A comer al cole

El alcalde de la capital, Antonio Román, en la visita a un colegio en la que habló del programa de "Desayunos solidarios".

El alcalde de la capital, Antonio Román, en la visita a un colegio en la que habló del programa de «Desayunos solidarios». // Fotos: B.T. lacomunidad.info

Por Concha Balenzategui

Pocas situaciones tan desasosegantes como un niño con hambre. Y más pensando que no son ni uno ni dos, que conviven con nosotros en nuestras mismas calles y pueblos, en pleno 2014. La noticia asoma de cuando en cuando como una sacudida en nuestras conciencias, como una alarma que nos avisa de que, definitivamente, no estamos haciendo bien las cosas como sociedad.

La primera vez que oí a Antonio Román decir que no se trataba de casos puntuales, sino un problema extendido como para planificar un programa de actuación, se me revolvió el estómago. A mí, porque afortunadamente había comido. Anunciaba el alcalde que tomaba cartas en el asunto para evitar que los niños acudieran a clase sin desayunar, porque los profesores y directores de los centros había encendido las alarmas. Primero fueron unas docenas, pero han llegado a cifrarse en 240 los niños que reciben ayuda en forma de fruta, cereales y lácteos.

Azuqueca de Henares tampoco es inmune al problema. Antes incluso que en Guadalajara, su Consistorio había hecho algo similar, aunque de manera más sutil. Su ayuda consistía en abonar el coste del aula matinal a los niños, que desayunaban en el propio colegio. Desde el PSOE arriacense proponían al Ayuntamiento de la capital que aplicara una fórmula similar, en lugar de hacer que los beneficiarios tengan que acudir a un sitio concreto a recoger los alimentos.

Ahora es la Defensora del Pueblo la que ha hecho un llamamiento para que los comedores escolares no cierren en verano, ya que son para muchas familias la única garantía de que los chavales ingieran una comida decente al día. Una loable petición que revela una realidad triste, demasiado triste. Así que obviaré cuestiones como si es la Administración local o la autonómica la que debe hacerse cargo, porque un niño con hambre debería estar por encima de la cuestión de las competencias, incluso de la pugna entre partidos.

La Defensora del Pueblo, en su llamamiento a la apertura general de colegios.

La Defensora del Pueblo, en su llamamiento a la apertura general de colegios. // Foto: Antena3.com

Aunque admito las buenas intenciones de Soledad Becerril, y el efecto de llamada de atención que ha logrado, no estoy de acuerdo con la propuesta. Porque el colegio no parece el entorno apropiado, ni el más práctico, para velar por la adecuada nutrición de los niños en riesgo, al menos durante las vacaciones.

Intento imaginar cómo se aplica esta fórmula en la capital, y me surgen un montón de inconvenientes. Abrir los colegios solo para la hora de comer puede ser un despropósito, porque desvirtúa su función principal, que es la educación, no la alimentación. Hacerlo durante toda la mañana con actividades lúdicas y deportivas resultaría caro y desajustado, pues hay que pensar que los beneficiarios serían apenas una docena en cada centro, si es que la situación está repartida por la ciudad. Llevar solo a los niños con falta de recursos sería además estigmatizarlos, señalarlos con el dedo. Ya es bastante repugnante que algunos colegios coloquen en el tablón de anuncios del centro la lista de los beneficiados con becas de comedor, a la vista de todos.

Pero además, hay que tener en cuenta que algunos colegios ni siquiera ofrecen comidas durante el curso, porque tras el brutal recorte de las becas, no quedaba el número suficiente de niños dispuestos a pagar este servicio indispensable para la conciliación de muchas familias.

Hay otras fórmulas, como los vales repartidos a familias en riesgo de exclusión, seleccionadas por los Servicios Sociales, que revisan que la ayuda está justificada. Otra posibilidad es la de aprovechar los llamados campamentos urbanos que algunas asociaciones de padres organizan en los colegios, muchas veces con servicio de comedor, para ofrecer actividades lúdicas y comidas. Pero que se abran tanto a los que requieran conciliar sus trabajos como a los que necesiten comer, sufragado con nuestros impuestos. Y ¿por qué no en el campamento veraniego que suele organizar el Ayuntamiento en estas fechas? Incluso se podría integrar la comida o el desayuno en otras actividades (llámense Juegópolis, Navidéñate, etcétera) impulsadas por el propio Ayuntamiento en las épocas en que los chavales están de vacaciones. ¿No sería más fácil, desde el punto de vista logístico, que un llamamiento a la apertura general de los colegios?

PD. No salgo de los colegios para comentar el último despropósito conocido de la Consejería que los rige. Ayer se publicó en el Diario Oficial de Castilla-La Mancha la resolución de la Junta de Comunidades que adjudicaba las plazas del programa de inmersión lingüística, actividades de una semana de convivencia con el inglés en instalaciones de la comunidad. Una actividad fantástica, que muchos escolares esperaban con ilusión y que la mayoría de colegios han preparado con precipitación, ya que se les anunció la posibilidad de presentar su proyecto con solo unos días de plazo. Como muestra de la improvisación con que se ha organizado todo está el hecho de que la resolución de los colegios seleccionados se publicó, como digo, el 6 de junio, mientras los turnos para participar en las actividades comienzan en algunos casos el próximo lunes, incluso los hay que se supone debían haber empezado el 2 de junio. ¿Hay alguna explicación para esta falta de planificación?