Y nunca regresaron

Por Gloria Magro.

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Maribel y Ángeles Dorado han cumplido el anhelo de su abuela de encontrar el rastro de sus tíos, desaparecidos tras participar en la batalla de Sigüenza. 

En cumplimiento de la moción aprobada en pleno municipal en junio de 2017, en el cementerio de Guadalajara se inaugurará la próxima semana un monolito con los nombres de los 977 españoles sepultados allí -que no enterrados- en completo anonimato, víctimas de la represión franquista. La moción, respaldada en su día por el Foro por la Memoria de Guadalajara y la Agrupación de Familiares de las Víctimas de la Represión Franquista de la Fosa Común del Cementerio de Guadalajara, fue presentada por PSOE y Ahora Guadalajara y aprobada con los votos a favor de Ciudadanos. Los únicos votos en contra fueron los del Partido Popular, cuyo alcalde se negó a ejecutar esta resolución durante su mandato.

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Memoria contra el olvido (II)

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Por Gloria Magro.

Qué conocen los guadalajareños de su historia reciente. Tal vez que la provincia fue algo así como el coto privado del Conde de Romanones en tiempos de Alfonso XIII. Tal vez incluso que el movimiento obrero fue especialmente activo aquí en las primeras décadas del siglo pasado. Seguramente que durante la Guerra Civil hubo una batalla que lleva el nombre de la ciudad pero de la que conocen pocos o ningún dato porque no lo estudiaron en el colegio, porque nadie habla de ello… porque a quién le importa tanto tiempo después pese a que se trata de nuestro propio pasado. A lo largo de esta semana han tenido lugar unas jornadas culturales auspiciadas por el Ayuntamiento de Guadalajara en las que por vez primera se ha puesto un poco de luz entre tanta oscuridad histórica, especialmente en la relacionada con la lucha antifascista, la dictadura y el exilio. Memoria contra el olvido en el lado bueno de la Historia.

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Una deuda moral aún por cumplir

Por Gloria Magro.

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Los cuerpos de ventidos represaliados en la posguerra no reclamados por sus familias acaban de ser dignificados con una sepultura a cargo del Ayuntamiento de Guadalajara. Foto: D. Barbas

Durante décadas muchas familias solo pudieron acudir a rezar a sus muertos al cementerio el 1 de noviembre, único día del año en el que se abría el recinto civil. En este lugar, un espacio entonces oculto tras un muro en el Patio 4 o de Santa Isabel, tuvieron lugar cientos de ejecuciones sumarísimas a partir de 1939, una vez acabada la Guerra Civil. Los fusilados eran acusados de un único crimen, según se puede leer hoy en las sentencias: su filiación política a partidos y sindicatos de izquierda legales durante la Segunda República.

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