De peñas y peñistas

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Peñistas a la hora de comer. / Foto: Peña Agapitos.

Por Míriam Pindado

¿Qué periodista de esta ciudad no ha escrito o dicho alguna vez eso de “las peñas pusieron el color/la nota de color/ los colores a las fiestas”? Blanco, morado, rojo, azul, verde, amarillo, granate…lo cierto es que este recurso tan manido es un fiel reflejo de lo que se ve durante estos días por las calles. Un titular fácil pero cierto. Una entradilla sencilla que va más allá. Porque las peñas no solo son color, son mucho más.

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Un mes de Ferias

Concentración de peñistas durante el chupinazo. // Foto: Concejalía de Festejos.

Concentración de peñistas durante el chupinazo. // Foto: Concejalía de Festejos.

Por Álvaro Nuño.

Entre pitos y flautas, las Ferias y Fiestas de Guadalajara de este año van a durar un mes. Si cogen ustedes el programa que ya ha llegado a todos los buzones de la ciudad o lo consultan en la página web (por cierto, alguna herramienta interactiva de las que internet permite no vendría mal aquí además de limitarse a poner el programa según sale de imprenta), verán tras el Saluda del Alcalde, que le primer acto incluido tuvo lugar hace ya una semana -el pasado viernes 26- y que no lo cierra el castillo de fuegos artificiales, sino la Feria del Stock que finaliza el 2 de octubre. O sea que, en Guadalajara estamos de Ferias desde agosto hasta octubre. 200 actos cuenta el alcalde, Antonio Román, como siempre, pensando en todos los públicos y gustos, que para eso se hicieron los colores, aunque ahora el que toca es el morado del pañuelo y el fajín.

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Antes del próximo septiembre

no a la separacion

Cabecera de una nueva fanpage en Facebook.

Por Miriam Pindado

El ‘Pobre de mí’, la resaca y los balances ponían siempre el punto final a las Ferias y Fiestas de Guadalajara. Ya vamos por la segunda semana post-ferias y aunque creíamos que no volveríamos a escuchar nada más sobre las mismas, no ha sido así. Esta vez ni el día del niño ni las últimas lavadoras con ropa de peña han conseguido que los guadalajareños se olviden de su Semana Grande. ¿Por qué será?

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Las Fiestas del “todo dicho”

Concierto gratuito de David Bustamente. // Foto: Elena Clemente, culturaenguada.es

Concierto gratuito de David Bustamente. // Foto: Elena Clemente, culturaenguada.es

Por Concha Balenzategui

Proponía el compañero Juan Solo desde el balcón del Ayuntamiento, al despedir las Fiestas 2015 el pasado domingo, que se prorrogaran una semana más. Aunque sin el alborozo con que recibían la idea los peñistas, yo me sumaba inmediatamente a la propuesta. Se queda una con la sensación de que, entre el trabajo y las obligaciones familiares, no ha aprovechado todo lo que le gustaría estos días. De que las Ferias pasaron como un vendaval desde que el propio Juan (que ha estirado su papel de pregonero al de mantenedor de actos casi durante toda la semana) dio el saludo inicial el pasado viernes 4.

Pero me temo que han sido muchos los que tienen una sensación de que las Ferias de este año no han dado de sí todo lo que deberían; de que con estos “mimbres” se podrían haber hecho unos “cestos” algo más lucidos. Como dice mi compañero Álvaro Nuño, la fiesta va por barrios, por lo que partamos de la base de que todo balance será subjetivo. Aun así, el triunfalismo con el que el Equipo de Gobierno ha hecho el repaso de lo ocurrido en los últimos diez días en la capital obliga a la articulista que suscribe a aportar algún apunte más a esa visión tan satisfactoria.

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La fiesta va por barrios

El Recinto Ferial tendrá conciertos y toros de fuego este año // Foto: Martín Martínez (YouTube)

El Recinto Ferial tendrá conciertos y toros de fuego este año // Foto: Martín Martínez (YouTube)

Por Álvaro Nuño

¡Cómo escribir en un blog de Guadalajara hoy, viernes 4 de septiembre, de otro tema que no sean las fiestas de la capital! ¡Imposible! Con el programa de Ferias en la mano, precisamente hoy comienza  lo que muchos denominan la “Semana Grande” (una semana que realmente dura diez días) con la apertura oficial del Recinto Ferial y el pregón (también oficial) que dará nuestro buen amigo Juan Solo  en el Teatro Buero Vallejo (19:00). Para los que no sean tan oficialistas, también hay Fiesta del Agua en la piscina para los niños por la mañana (11:00) y para los perros la tarde (16:00), baile deportivo en la Plaza Mayor (18:30) y abre el telón el Festival Gigante por la noche en la Fuente de La Niña (21:00). Sigue leyendo

Reflexiones de un peñista con un pie en el sarcófago

José Luis Rodríguez, "Burgui", con el cabezudo Agapito.

