueco para estas remembranzas. Apenas la Fundación Siglo Futuro lo ha recordado en estas tierras cuya memoria endiosa y envía al ostracismo con ímpetus similares. Pero Machado, de momento, sigue en las escuelas y las universidades, incluso en las canciones. Quien más quien menos ha dicho alguna vez aquello de “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Y nunca está de más regresar a la honda sabiduría proverbial y cantarina del maestro, aunque hoy sea una recomendación que únicamente nos sale al paso.

Porque de pasos y de caminos vamos a hablar, ya que hay abierto un interesante debate a propósito de la nueva Ley de Montes que pretende impulsar el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, con la prohibición del paso público al monte durante las batidas de caza. Concretamente, se prohibirá el acceso al bosque ciertos días con la intención de reducir las probabilidades de que una bala de caza mayor pueda acabar accidentamente alojada en el cuerpo de un senderista con cuernos, un ciclista que corre como un gamo o un recolector de setas vestido de camuflaje.

En principio parece obvio que habría que reducir cualquier peligro de que esto suceda. El año pasado se produjeron 12 muertes por accidentes de escopeta y son todavía más los heridos que ocasionan estas monterías cada año. Ahora bien, se puede llegar a un mismo destino utilizando diferentes caminos. Y el ministerio nos viene a decir con sus planes que el mejor modo de evitar que el pájaro pueda resultar cazado consiste en cortarle las alas, para evitar que vuele.

Porque en vez de hacer una normativa más exigente con la señalización de las monterías, que a menudo dejan tanto que desear, o una regulación de la caza en función de las fechas de asistencia masiva de otros usuarios del monte (que presumimos indefensos), lo que pretenden estos cambios jurídicos es prohibir el acceso al monte durante unas horas (dicen en Madrid) o incluso durante las vísperas de una batida (amplian en Toledo), persiguiendo a la posible víctima en vez de amortiguando las fuentes del peligro.

La campaña de recogida de firmas en la plataforma Change que venía exigiendo al hasta hace poco ministro Arias Cañete que diese marcha atrás a esta regulación lleva ya camino de las 110.000 firmas, dirigidas ahora a su sucesora. Dicen los ecologistas y quienes en general se oponen a esta regulación que contraviene el derecho a circular libremente por los senderos, recogido en el artículo 45 de la Constitución. Añaden que supone un secuestro encubierto de unos territorios que deberíamos disfrutar todos.

Y en medio de este contexto de intenso debate, Toledo se desmarca todavía unos cuerpos más, como es ya costumbre, al redactar un borrador para una Ley de Caza todavía más privativa con el uso del monte para senderistas, ciclistas o seteros. En el anteproyecto que prepara el Gobierno regional se puede leer que queda prohibida “cualquier acción que pretenda espantar a las especies de caza existente en terrenos ajenos, así como aquellas que provoquen la huida o alteren las querencias naturales, incluida la recogida de espárragos, setas, hongos, u otros frutos silvestres en los días de caza o previos a estos, cuando esté correctamente señalizada la cacería y se actúe sin el consentimiento del titular del aprovechamiento cinegético”.

Con estas prioridades, los responsables de los cotos y los guardas forestales pueden prohibir el acceso al monte no sólo durante las horas en que dure una batida, sino incluso en los días anteriores, no sea que un apicultor o una familia de excursión hacia una fuente les espanten a las presas.

Personalmente, no tengo ningún prejuicio hacia los cazadores. No he cazado jamás y me temo que no sería capaz de apretar el gatillo contra nada ni nadie, pero la lectura de Delibes, un cazador con una extraordinaria sensibilidad hacia el medio ambiente, me ha impedido mirar con ojos de inquina hacia quienes tienen la capacidad de decidir en una centésima de segundo si abaten o perdonan la vida a un animal, algo que en mi caso me ocasiona un tremendo vértigo metafísico.

Cartelería amenazante sobre las posibles consecuencias de desoír la prohibición al paso. // Foto: pirineodigital.com

Cartelería amenazante sobre las posibles consecuencias de desoír la prohibición al paso. // Foto: pirineodigital.com

Lo que me preocupa, en realidad, es que se convierta el monte en un cortijo, que prevalezcan los derechos de unos ciudadanos sobre otros, que se ponga, esta vez de forma literal, puertas al campo. O vallas en los caminos del monte.

