Las aves del Henares

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Las aves conocen instintivamente las leyes del agua y sus ritmos. Foto: Proyecto laBORINg.

Por Manuel Andrés Moreno. (*)

Muchas veces no somos capaces de valorar aquello a lo que estamos acostumbrados, lo que nos rodea desde que tenemos recuerdo. Y si lo concretamos al ámbito del paisaje o del patrimonio natural, -si es que fueran cosas distintas-, esta no-valoración puede ser o estar muy próxima, incluso, al desprecio. El río Henares, junto a sus ríos hermanos, los ríos Salado, Dulce, Cañamares, Bornova, Aliendre, Sorbe, Badiel y Torote y antes de fundir sus aguas con el Jarama, constituye una cuenca de 4.144 kilómetros cuadrados, la mayor parte en la provincia de Guadalajara. Sigue leyendo

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La fragua de un dilema

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Los nuevos moradores de Fraguas posan con algunos de los antiguos residentes en los restos del pueblo abandonado. // Foto: Colectivo Fraguas

Por Borja Montero

Vivimos en un mundo lleno de paradojas, cada vez más; no ha discusión sobre ello. Según va evolucionando la especie en materia tecnológica y económica, afrontan nuevas incógnitas sobre cómo preservar a la vez el estilo de vida que tanto ha costado construir y el planeta que ha de sustentar con sus materias primas y sus condiciones medioambientales soportables el bienestar físico de sus moradores. El dilema entre la ecología y la economía, entendida como garante de un insostenible progreso constante y no como una forma de repartir los recursos existentes de forma eficiente, nos proporciona variados ejemplos de este tipo de ironías y paradojas que nos obligan a priorizar qué queremos más: un mayor bienestar o un bienestar más largo. Sin embargo, en ocasiones, un mismo fin también nos lleva a estos cruces de caminos de difícil solución. Esta semana se inicia el juicio por la repoblación del pueblo abandonado de Fraguas. Sigue leyendo

Botarga indie

 

Yélamos recuperó su botarga hace dos años después de casi siglo y medio // Foto: G. Mínguez

Yélamos recuperó su botarga hace dos años después de casi siglo y medio // Foto: G. Mínguez

Por Patricia Biosca

“Y ocurrió así. Llegaron nuevas ideas que no eran nuevas, sino recicladas. La gente moderna ya no era moderna, sino anticuada”. Así reza la canción Ser Brigada del grupo León Benavente. Una idea que en los últimos años ha dado lugar a los amados/odiados hipsters, indies y toda una serie de tribus urbanas que se caracterizan por vestir como sus padres y abuelos, rescatar la flamenca que se posa encima de la televisión “con culo” como moda in del momento o lanzar miles de tuits al aire de la red de redes cuando se muere algún cantante que hasta el momento no conocían como si fuese primo hermano. Visto así, podría decirse que todo es malo, que recuperar modas pasadas en la actualidad solo sirve para subir una foto a las redes sociales y “posturear” (palabra de novedosa acuñación que resume el fin último de la versión más popular de toda esta corriente).

Pero no. Y lo escribe alguien que también ha probado las mieles de estas nuevas modas y las disfruta como la que más. En Guadalajara existe una corriente que, dentro de este rescate de lo antiguo, corre en paralelo, más preocupada por revivir unas raíces que muchas veces se diluyen en argumentos tan conocidos como “es que estamos al lado de Madrid” como excusa ante la pérdida de identidad. Jóvenes que resucitan botargas y celebraciones antiguas en pueblos de 50 habitantes, que vuelven al pueblo de sus padres para empezar negocios desde cero relacionados con cosas tan olvidadas como árboles singulares o que llevan a escenarios internacionales la jota castellana y hacen bailar a los “gafapastas” más pintados. El renacer del indie rural, como el The Walking Dead en su versión campera pero sin vísceras, solo con la parte de la moda y la resurrección.

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Árboles de película

Olmo de la ermita, en Lebrancón. // Foto: Micorriza

Olmo de la ermita, en Lebrancón. // Foto: Micorriza

Por Concha Balenzategui

La película El Olivo, de Icíar Bollaín, estrenada el pasado fin de semana, ha hecho una llamada de atención a nivel nacional sobre el valor de los majestuosos árboles que nos han acompañado durante siglos. El largometraje, lo habrán oído ustedes, cuenta la aventura un tanto quijotesca de una joven para recuperar un árbol bimilenario vendido por su familia, y a cuya ausencia atribuye el abatimiento del abuelo. No es un largometraje tan rotundo como otros de esta directora, que rodó en nuestra Sierra Norte Flores de otro mundo, pero cuenta con buena fotografía, interpretaciones destacables y una fantástica música. La trama probablemente peca de ingenuidad y buenrrollismo, pero contiene reflexiones interesantes sobre la crisis económica, la relación con la naturaleza, la familia o la transmisión del legado entre generaciones. Yo que ustedes la vería.

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Guadalajara, en modo abierto

Interior del centro de interpretación de Checa, en el Alto Tajo. // Foto: Amaia Goicoechea.

Interior del centro de interpretación de Checa, en el Alto Tajo. // Foto: Amaia Goicoechea.

Por Concha Balenzategui

El pasado sábado volvieron a abrir los centros de interpretación turística y puntos de información de los parques naturales de Castilla-La Mancha, que fueron objeto de severos recortes durante la pasada legislatura, durante la cual la mayoría abrió entre poco y nada. Lo anunciaba el consejero de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural, Francisco Martínez Arroyo, desde el propio centro de Corduente, que es uno de los más interesantes y completos con los que contamos en la provincia.

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