Imaginaciones de una gran nevada

Por David Sierra

Si hay algo que ha puesto de manifiesto todo el tonelaje de nieve que Filomena dejó en la mayor parte de las ciudades, y también por tanto en Guadalajara, es la imagen de que una ciudad peatonalizada no sólo es posible, sino que, llevado eso a cabo de una manera estructurada, es beneficioso no sólo para el medio ambiente y la calidad de vida de los ciudadanos, sino también para la propia economía local.

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Quien tiene una pala, tiene un tesoro

Por Sonsoles Fernández Day

Sólo hacía falta una pala o cualquier artilugio similar y ganas de arrimar el hombro. Muchos vecinos, como una vuelta a las hacenderas vecinales de otros tiempos, se han puesto manos a la obra en estos días para quitar nieve de calles, salidas de garajes, accesos a farmacias, centros de salud, colegios y lo que hiciera falta. No porque lo pidieran los alcaldes, Alberto Rojo incluido, al ver que la nevada histórica nos llegaba hasta las rodillas y se había preparado una buena, sino de forma voluntaria, sabiendo que la ayuda municipal tardaría y el resultado beneficiaba a todos.

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El pelaje de los cuatro gatos

Lo idílico de la estampa, por las carreteras de Guadalajara, entraña un peligro que solo el conductor padece. // Foto: GuadaTV

Lo idílico de la estampa, por las carreteras de Guadalajara, entraña un peligro que solo el conductor padece. // Foto: GuadaTV

Por Patricia Biosca

Oh, blanca Navidad…” empieza el villancico (sí, lo sé, lo sé, a partir del primer día laborable después de las fiestas, entonar una canción de este tipo está a la altura de abrir un paraguas dentro de un espacio cerrado) y no sé por qué extraña la nieve en todo este esquema. La nieve, que es agua y en forma de copo nos parece algodón, casi calentito y reconfortante, en realidad es -para su información, y lo hago por desmitificar la estampa- agua que se congela hasta llegar expandirse con delicadas formas fractales para luego convertirse en pegotes sucios que más cerca están del hormigón viejo que del pelaje de un tierno corderito. La nieve, esa hacedora de caderas rotas, de tobillos dislocados, de dolor de coxis. Ese elemento que puede llegar a causar hipotermia y nos obliga a ir en segunda por carreteras que hemos recorrido millones de veces, pero que disfrazado con una bufanda, una zanahoria y cuatro palos llena portadas de amables postales navideñas, de calendarios y de muros de Facebook con decenas de “me gusta”. Sí, aquí tienen a una hater de la nieve, el Grinch de la Navidad, la Chiquetete de la Cabalgata. Y creo que debería invitar a mi grupo de “odiadores” a todos los gobernantes que gestionan desde muchas a unas pocas de las carreteras españolas, porque cada vez que la “oh, blanca nieve” aparece, llega con ella el mismo amigo: el caos. Sigue leyendo

Un lienzo en blanco

La nieve pintó ayer en Orea un inmenso lienzo blanco que borró todo lo demás. // Foto: M.P.

La nieve pintó ayer en Orea un inmenso lienzo blanco que borró todo lo demás. // Foto: M.P.

Por Marta Perruca

La imagen me resultó realmente sobrecogedora. Apenas fueron unos instantes de vídeo, pero de tal intensidad que me encogieron el corazón. Me sentí como una  impostora en aquella escena de dolor a la que nadie me había invitado y en la que una mujer, con la mirada extraviada en un extraño infinito, abrazaba a una joven. Probablemente fuera una madre que está atravesando un auténtico infierno y no se consiente flaquear o derramar una lágrima, porque en medio de ese sinsentido no puede hacer otra cosa que consolar a su hija y aparentar fortaleza, mientras siente que sus propios cimientos se desmoronan. Esos segundos, que ya son eternos en mis retinas, se utilizaban para ilustrar la espera sin esperanza de esas otras víctimas del accidente del avión, que se estrelló el pasado martes contra los Alpes franceses.

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Y hablando de nieve…

 

Pasado Anquela del Ducado, los centímetros de nieve se reducía a una leve capa de talco. // Foto: M.P.

Pasado Anquela del Ducado, los centímetros de nieve se reducía a una leve capa de talco. // Foto: M.P.

Por Marta Perruca

“Si aquí está nevando así, en Molina debe de estar cayendo la mundial”, me dije a mí misma mientras veía las calles de Guadalajara cubrirse de nieve al otro lado del cristal de la ventana. Tenía la esperanza de que las carreteras amanecieran atascadas  y dar esquinazo a otro pesado lunes con la excusa, pero no fue así. A Molina de Aragón se lo conoce como el pueblo más frío de España, pero fue pasar Anquela del Ducado y los centímetros de  nieve se convirtieron en un tímido manto de talco, que apenas dejaba constancia de algún copo fugaz.

Supongo que sentí la misma frustración que los escolares de los pueblos de esta comarca al comprobar que más de 200 alumnos de la provincia se quedaban sin clase, mientras ellos tuvieron que acudir religiosamente a los centros educativos de Molina.

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