José Luis Burgos, “Burgui”, con el cabezudo Agapito.

Por José Luis Burgos*

Año 2014, este año he cumplido 26 ferias consecutivas vistiendo los hábitos peñísticos. Muchos de mis compañeros de fatigas durante la semana festiva ni siquiera habían nacido cuando me enfundé por primera vez el fajín y el pañuelo morados. Otros eran inocentes infantes que miraban a los peñistas con una mezcla de admiración y recelo. Ahora estamos todos juntos en torno a una idea de fiestas para nuestra ciudad que, como todo, tiene sus pros y sus contras.

A los peñistas, como no puede ser de otra forma, nos gusta que las peñas tengan protagonismo dentro de la fiesta. Se nos achaca que sólo estamos por la noche, que nos llevamos la subvención y nos dedicamos al vicio y al fornicio (ya nos gustaría). Pero como todo en la vida, no es blanco ni negro; por suerte hay matices y términos medios, que es a lo que se está llegando.

Cada vez más las peñas organizan multitud de actos durante el día. Las peñas más antiguas y tradicionales se han convertido en una fusión de gente joven con ganas de noche, empalme, encierro y copiosos desayunos a base de huevos fritos con chistorra (qué tiempos aquellos), y veteranos curtidos en mil batallas, con retoños de diferentes edades a los que atender y a los que también les gusta, y mucho, el ambiente festivo y peñístico. (Todavía recuerdo el primer día de cole de mi hijo en Infantil, tras la semana de Ferias, cuando su profesor de música llegó con la trompeta a clase y les pidió a los niños que le dijeran una canción para que la tocara. Mi hijo, poseído todavía por el “espíritu peñístico” le dijo: “El tablón”).

Debido a esta mezcolanza de edades e intereses, las peñas viven mucho el día. Se hace baile vermú, actividades para los pequeños, comidas de hermandad, salen por la tarde a hacer pasacalles, organizan encierrines, parques infantiles y un montón de actividades para disfrute de toda la ciudad. A la par, siguen con la organización de actividades nocturnas, las verbenas que hacen que la ciudad sea una marea de gente que se mueve de una a otra. Bien es cierto que esto último ha ido en decadencia, dado que la ubicación de unas peñas en el ¿nuevo ferial? y otras en el centro de la ciudad, en sus lugares de costumbre, ha hecho que se parta el ambiente. Hay una zona del “más allá”, a pesar de los esfuerzos realizados por las peñas allí ubicadas y el apoyo que el Ayuntamiento está dando en estos últimos años, una vez que se ha puesto de manifiesto que el modelo no es bueno para el ambiente en la ciudad. El caso es que, si eres de fuera, parece que hay dos fiestas: una donde siempre y la otra en “lo nuevo”. Pero a los de aquí nos sigue pareciendo que no es así, puesto que realmente son dos medias fiestas.

Pero dejando de lado el eterno problema de las ubicaciones, la evolución del movimiento peñísta en estos 26 años de militancia activa ha sido grande. Se ha pasado de ocupar casas viejas y garajes a utilizar carpas y locales prefabricados que, una vez terminan las fiestas, desaparecen hasta el año siguiente. Se ha pasado de ser grupos de 80 personas a saltar con facilidad las 300 y tener una organización logística encomiable. Los que han pasado por la directiva de alguna peña saben bien el esfuerzo que lleva organizar diez días de actos, suministros, locales, limpieza, charanga, más suministros… Y el lunes posterior, mañana, se desinfla todo, se guarda y hasta el año que viene, salvo algunas reuniones y eventos puntuales durante el año.

Al hilo de esto me viene a la memoria y quiero compartirlo con todos, una teoría que lleva tiempo rondándome la cabeza y estoy por discutir con Iker Jiménez -¿verdad Carmen?- a ver si él puede echar algo de luz al caso de “Los alcarreños hinchables”. Durante la semana de Ferias, más concretamente el último sábado, la ciudad se inunda de paisanos a los que únicamente ves ese día (con la excepción de la cena de Navidad de la empresa ), que saludan a diestro y siniestro, con naturalidad, con porte torero, se interesan por tu familia, por cómo te va la vida, por tus estudios y trabajos, por tu salud. Departes con ellos animadamente, y te despides al rato: Ellos con naturalidad -¡hasta mañana! ¡la semana que viene te llamo!-; tú con tristeza, porque sabes que no es cierto.

