“¿Pero en tu pueblo hay semáforos?”

Uno de los semáforos instalados en la CM-9100 a la altura de Cabanillas del Campo. // Foto: P. B.

Uno de los semáforos instalados en la CM-9100 a la altura de Cabanillas del Campo. // Foto: P. B.

Por Patricia Biosca

Si son gente de pueblo (me valen tanto nacidos como residentes y un combo de ambos), seguramente les suene esta situación. En una gran urbe, de esas que coleccionan coches, asfalto, hormigón, gente cosmopolita y moderna y muchas lucecitas que tintinean, a alguien se le ocurre decir que pertenece a una localidad de menos de 10.000 habitantes y sin título oficial de ciudad. Al aclarar el nombre de su municipio, apunta a que pertenece a tal provincia, pongamos, Guadalajara. “Pero allí las ovejas van por medio de la calle ¿no?”, responde la otra persona que, se supone, escucha. El interlocutor -ya identificado como persona de pueblo y, por lo tanto, un “paleto”- responde un “no”, acompañado de la explicación de por qué la Edad Media dejó de llevarse en su pueblo hace siglos. “¿Pero tenéis médico?” “¿Y agua potable?” “¿No os laváis en el río?” “¿Tiráis cabras desde el campanario en las fiestas?”. El entrevistador intenta encontrar, como si fuese un arqueólogo, las huellas del pasado en el pueblo del presente. Yo, que soy de pueblo de toda la vida, siempre conseguía sortear entre indignada y divertida todos los embites de las gentes de la capital por hacerme sentir de los años en los que el charlestón triunfaba en los 40 Principales. Hasta que llegaba la pregunta: “¿Y semáforos?”. Entonces mis defensas caían como la Armada Invencible a manos del ejército inglés, porque la civilización no es tal si no tiene semáforos. Sigue leyendo

La “Conti” ya no tiene quien la quiera

221, el número que marca los autobuses de la línea regular Madrid-Guadalajara. // Foto: ABC

221, el número que marca los autobuses de la línea regular Madrid-Guadalajara. // Foto: ABC

Por Patricia Biosca

Son las 7.50 horas de la mañana. Hay una cola de unas tres personas esperando delante de la ventanilla de Alsa en la estación de autobuses de Guadalajara, ese edificio que no ha cambiado en 30 años salvo porque cada vez más pantallas reemplazan a los taquilleros de carne y hueso. Los que esperan se encuentran ansiosos: quedan diez minutos para que salga el autobús y aún no tienen el billete que les llevará al atasco diario, al trabajo, a una entrevista, a la universidad, al médico… Las razones son diversas. Mientras, un hombre de unos treinta y muchos habla con la persona al otro lado del cristal, con un tono de rabia contenida que busca la educación, pero sin perder la firmeza. “¿Entonces me dices que no hay ninguna solución? Vale, pues dame una hoja de reclamaciones. Por favor”. El estrés de la cola se mezcla con la intriga acerca de la demanda de aquel que bloquea la meta de conseguir un billete, y aunque la mayoría suelen ser viajeros esporádicos (el abono transporte manda), las escenas de quejas ante la garita empiezan a ganar en hábito. Sigue leyendo

Jueces anónimos

 

Por Gloria Magro. 

Es lunes y aún no ha salido el sol. El albañil va con prisas, o tal vez no. Está haciendo una reforma en El Casar y se ha dormido. O a lo mejor es un hombre tranquilo y conduce con prudencia, no lo sabemos. Esa mañana tiene mil cosas en la cabeza, o no tiene ninguna, tampoco eso lo sabemos. La carretera es tranquila, rural, las urbanizaciones tras los setos se congelan en los márgenes de la M-117, aún somnolientas a esas horas. De vez en cuando cruza un conejo. Pasan pocos coches y en dirección contraria, la gente madruga para ir a Madrid a trabajar. Acelera, ya queda poco para llegar. Al fondo se ve una marquesina de autobús. Entra un mensaje en su móvil y baja un momento la mirada para leerlo, está solo en la carretera, ni se lo piensa. O tal vez abre la guantera del coche para buscar algo, o mira por el retrovisor, quien sabe. Es un segundo, un mísero segundo el que deja de prestar atención, pero un impacto brutal rompe el cristal del Mercedes y un cuerpo cae desplazado en la cuneta, inerte. Y después el silencio.  Sigue leyendo

Inesperados espectáculos litúrgicos

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Foto: El Hexágono

Por Gloria Magro.

