Emergencia femenina, por tod@s

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Plaza de Santo Domingo, concentración con velas. Foto: L.V.P.

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Por Gloria Magro.

Elvira vive en el último piso del edificio. En la puerta del portal está aún la esquela que coloca la funeraria cuando fallece algún vecino. Pocos de ellos han acudido al sepelio. Elvira está muy entera, rejuvenecida por los kilos perdidos durante estos últimos meses de enfermedad de su marido. No se ha movido de su lado, cuenta que la agonía ha sido larga y penosa: los servicios paliativos han dejado mucho que desear y su marido ha fallecido en casa entre dolores atroces que han durado días. Los vecinos ponen cara de pena y la acompañan en el sentimiento, le dicen lo buena que ha sido con él durante estos años. Después, cuando se despiden, se les pinta en la cara un gesto de satisfacción indisimulada. Un cabrón menos. Es lo mismo que se comenta en cada piso del inmueble desde que se conoció la noticia. Sigue leyendo