La verdad sobre perros y panteras (parte II)

El perro asilvestrado que "PODRÍA" ser la pantera de la Sierra Norte. // Foto: Guardia Civil

El perro asilvestrado que “PODRÍA” ser la pantera de la Sierra Norte. // Foto: Guardia Civil

Por Patricia Biosca

El misterio es algo que siempre ha llamado la atención del ser humano. Una constante que se hace palpable por el éxito de novelas, series, películas e incluso programas de televisión que muestran una realidad en la que todo es posible, en la que una niña tiene superpoderes y lucha contra bichos; en la que un extraterrestre puede volar y ser fotógrafo en sus tiempos libres; en la que hay una pantera suelta por los campos castellanos de Guadalajara. Sigue leyendo

Anuncios

Misterios y leyendas

Pantera-Guadalajara-2

Imagen tomada por el Seprona de la Guardia Civil tras varios meses de vigilancia en distintas zonas de la Sierra Norte de Guadalajara. // Foto: Guardia Civil

Por Borja Montero

Los relatos de ciencia ficción y fantasía siempre han tenido mucho éxito de público por su capacidad de mostrar con cierta verosimilitud mundos alternativos y peripecias alejadas de las normas de la lógica imperantes en nuestro día a día. Sin embargo, y aunque no se trate de un principio irrefutable, la navaja de Ockham nos recuerda a cada momento que “la explicación más sencilla suele ser la más probable”, haciéndonos desistir de la creencia en la intermediación tangible de brujas, duendes o extraterrestres en los sucesos cotidianos. En la actualidad guadalajareña, cuando uno rebusca, también se dan casos de misterios y leyendas que es interesante desentrañar.

Sigue leyendo

La pantera fantasma

Iker Jiménez, durante el reportaje 'Operación pantera'. // Foto: Cuarto Milenio

Iker Jiménez, durante el reportaje ‘Operación pantera’. // Foto: Cuarto Milenio

Por Patricia Biosca

¿Qué harías si ahora mismo viene un toro bravo?”. Esta era una de las preguntas que nos hacíamos de pequeños en las largas noches de verano en los pueblos, mientras las abuelas “tomaban el fresco” sentadas en la calle, al lado de la puerta. La reacción después de ese interrogante era mirar a tu alrededor en busca de un sitio alto al que subirte, imaginando cómo podrías escalar a una señal de tráfico, un poste de la luz o un muro de un patio. Los más instruidos decían que, ante la visión de un fiero astado, se quedarían quietos porque los toros no distinguen objetivos que no se mueven. Como no teníamos smartphones, nunca llegamos a comprobar esta teoría, así que se daba por válida y se alababa al sabio que la introducía en la conversación, guardándola con recelo para sacarla a colación la próxima vez que se abriera el debate con un público distinto.

Sigue leyendo