Tres megas

Por David Sierra

Suena el teléfono. Una señorita se presenta. María Luisa es su nombre. Una voz encantadora y sensible, cercana. Alejada del latino de aperitivo. Eso ya no se estila porque ahora el cliente demanda lo nacional. “Buenos días, ¿es usted el titular de la línea?” aclama con ímpetu. La afirmación no deja margen para echarse atrás y su suerte queda a expensas de una serie de factores que la pobre no ha tenido en cuenta.

La oferta es buena. Cien o doscientos megas de alta velocidad en la red gracias a la fibra. La que no se expulsa. De subida y de bajada. Dice que es ideal para descargas. Y quien escucha se frota las manos. Pero la cosa no acaba ahí. La operadora se ha venido arriba. Y se saca de la manga dos líneas de móvil, una de ellas gratuita, ambas con cuatro ges y llamadas ilimitadas hasta con el pariente más lejano. Ese que vive en Filipinas porque un día se hizo misionero y ya sólo viene de visita cada cuatro años. En verano.

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