Más allá de los titulares tremendistas que no dicen toda la verdad (“La nueva ley de caza del PP cerrará caminos y prohibirá actividades de ocio y productivas en acotados”, leo tan rotundo en eldiario.es; o “Ministra: no prohíba a senderistas y ciclistas la circulación por caminos públicos”, alerta con letra gorda la campaña de recogida de firmas) resulta indudable que, con la excusa de la seguridad, una vez más con esa bendita manía de sobreprotegernos, se nos estrechan los márgenes de movimiento. Preocupa, y el debate es amplísimo al respecto, la insistencia de nuestras autoridades en tutelar nuestros movimientos como si fuésemos críos y en asignarnos unos patrones de convivencia más propios del patio de un colegio. Pero esto queda aquí como mero apunte, disponible para mejor ocasión.

Recordarán también que a principios de legislatura el Gobierno regional anunció su intención de poner en venta montes públicos. El recurso a la desamortización, desprendiéndose de un patrimonio de todos para aumentar ingresos en las arcas regionales y equilibrar así las cuentas, fue finalmente reprimido, seguramente por la fuerte resistencia que la medida encontró entre amplios sectores de la sociedad castellano-manchega cuando se conoció que incluso se habían encargado informes de unos 50 de estos montes. Resultó, en cualquier caso, un aviso. También entonces la idea consistía en que estos terrenos fuesen adquiridos por cazadores.

Hay otros modelos. Tiene todo lo relacionado con abrir caminos y tirarse al monte ciertas connotaciones de libertad y un frescor que reconocerá cualquiera que siempre prefiere adentrarse por un atajo en el bosque en vez de seguir la tozuda geometría del asfalto para desplazarse entre pueblos y parajes. Son estos paseos campo a través -y no las andadas por las estrechas márgenes de las calzadas- las que suelen llevar a fuentes, arroyos y pozas para bañarse, las que conducen a huertas y covachas y las que más fácilmente pueden alegrar la vista con el encuentro de un cervatillo.

Las sendas rurales, también llamadas caminos vecinales, fueron siempre lazos entre pueblos próximos, lugares comunes para alimentar leyendas y, como dice el lema de unas jornadas de patrimonio organizadas este año en Cifuentes, unión de pueblos y unión de gentes. Precisamente la última de estas jornadas, el próximo sábado, tiene previsto recorrer la senda entre Oter y Carrascosa de Tajo, en un proyecto que se ha propuesto tan linda misión como recuperar la memoria perdida de las piedras, la vegetación, la fauna, la historia común, las tradiciones…

En los últimos años, desde Diputación se ha venido haciendo también un importante esfuerzo inversor para recuperar algunos de estos caminos que la despoblación ha ido cerrando. El convenio de caminos rurales que ya con anteriores corporaciones provinciales se ha venido firmando y aplicando con la Junta, pero pagado además con fondos europeos a través del concurso del mismo Ministerio que ahora quiere cerrar caminos cuando hay cacerías, permitió por ejemplo recuperar un centenar de sendas a lo largo del año pasado…

Es, valga la forma de expresarlo, un buen camino a seguir. La habilitación de itinerarios senderistas y de caminos rurales en comunidades como el Principado de Asturias, de cuya planificación rural hay todavía mucho que aprender en nuestras serranías, nos ofrece un ejemplo interesante por su apuesta y por sus resultados, por ejemplo en un turismo de interior en el que Guadalajara aspira a posicionarse cada vez con más entereza.Las últimas veces que subí el Ocejón y que marché a Las Chorreras en Valverde de los Arroyos lo tuve que hacer, una vez más, ‘a tientas’, y hablo sólo dos excursiones muy típicas en uno de los pueblos más turísticos de la arquitectura negra.

Hablamos por tanto de señalizar más y acotar menos, de invertir más en políticas que abran caminos en vez de cerrarlos, de priorizar los intereses generales sobre los particulares, como ocurre con la caza intensiva y más comercial. Eso, y no otra cosa, es lo que plantea en su manifiesto la plataforma que ayer se presentaba y que reúne a más de una treintena de organizaciones ecologistas, políticas, sindicales e incluso a profesionales de la agricultura, el turismo o la apicultura en oposición al anteproyecto del Gobierno regional.

Comparto desde luego la preocupación por ese temor a una privatización del campo, aunque sea únicamente los festivos, domingos y días de guardar, a modo de concesión exclusiva para unos cuantos señores, como si nuestras sierras, tan olvidadas durante los días laborables, fuesen únicamente un capricho al alcance de unos pocos, o del resto cuando aquellos concedan. Más allá de un debate -legítimo por otra parte- sobre la regulación y compatibilización de formas de disfrute del medio ambiente, hay aquí una discusión de fondo sobre una igualdad en la adjudicación de derechos y sobre formas de transitar por nuestro medio rural. Y creo que merece la pena debatir, más todavía antes de regular. Este 18 de junio aporta, además, una razón extraordinaria para sumarnos a este debate: qué mejor que el último día de reinado de su majestad Juan Carlos I para reflexionar sobre caza y privilegios.