Imaginaciones de una gran nevada

Por David Sierra

Si hay algo que ha puesto de manifiesto todo el tonelaje de nieve que Filomena dejó en la mayor parte de las ciudades, y también por tanto en Guadalajara, es la imagen de que una ciudad peatonalizada no sólo es posible, sino que, llevado eso a cabo de una manera estructurada, es beneficioso no sólo para el medio ambiente y la calidad de vida de los ciudadanos, sino también para la propia economía local.

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De mantita y peli

Por David Sierra

Que suerte la mía. He pasado tres días, como diría Teodoro desde su sofá con móvil en mano y twitter echando humo, ‘de mantita y peli’. Mientras las máquinas quitanieves se afanaban por despejar, en plena tormenta, las carreteras en las que habían quedado atrapados cientos de ciudadanos a los que el temporal, y porque no decirlo, las exigencias de una sociedad en las que el trabajo está por encima de cualquier catástrofe natural o de cualquier otra índole, no les dio oportunidad de refugiarse a tiempo ante lo que ya habían advertido los meteorólogos que se avecinaba. El ‘hombre del tiempo’ ya no es el de antaño, y casi nunca falla.

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El pelaje de los cuatro gatos

Lo idílico de la estampa, por las carreteras de Guadalajara, entraña un peligro que solo el conductor padece. // Foto: GuadaTV

Lo idílico de la estampa, por las carreteras de Guadalajara, entraña un peligro que solo el conductor padece. // Foto: GuadaTV

Por Patricia Biosca

Oh, blanca Navidad…” empieza el villancico (sí, lo sé, lo sé, a partir del primer día laborable después de las fiestas, entonar una canción de este tipo está a la altura de abrir un paraguas dentro de un espacio cerrado) y no sé por qué extraña la nieve en todo este esquema. La nieve, que es agua y en forma de copo nos parece algodón, casi calentito y reconfortante, en realidad es -para su información, y lo hago por desmitificar la estampa- agua que se congela hasta llegar expandirse con delicadas formas fractales para luego convertirse en pegotes sucios que más cerca están del hormigón viejo que del pelaje de un tierno corderito. La nieve, esa hacedora de caderas rotas, de tobillos dislocados, de dolor de coxis. Ese elemento que puede llegar a causar hipotermia y nos obliga a ir en segunda por carreteras que hemos recorrido millones de veces, pero que disfrazado con una bufanda, una zanahoria y cuatro palos llena portadas de amables postales navideñas, de calendarios y de muros de Facebook con decenas de “me gusta”. Sí, aquí tienen a una hater de la nieve, el Grinch de la Navidad, la Chiquetete de la Cabalgata. Y creo que debería invitar a mi grupo de “odiadores” a todos los gobernantes que gestionan desde muchas a unas pocas de las carreteras españolas, porque cada vez que la “oh, blanca nieve” aparece, llega con ella el mismo amigo: el caos. Sigue leyendo