El domingo por la noche, de manera inexplicable, todos estos paisanos son desinflados y guardados en cajas (yo sospecho que están con los cabezudos). El resto del año no los vemos, no están.

Y después de estás pequeñas reflexiones de un peñista veterano, me vuelvo a mi sarcófago hasta las Ferias que viene.

*José Luis Burgos Rodríguez, “El Burgui”, es un GTV (guadalajareño de toda la vida) con lazos en Chequilla. Es abogado, balonmanero, y amante de la música y “la pachanga” en toda la extensión de la palabra. Es un peñista convencido, miembro de Agapit’os desde hace 26 años. 

Unas ferias con espacios lógicos

Cartel de las Ferias y Fiestas de Guadalajara 2014, realizado por Fernando Benito, con el recinto ferial como telón de fondo.

Cartel de las Ferias y Fiestas de Guadalajara 2014, realizado por Fernando Benito, con el recinto ferial como telón de fondo.

Por Concha Balenzategui

Escribía el otro día mi compañero Abraham Sanz sobre las fechas de las Ferias de Guadalajara, el gran debate de este año, respaldando el criterio del Ayuntamiento de adelantar la semana festiva y jugar con el fin de semana previo para los actos de apertura (pregón, chupinazo, desfile de carrozas…). Coincido en que el cambio es un acierto, por algunos motivos que él expuso -básicamente el ahorro y la más temprana reanudación de la actividad de la ciudad-, aunque no estoy segura de que sean los únicos que persigue el Ayuntamiento, porque creo que también busca integrar la celebración de la patrona en el resto de festejos para dotar a nuestra Semana Grande de un carácter religioso que históricamente no tiene.

Abraham terminaba hablando de un modelo festivo partido en dos, lanzando un guante que ahora recojo yo, dispuesta a meterme en un jardín que tiene difícil floración. Porque ese, el de los espacios, es el otro gran tema que subyace y que alimenta buena parte de las conversaciones festivas desde aquel 2008 en que el recinto Ferial se mudó al otro lado de la autovía. Y sobre todo, es un debate sin resolver.

Hay que reconocer que el Ferial no ha cuajado en la población tras sus seis años de existencia. Mucha gente sigue considerando que está lejos, y no va, o no va tanto como antes. Y es evidente que la fiesta nocturna ha quedado partida en dos zonas: una en ese recinto, y otra en el eje de la Concordia, San Roque y la Fuente de la Niña. Hasta aquí creo que estamos todos de acuerdo.

Lo de que el nuevo recinto ferial está lejos es absolutamente relativo. Lo está de buena parte de los barrios de la ciudad, pero de otros no tanto. Si el lugar estuviera muy alejado no andarían llorando desconsolados los hosteleros y comerciantes tradicionales de Guadalajara, que culpan de sus pérdidas a la cuota de mercado que les ha quitado Ferial Plaza. En el centro comercial no atan los perros con longaniza, no; allí también cierran los negocios. Pero el lugar registra un lleno casi todos los fines de semana del año, porque la gente -independientemente de si compra, consume o asiste al cine- , lo que es ir, sí que va.

Pero es verdad que el recinto está más alejado que el anterior del resto de los actos de nuestras Ferias. Basta recordar la marea de personas que se acercaba a tomar un montado o un pollo asado cuando acababan actos masivos como la procesión de la Virgen o el desfile de carrozas. Y ahora no sucede. Ocurre también a la salida de las corridas de toros, a pesar de que el coso de las Cruces no queda tan lejos del recinto si subimos por la calle Sigüenza. Pero pareciera que hay algo en la autovía que actúa como barrera.

Recinto ferial. // Foto: El Heraldo del Henares

Recinto ferial. // Foto: El Heraldo del Henares

Y ahí viene otra de las certezas del espinoso asunto: El Ferial sigue estando siete años después casi inaccesible, con sus tres únicas entradas. Una de ellas, el túnel de prolongación de la calle Sigüenza, se corta durante buena parte del tiempo en que a uno le apetece ir. La entrada de Cuatro Caminos es insuficiente en horas punta. Y el Ayuntamiento no ha sido capaz en tantos años de abrir el puente desde la plaza Dalí. Queda la pasarela peatonal del parque de la Amistad, que nos cuesta una barbaridad de dinero en forma de horas extras de la Policía Municipal para mantener la seguridad.
En definitiva, que quienes acudían varias veces a los chiringuitos y atracciones a lo largo del ciclo festivo, ahora acuden una o dos veces, probablemente porque tienen niños. O ninguna.

