“¿Pero en tu pueblo hay semáforos?”

Uno de los semáforos instalados en la CM-9100 a la altura de Cabanillas del Campo. // Foto: P. B.

Uno de los semáforos instalados en la CM-9100 a la altura de Cabanillas del Campo. // Foto: P. B.

Por Patricia Biosca

Si son gente de pueblo (me valen tanto nacidos como residentes y un combo de ambos), seguramente les suene esta situación. En una gran urbe, de esas que coleccionan coches, asfalto, hormigón, gente cosmopolita y moderna y muchas lucecitas que tintinean, a alguien se le ocurre decir que pertenece a una localidad de menos de 10.000 habitantes y sin título oficial de ciudad. Al aclarar el nombre de su municipio, apunta a que pertenece a tal provincia, pongamos, Guadalajara. “Pero allí las ovejas van por medio de la calle ¿no?”, responde la otra persona que, se supone, escucha. El interlocutor -ya identificado como persona de pueblo y, por lo tanto, un “paleto”- responde un “no”, acompañado de la explicación de por qué la Edad Media dejó de llevarse en su pueblo hace siglos. “¿Pero tenéis médico?” “¿Y agua potable?” “¿No os laváis en el río?” “¿Tiráis cabras desde el campanario en las fiestas?”. El entrevistador intenta encontrar, como si fuese un arqueólogo, las huellas del pasado en el pueblo del presente. Yo, que soy de pueblo de toda la vida, siempre conseguía sortear entre indignada y divertida todos los embites de las gentes de la capital por hacerme sentir de los años en los que el charlestón triunfaba en los 40 Principales. Hasta que llegaba la pregunta: “¿Y semáforos?”. Entonces mis defensas caían como la Armada Invencible a manos del ejército inglés, porque la civilización no es tal si no tiene semáforos. Sigue leyendo

¡Precaución amigo peatón!

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Lugar donde el pasado sábado ocurrió un atropello mortal // Foto: ANP

Por Álvaro Nuño.

Ayer por la mañana era enterrada la anciana que fue atropellada el sábado en el céntrico Paseo de Las Cruces de nuestra capital. No ha podido superar las graves lesiones que sufrió en órganos vitales tras ser arrollada por una motocicleta a la altura del Colegio de la Salud y -aquí está realmente al dato alarmante-, cuando cruzaba de manera indebida por la calzada. La noche, la baja visibilidad (según el propio parte de la Policía Local), la falta de movilidad propia de una señora de 85 años de edad y, por qué no decirlo, la mala suerte hicieron que el joven que conducía la moto no pudiera hacer nada, pese a frenar e intentar esquivarla, según testigos del suceso. Eran las 21:25 horas del sábado y ha sido el último accidente mortal registrado en la ciudad, otra vez un peatón, otra vez una persona mayor, y otra vez por una imprudencia, ya que a escasos metros de ese fatídico número 18 del paseo Fernández Iparraguirre existe un paso de cebra regulado por semáforos. Sigue leyendo

Porque todos somos peatones

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Una campaña especial para control de peatones velará por el cumplimiento de las normas de tráfico durante estos días. / FOTO: M.P.

Por Míriam Pindado

Tengo unos amigos que cada vez que vienen a visitarme a Guadalajara me recuerdan lo raros que somos en esta ciudad. “Conductores raros y viandantes raros”, me dicen. Y he de reconocer que, en parte, tienen razón. Entre sus argumentos destacan los siguientes. Primero, que a las ya habituales rotondas se suman unas “extrañas raquetas” que los foráneos no llegan a entender. Segundo, que unos cruces “invisibles” regulan algunas de las intersecciones más importantes de la ciudad, y cuando se dejan ver lo hacen en forma de “falsa rotonda”, como ellos llaman a la que hay en medio del paseo de Las Cruces. Y tercero,  que los peatones de Guadalajara tienen la manía de pasear por la calzada en vez de por las aceras.  “Qué exagerada y tendenciosa es esta gente con Guadalajara”, pensé en un primer momento. “Eso es normal y pasa en todas las ciudades”, les respondí. “Guadalajara rules”, me vacilaron ellos.

El caso es que a raíz de dicho comentario me he estado fijando en cómo actuamos los conductores y viandantes en esta ciudad y cuáles son las peculiaridades del tráfico en Guadalajara. Y sí, desde aquí aprovecho para dar la razón a mis amigos. Sigue leyendo