Bien sabe Dios que no he sido llamada por el camino de la fe. Como creyente social, perteneciente a esa mayoría sociológica de españoles que solo pisan las iglesias con motivo de una BBC –boda, bautizo o comunión- y algún entierro, voy a misa “de Pascuas a Ramos”. Así que soy incapaz de seguir la homilía anticipando la liturgia, entonando los salmos o respondiendo a los requerimientos del oficiante con las consabidas y repetitivas respuestas que se esperan. Y claro, me aburro soberanamente cada vez que voy, abstraída en mis asuntos porque ya se sabe que pocas sorpresas se pueden esperar en una misa. O eso pensaba yo. Sigue leyendo

Ciao, franciscanos majos

Los franciscanos José Luis de Cruz, Pedro Ruano y Severino Cervero, en el jardín del convento El Carmen. // Foto: Eduardo de Sanbernardo (Diario ABC)

Los franciscanos José Luis de Cruz, Pedro Ruano y Severino Cervero, en el jardín del convento El Carmen. // Foto: Eduardo de San Bernardo (Diario ABC)

Por Patricia Biosca

Si callejeas por el centro histórico de Guadalajara, paralelo a la bulliciosa (a ratos) Calle Mayor, y escondido en una esquina por la que se pasa con el coche sin más opción de girar a la derecha, te topas con una de esas joyas escondidas de la ciudad, el Convento del Carmen. Es imposible no preguntarse qué es lo que esconden sus vetustos muros del siglo XVII (aunque comparando con otros edificios similares, fue uno de los últimos en construirse) y admirar cómo no encaja con el moderno urbanismo que le rodea. Sus bancos de piedra animan a sentarse en las noches de verano y los setos que adornan cada lado de la puerta siempre están perfectamente cortados. Pero no suele haber nadie. O, por lo menos, las veces que he paseado por delante haciéndome todas estas preguntas, vi pasar a todo el mundo de largo, sin reparar en lo extraño de este remanso de paz anclado en el tiempo al lado de una calle que ve subir y bajar gente todos los días. Mucho menos conocía que, en su interior, habitaban José Luis de Cruz, Pedro Ruano y Severino Cervero, los hermanos franciscanos José Luis, Pedro y Severino, junto a otros tres monjes más. Sigue leyendo

El poder de las palabras en contextos multitudinarios

Vista de la calle Bardales. // Foto: La Crónica de Guadalajara

Vista de la calle Bardales. // Foto: La Crónica de Guadalajara

Por Patricia Biosca

“Las palabras son la más potente droga utilizada por la humanidad”, decía el escritor británico Rudyard Kipling. Bajo esta máxima, el periodista podría ser el camello que vende a la sociedad su dosis, y adulterar el contenido en función de su elección. No es un secreto que muchas veces se olvida a razón de la “dictadura del clic”: valen más las visitas que la precisión de los hechos, y “pistolear” en el titular (utilizar palabras llamativas a pesar de que la noticia en sí no sea tan espectacular) una práctica que cada vez se vuelve más común, quizá por las prisas, quizá por el mercantilismo que asola el periodismo. Sigue leyendo

Guadalajara, ¡despierta!

Por Jorge Gómez*

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La marea verde en defensa de la Educación pública ha sido uno de los colectivos que más ha protestado contra los recortes. // Foto: La Crónica.

Entre prados y veredas,

montes y muelas,

páramos y sierras, 

castillos y almenas

escondes tu tesoro, tu belleza.

Hueles a lavanda, flor de romero,

aire fresco y caldero.

Fuiste luchadora,

guerrera y soñadora.

Romana, judía y musulmana;

Pero mucho antes visigoda.

Desde Recópolis a la cueva de los Casares,

desde Álvar Fáñez a la Batalla de Brihuega,

en tus entrañas dibujas 

las claves de la historia.

Paleta de mil colores,

eres el ocre del Hayedo,

el morado del espliego,

el blanco de la sierra,

el verde de la Campiña en  primavera,

eres el azul del agua.

Eres roble, eres haya

eres encina, olivo

y malva, 

el de las lilas 

en tu espalda.

Sabes a miel, buñuelo y cordero.

Antes Arriaca, ahora Guadalajara,

quién te conoce nunca te olvida

 y siempre te añora.

Eres paz y sosiego,

la noche más pura

Y el recuerdo más tierno.

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