Y este hecho no tiene que ser necesariamente malo. Porque una parte del negocio se queda en los hosteleros de la ciudad, que ya se dice hasta la saciedad, pagan sus impuestos todo el año. Me comentaba el otro día el dueño de un conocido local de copas del casco viejo que este año también cerrará durante la “semana grande”. “A cualquiera de otra ciudad, cuando le cuento que tengo un bar en el centro y que cierro en Fiestas, lo flipa”, me decía. Pero ese es un asunto del que no se puede culpar al traslado del Ferial, porque ocurría antes, incluso más que ahora.

No sé si nos hemos resignado a que buena parte del ocio, las consumiciones y las compras durante todo el año se hayan fugado del casco. Pero tenemos asumido desde hace décadas que la fiesta nocturna en estos días gira en torno a las peñas, que no sé si serán “el alma de las fiestas” como tópicamente se dice, pero que sí son las señoras de la noche, y en buena medida las amas del negocio. Y digo en cierta medida porque los maleteros, el botellón, y todo tipo de barras que surgen en estos días -no siempre dependientes de las agrupaciones festivas-, se llevan una buena parte del pastel.

Y en este punto es cuando necesariamente hay que hablar, además de los espacios, de los tiempos, porque en definitiva estos determinan aquellos. Oigo al Equipo de Gobierno de la capital decir que el modelo de fiestas que propugna “es de día y de noche”. Y me entra la risa floja. ¿Es que antes de Román no había actividad de día? ¿Acaso ellos inventaron los toros, la procesión, los títeres, los magos o las estatuas humanas? ¿Fue el PP el que inició la tradición de los encierros?

Presentación del programa de Ferias por el equipo de Gobierno, esta semana. // Foto: Ayuntamiento de Guadalajara

Presentación del programa de Ferias por el equipo de Gobierno, esta semana. // Foto: Ayuntamiento de Guadalajara

Lo que tengo cada vez más claro es que estas fiestas solo puede tender hacia un modelo que llene de actos el día en la ciudad y los concentre durante la noche en un punto. La fiesta de día debe estar en el centro, porque es para el disfrute de todos los públicos, de todos los vecinos, de todas las edades. Los encierros, los toros, los desfiles -sean estos procesionales, de peñistas o de carrozas- deben estar en el casco, que es como es el salón de la casa común que es la ciudad. No se puede pretender llevar actividades a todos los barrios de la ciudad, porque no se puede contentar a todo el mundo, y además se dispersa la fiesta. Pero sí que se deben escoger las plazas, parques y deambulatorios más concurridos para la música, la risa, las actividades infantiles o culturales.

La noche también puede tener su espacio en la ciudad, me refiero a la noche temprana, esa de la verbena oficial o de los conciertos, supeditados estos a los espacios más adecuados. Pero a partir de la medianoche, hay que admitir que la fiesta no es para todos los públicos, y debe conjugar dos derechos, el de la diversión y el del descanso, especialmente las vísperas de días laborables.

Qué quieren que les diga. A mí también me gustaba ese modelo de madrugada en el que cada parque o zona tenía una verbena, gracias a las peñas, e ibas de una a otra bailando y encontrándote con los amigos. Quizá porque era más joven. Pero hace tiempo que Guadalajara desterró ese esquema sacando a las peñas de los edificios (lo dijo hasta la Defensora del Pueblo), denegando a algunas el permiso de instalarse en los parques, y trasladando un Ferial por las presiones de los vecinos, a los que, seamos realistas, no molestaban tanto los puestos y los caballitos como las carpas y sus verbenas.

Y el Ayuntamiento se ha quedado a medias en ese camino. Prometió a las peñas que fueron al Ferial que todas acabarían allí. Pero lejos de hacerlo, ha discriminado a las que obedecieron más o menos voluntariamente, frente a las que siguen en los parques de la ciudad. Y favorece también a los vecinos del antiguo Ferial -parece que se ganaron su derecho al descanso el día que le montaron una bronca en el pregón a Alique- respecto a otros muchos que siguen aguantando mecha: Los del Fuerte, la zona alta de las Eras del Canario, o los del mismísimo parque de la Concordia, donde se mantienen peñas y verbenas a las puertas de casa. Y el ambiente de la noche se divide en dos: O vas a Ferial (cada vez menos) o te quedas en la ciudad.

Llegados a este punto, es casi imposible la marcha atrás y que regresen peñas y ferial a sus antiguas ubicaciones. Pero tampoco puede perpetuarse esta situación que deja insatisfechos a muchos vecinos, a la mayoría de los peñistas, a los hosteleros, a los atletas que usan las pistas de la Fuente de la Niña, y a los feriantes que han visto mermado ostensiblemente su negocio. La única solución que veo pasa por ampliar el actual ferial y concentrar en él toda la fiesta de madrugada, todas las peñas, sus verbenas, e incluso acondicionar una zona para conciertos, con las medidas de seguridad adecuadas.